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Errare humanum est

Queda feo. Por mucho que se retuerza la realidad es difícil de justificar que los hijos de los pobres se vean en la obligación de sacar casi un notable para optar a una beca. Esta vez, el ministro de Educación se ha quedado más solo de lo habitual, y eso que últimamente no anda demasiado acompañado. Al final, ha tenido que dar marcha atrás, pero todavía desconocemos cuánto ha tenido que recular. Lo sabremos hoy. Los técnicos de su ministerio tendrán listo el real decreto que regulará esas ayudas públicas para presentarlo en el Consejo de Estado. Veremos si realmente está decidido a rectificar o sólo intenta hacer un quiebro para salirse con la suya. Es cabezón. Existen precedentes de su contumacia. Bien es verdad que ahora ha conseguido mosquear a propios y ajenos. Esta vez, como les sucede a los niños rebeldes, sale avisado de casa.

El señor ministro, acostumbrado a defenderse con palabras cortantes, ha tenido que limar su afilado lenguaje. La reforma del sistema de becas que propone había encendido a las organizaciones de estudiantes y a los rectores. Poco le importó. Llegó a decir que si un alumno no es capaz de sacar un seis y medio de nota, debería cuestionarse su futuro en la universidad. En cambio, se mostró menos vehemente después de la reunión ‘primus inter pares’ que mantuvo con las comunidades autónomas. No encontró respaldo ni entre los suyos. Desde su propio partido, surgieron voces que lo invitaron a reconsiderar su postura. Algunos lo hicieron de forma amable, otros no tanto.

Para la concesión de esas ayudas se tienen en cuenta requisitos económicos y académicos. Fueron concebidas para facilitar a los alumnos con recursos limitados el acceso a los estudios superiores. La propuesta del señor Wert contribuiría a hacer más profundas las diferencias sociales. Se da por supuesto que esas subvenciones son otorgadas a jóvenes que realmente las necesitan, en función de la renta y del patrimonio de sus tutores. Al elevar la nota de corte para aspirar a una beca, se le está pidiendo un esfuerzo suplementario a los jóvenes que proceden de familias más humildes. La cuestión es simple. Si no tienes dinero para pagarte la carrera, un cinco es insuficiente para que puedas continuar con tu formación. El planteamiento es injusto.

Tampoco puede darse por bueno el argumento que han venido utilizando aquellos que intentan justificar la propuesta. Insisten en la búsqueda de una pretendida excelencia académica, pero esa razón es una verdad a medias. Seguramente, ellos lo saben. Es cierto que algunos tendrán que hincar más los codos, pero sólo los alumnos que realmente necesitan y pueden optar a ese auxilio económico. Las becas compensatorias no han sido pensadas, aunque se tengan en cuenta las notas, para reconocer trayectorias académicas sublimes. Tales premios son bastante más escasos en este país.

Si el ministro ha metido la pata, está a tiempo de rectificar. Ahora bien, la filosofía clásica nos recuerda que “Errare humanum est, perseverare diabolicum”. Cometer errores es humano, pero perseverar en la equivocación es cosa mala.

LA IMAGEN
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Estamos entrando en el mes de julio y Lugo sigue sin una zona pública de baño, convenientemente habilitada, a orillas del Miño. Decenas de municipios gallegos tienen su playa fluvial. Era una promesa de los políticos a los casi cien mil habitantes de esta ciudad, pero van pasando los años y parece que se la ha llevado la corriente del río. No hay manera.

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