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El teatro sí es para el verano

Los participantes en el campamento, recreando a distintos animales (Foto: Guille Dacal)
Los participantes en el campamento, recreando a distintos animales (Foto: Guille Dacal)

Álvaro, Juan y Martina quizás nunca se imaginaron que, con los ojos vendados, tendrían que comportarse como un animal. O incluso como dos a la vez. Ellos son tres de los treinta jóvenes que participan en el campamento de teatro organizado, un año más, por Palimoco y la Xunta en la residencia Lug II. Con este primer ejercicio, los integrantes del campamento comenzaron a construir su particular monstruo, el mismo que han de sacar a escena en la coreografía de thriller que preparan junto con dos obras más, ‘Los miserables’ (de Victor Hugo), que representarán el día 12, a las diez, en la plaza de Santa María, y una pieza sobre la vida de Lois Pereiro, que se escenificará el día 8, a las diez, en las plazas da Soidade y Santa María.

«Me apunté al campamento porque acabé este año el Bachillerato y quisiera hacer Arte Dramático en Madrid. Entonces, esto me viene bien para preparar las pruebas de acceso. Ya hice teatro en la Escola de Arte e Lecer, del Colexio Fingoi, y estoy convencido de que es lo que más me gusta hacer en la vida», comenta Juan Fórneas.

Paloma Lugilde, directora de Palimoco y también del campamento, no cesa en su intento de que estos jóvenes, procedentes de toda Galicia y con edades comprendidas entre los 15 y los 17 años, se comporten como cualquier animal que tengan en su imaginación. «Imos imaxinar a ese primeiro animal que somos e que se despraza, come, está alerta, ¡ataca!, durme...», dirige Paloma.

Cada joven se mete en su papel. Con los ojos tapados por una venda, una joven simula picotear, quizás sea un pájaro.

Otra, al lado, abate los brazos como si fuesen alas y semeja ser una gallina.

Llega el momento de quitarse la venda y perder la vergüenza y, a la vez, la concentración. «Agora, ides seguir sendo un animal e ides ter a cabeza e as pernas do primeiro animal no que pensastes e o tronco do segundo. Por exemplo, ti ¿en que animais pensaches?», pregunta Paloma. «En un pingüino y en un mono», contesta un joven. «Pois tes que moverte, á vez, coa metade do corpo como un pingüín e coa outra metade como un mono», añade la directora.

Parece imposible, pero los chavales disfrutan y comienzan a desinhibirse. Muchos, quizás la mayoría, no habían tenido nunca contacto con el teatro. Otros, en cambio, ya habían participado el pasado año y, pese a que no consiguieron plaza este verano, vinieron a Lugo, desde otros puntos de Galicia, para compartir con el resto de los participantes en el campamento las actividades de la primera jornada.

«Yo, por ejemplo, vine desde Vigo. Me apetecía venir pese a que este año no conseguí plaza. El año pasado aprendí a vocalizar y a expresarme con el cuerpo, cosas que antes no sabía pese a que llevo dos años en la escuela municipal de teatro de Vigo», explica Martina Cuadrado, que quiere estudiar Arte Dramático.

El campamento de teatro, que comenzó el día 2 y terminará el 13, no da respiro a los participantes. La jornada comienza a las ocho y media con el desayuno. Seguidamente, dan dos vueltas corriendo a la muralla. Una vez que hicieron ejercicio físico, bajan a la plaza de Santa María donde hacen varios entrenamientos de actor con los que se trata de «fomentar a comunicación e a mirada», afirma Paloma Lugilde.

De vuelta a la residencia, los jóvenes del campamento hacen una tabla de actor, con ejercicios de cuerpo y de voz, «para intentar quentar e poñer o corpo predisposto para actuar con técnicas de ioga, pilates, ximnasia e acrobacia», cuenta la directora de Palimoco. En estos ejercicios, se trabajan, fundamentalmente, la respiración, la voz y la fonación.

Después de comer, se hace una coreografía musical, como la de los ojos vendados, cuya finalidad es el aprendizaje de la técnica del bufón, «necesaria para construír a coreografía do thriller que imos facer», apunta Paloma.

El campamento incluye charlas con Germán Díaz (Pi), que toca la zanfoña y cajas de música; Avelino González, que hace el papel de Miñato en ‘Padre Casares’, o el músico ‘Kimuru’. «Faremos tamén algún documental para que vexan os rapaces como se fai unha curta», explica Paloma.

Completo y, sobre todo, distinto. Precisamente esto último fue lo que animó a Álvaro López. «Estaba harto del campamento típico. Esto es diferente y te desinhibe», sentencia Álvaro López Ferro, un joven santiagués que no será actor, sino periodista.

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