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El muerto al hoyo

«Tiempo de valores, tiempo de personas». Con ese lema era presentado esta semana el nuevo código ético de la patronal. Su presidente, e impulsor de este cambio de aires, Juan Rosell, vino a decir que ese documento establece las bases de una «moralidad renovada en lo político y lo económico». Lamentablemente, poco duró la alegría en la casa del rico. Uno de los suyos dijo en voz alta lo que piensa. Sólo con abrir el pico, se encargó de reventarle la fiesta a su jefe. No le dio ocasión ni a estrenar esa voluntad de enmienda.

Unas horas antes de que el líder de los empresarios hablase en la asamblea general de la CEOE de ese propósito de rectitud y justicia, el responsable de relaciones laborales de esa misma organización nos dejó a casi todos con la boca abierta. José de la Cavada dijo que los cuatro días de permiso que se conceden a los trabajadores por el fallecimiento de un familiar son «excesivos». Un despilfarro que habría que atajar. Una especie de sangría pecuniaria que hace tambalear la economía nacional. Se le ponen a uno de corbata.

En este nuevo tiempo de «valores» y «personas» que preconizaba su presidente, el responsable de relaciones laborales de la patronal opina que es una barbaridad que los currantes dispongan de cuatro días para enterrar a sus muertos. Para dejar constancia de su lógica aplastante, puso sobre la mesa un argumento de lo más contundente. El sujeto en cuestión dijo que ese dispendio no es justificable porque las comunicaciones han mejorado mucho desde el siglo pasado. Recordó que los viajes ya «no se hacen en diligencias». Una razón de peso. Sólo le faltó hablar de la «moralidad renovada».

A lo que este señor se refería, en realidad, es a algo que aparece reconocido en el Estatuto de los Trabajadores. Por si a alguien se le olvida, un papelito que sigue figurando, al menos de momento, en nuestro ordenamiento jurídico. Todos tenemos derecho a dos días de permiso por la defunción de un familiar en primer grado, como un padre o un hijo.

Son cuatro si además el óbito nos obliga a realizar un desplazamiento. Un tiempo más que ajustado para digerir tan delicado trance, sin demasiadas concesiones al duelo. Al menos para la mayoría. Para don José, forofo de sepelios breves y panegíricos telegráficos, se trata de algo totalmente desmesurado.

El presidente de la patronal reconoció que ni a él ni a su directiva les gustó nada la reflexión del compañero De la Cavada. También el protagonista de la polémica pidió «muchas disculpas» por la polvareda generada. Pero no reculó. Insistió en que es necesario replantearse algunos derechos. Quedó claro que el fallo está en lo que piensa, no en lo que dice.

A lo mejor los problemas que atraviesan las empresas españolas están directamente relacionados con la despreocupación de sus trabajadores a la hora de pedir permisos por defunción. Puede que ese excesivo apego a la familia y la mala costumbre de palmarla sean más nocivos que la caída del consumo, la morosidad o la falta de crédito. Llegado el caso, dirá el susodicho, habrá que dejarse de coñas. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

LA IMAGEN
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El polígono de As Gándaras sigue siendo un desierto empresarial. Hace más de dos años, el alcalde de Lugo pidió a la Xunta que rebajase el precio de las parcelas. Decía que era excesivamente caro. Parece que alguien ha caído de la burra. Habrá descuentos para los compradores. El problema es que, con la que está cayendo, no es fácil atraer a los inversores.

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