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El hombre que puso una coleta al tiempo

A fuerza de salir a diario en la televisión, los hombres y mujeres del tiempo acaban siendo inquilinos de todas las casas. Martín Barreiro se distinguió entre todos ellos no solo por su capacidad comunicativa, sino también por haber dado la información meteorológica sin cortarse un pelo; esto es, interpretando isobaras y pronosticando nubes y claros con una larga y pulcra melena sobre su espalda. Hace ya unos tres años que se cortó la coleta, pero sigue explicando las condiciones meteorológicas en las pantallas —ahora en Televisión Española—, donde trabaja desde 2010.

Hijo de docentes, este lucense nacido intramuros se sintió desde pequeño muy atraído por la ciencia, en gran parte, reconoce, gracias a que su padre, profesor de Matemáticas, le inculcó una gran curiosidad por el mundo. Debido a la profesión de sus progenitores, en su infancia hubo varias mudanzas: a Torés (As Nogais), Cambados y Arzúa, antes de desembarcar de nuevo en Lugo para estudiar bachillerato en el colegio Fingoi. Llegado el momento de decidir qué estudiar, la disyuntiva estaba entre Química y Física. Ganó la segunda porque le parecía «una carrera más genérica, que intenta explicar por qué suceden las cosas e intenta medirlas, parametizarlas, aunque suene una palabra rara», explica.

El primer curso lo hizo en la facultad de Ourense, pero luego decidió cambiarse a Santiago. Le interesaba especializarse en física de fluidos, una rama muy relacionada con la meteorología, «que no deja de tener un componente dinámico». Cuando estaba en los últimos cursos, empezaba a despegar la especialización en física no lineal, que incluye meteorología y oceanografía, así que empezó a colaborar con este grupo. Fue allí donde se enteró de que se estaba organizando un cásting para incorporar un meteorólogo a la Televisión de Galicia. «Buscaban un perfil de alguien que tuviera conocimientos para hacer el pronóstico, pero también dotes comunicativas para contarlo». Se quedó con el puesto e inició una andadura televisiva que duraría siete años, hasta 2010.

A quienes decidían, el pelo largo de Martín Barreiro les parecía «un look arriesgado, pero luego convenció», así que lo mantuvo hasta que el cuerpo le pidió un cambio. Eso fue un año y medio antes de dar el salto a Madrid. «Televisión Española tenía necesidad de ampliar su equipo de meteorólogos, me invitaron a acudir a las pruebas y salí elegido», recuerda. Eso supuso trasladarse a Madrid e integrarse en un equipo más heterogéneo. «Hay mucha gente distinta, que viene de hacer otro tipo de meteorología y aprendemos unos de otros cada día», admite. Tanto la ciudad como el trabajo implican, sin embargo, «una mayor competencia, no te puedes dormir porque todo sucede deprisa».

Martín Barreiro matiza que, aunque el tiempo en pantalla no es muy prolongado, detrás hay el trabajo de un amplio equipo. «Hay muchas horas antes de salir. Todos los días el equipo elabora su pronóstico, desarrolla los mapas, determina las temperaturas y prepara las explicaciones de por qué suceden los fenómenos. Hay un responsable, pero todos discutimos el pronóstico, valoramos cada uno de los signos que se colocan y cuando salimos a contarlo, estamos seguros de lo que vamos a decir», explica.

La parte comunicativa de su trabajo es fruto de sus cualidades innatas y de la formación que recibió en sus inicios. «En la TvG tuvimos cursos de apoyo sobre presentación de directos, ortofonía, etc. Y aparte está que todos los que trabajan contigo intentan pulirte», dice. Hace bandera, además, de la autocrítica: «Siempre se puede mejorar algo; si la información no llega bien es por nuestra culpa, siempre se puede evolucionar algo más». Martín Barreiro defiende el papel didáctico del meteorólogo: «Son fenómenos que requieren cierta comprensión: si llueve es por algo y se trata de explicarlo».

Desde el principio ha llevado bien la fama, que la gente lo reconozca por la calle y ya está acostumbrado a que le pregunten qué tiempo va a hacer en los próximos días o que aprovechen para confirmar que, efectivamente, no tienen los mapas detrás cuando dan la información. «No me disgusta, me parece lógico y me gusta poder interactuar con el público, recibir críticas y opiniones. Es muy agradable», reconoce.

Está convencido de que está superado el mito de que el hombre del tiempo siempre se equivoca. «Hay mucha gente trabajando y cada vez entendemos mejor cómo funciona y rectificamos enseguida si hay algún pequeño error». Alerta, sin embargo, contra la desinformación, alguna fruto de la avalancha de datos que proporcionan las nuevas tecnologías. «En internet está todo, lo bueno y lo malo, pero hay que elegir a los que saben», dice.

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