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El 'grilo' en el 'buraco' digital

SI HAY UNA FRASE que me impactaba escucharle en los mítines a un político como Francisco Cacharro, que se hartó de ganar elecciones a pesar de que nunca llegó a encabezar una candidatura, era aquello de que «hai que sacar o grilo do buraco». La arenga vaya si funcionaba, porque si algo tenían claro los alcaldes, concejales o militantes del PP de Lugo cada vez que tocaba acudir a las urnas es que no podía quedar ningún indeciso sin ‘tocar’, hasta el punto de que mediada la jornada electoral se hacía un repaso al listado de votantes para peinar las casas de los abstencionistas y recordarles los favores que deberían de agradecer.

La estrategia sigue siendo efectiva hoy en día, aunque el carreteo llegue a dejarnos escenas tan deplorables como el traslado en silla de ruedas empujadas por miembros del PP de ancianos con demencia senil o alzheimer hasta un colegio electoral, unos hechos denunciados en 2012 y que investiga el juzgado de instrucción número 2 de Lugo. Sin embargo, la necesidad de buscar también el voto perezoso allí donde se concentra el mayor número ha obligado a los partidos tradicionales a apostar por nuevos instrumentos para espolear al ‘grilo’, a la vista de que los emergentes movimientos políticos han utilizado con éxito las redes sociales para promocionarse.

Un ejemplo en Galicia fue la candidatura de Age en las autonómicas de 2012, que se topó en principio con el muro que levantan los medios públicos y privados a la hora de repartir el espacio para los partidos en función de los resultados de comicios anteriores. La coalición formada por una Esquerda Unida residual en Galicia y una Anova con Beiras como único referente fue capaz de abrirse camino a través de los nuevos canales informativos para difundir un contundente discurso que acabó por encontrar eco en los medios tradicionales. El resultado ya lo conocemos: la tercera fuerza del Parlamento de Galicia y con buenas expectativas electorales de cara a las municipales y generales de 2015, a pesar de seguir manteniendo una frágil estructura y con un estandarte que, por salud, debería de plantearse entregar el testigo.

Pero si Age fue una sorpresa, la reciente irrupción de Podemos en el escenario político, con unos resultados en las elecciones europeas que algunos creen que hasta precipitó un cambio express de rey, acabaron por hacer meditar a los grandes partidos sobre la urgencia de apostar por el contacto directo con el ciudadano por la vía digital. Con un activo líder de coleta, que con su dialéctica de indignado logró devolver al prime time las tertulias políticas de televisión, Podemos ha popularizado un discurso político en 140 caracteres que ahora se apresuran a copiar el resto de partidos. Pablo Iglesias, que suma casi 619.000 seguidores, es ahora mismo el político español más popular en Twitter, por encima incluso del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que tiene 576.000. Lejos está además Pedro Sánchez, que con apenas 86.000, trata de abrirse camino en una jungla donde se pierden o ganan fans a golpe de dedo índice.

En el caso de Lugo, el político con más tirón en Twitter es el socialista José Ramón Gómez Besteiro, a quien sin duda le ayudó a sumar seguidores su nombramiento como secretario xeral del PSdeG. Aun así, tiene unos 3.300 seguidores, la mitad que Alberto Núñez Feijóo, que no escribe un mensaje desde la campaña electoral de 2012. También mantiene dormida desde enero pasado su cuenta el alcalde José López Orozco, que a pesar de ser poco prolífico, suma 3.080 seguidores, mientras que el presidente del PP de Lugo, José Manuel Barreiro, ni siquiera está dado de alta en esta red.

Sin embargo, quien parece haberse volcado en busca del voto a través de las redes sociales es el popular Jaime Castiñeira, que a pesar de tener apenas 1.120 seguidores en Twitter, es uno de los concejales más activos en esta red social y esta semana incluso se convirtió en el primer político gallego en contar con una App que funciona a modo de red social propia con los lucenses. Castiñeira, que todavía no ha sido nombrado por su partido como candidato a la alcaldía, ofrece en esta aplicación la posibilidad incluso de quedar personalmente con los ciudadanos para escuchar sus propuestas o quejas, lo que demuestra que no quiere perder tiempo para tratar de disputarle el puesto a Orozco, quien da la impresión de que apostará por una campaña menos digital y más de calle.

En el BNG, que tampoco tiene decidido el cartel electoral, también se apuesta por una búsqueda tradicional del voto, a la vista de que las redes sociales están tomadas por las fuerzas de izquierda alternativas. La portavoz municipal Paz Abraira suma poco más de 300 tuiteros y unos 400 mensajes, una actividad que demuestra un escaso interés por conectar con los simpatizantes a través de estos canales.

Todavía restan siete meses hasta la cita con las urnas, pero poco a poco los partidos comienzan a mostrar sus estrategias. Falta por ver si, además de las fuerzas tradicionales, optarán al Concello las nuevas alternativas políticas y qué caras presentarán. Porque si bien se ha demostrado que un grupo de jóvenes profesores de universidad son capaces de dar un vuelco al panorama político a través de una estrategia de comunicación novedosa, otras cosa es hacer política de proximidad -que diría Paco Liñares- y convencer al vecino de que quien mejor le va a gestionar su barrio o parroquia es un chico de coleta, que habla muy bien por la tele y que nos sorprende a cada rato con un mensaje en el móvil en el que dice lo mismo que estábamos pensando y que no sabíamos cómo expresar.

Y es que puede que un día las alcaldías acaben siendo gestionadas por ‘community managers’, pero de momento, para ser alcalde, no basta con buscar votos en la red, también hay que meterse en el ‘buraco’.

El 'grilo' en el 'buraco' digital
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