El especialista comprometido

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A mediados de 1998, estando de guardia, coincidí una tarde con un joven médico que venía de Las Palmas donde había realizado su formación como cardiólogo. Me comentó su implicación en la cardiología intervencionista y su gran preocupación por el paciente coronario. En aquella guardia nació una amistad basada en el respeto y la admiración que ha perdurado hasta ahora. Me sorprendió la faceta humana de Carlos, un hombre aparentemente reservado pero lleno de pasión para acometer los proyectos que anhela. Carlos ha sido muy importante en el desarrollo de estudios que hicieron a Lugo, y a nuestro hospital, pionero en el estudio de la enfermedad cardiovascular en pacientes con enfermedades reumáticas. Fruto de ello es su premio extraordinario de tesis doctoral y el reconocimiento de su investigación dentro y fuera de España. Pero, independientemente de su faceta de investigador, me impresiona más su constante esfuerzo por mejorar la cardiología lucense. Recuerdo con gran cariño sus desvelos, sus insomnios y preocupaciones para conseguir un servicio que fuese modélico en la atención al paciente cardiológico. Por su trabajo infatigable y logros, me consta que su trayectoria ha sido seguida y admirada fuera de Galicia. No puedo terminar este dibujo de Carlos sin retornar de nuevo a su faceta humana, su preocupación constante por sus pacientes. Carlos es y será siempre una persona comprometida. Ha llegado a una edad en que su madurez científica se corresponde enteramente con su integridad como ser humano dedicado a los demás. Por ello ha dejado una gran huella en mi vida. Personas como él hacen que podamos pensar que siempre puedes tener alguien a tu lado dispuesto a luchar por lo que es justo.

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