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El comercio de la fortuna

Anuncio de una vidente. PEPE ÁLVEZ
Anuncio de una vidente. PEPE ÁLVEZ

Los futurólogos han cambiado la escoba de las brujas por los canalones. Se habrán fijado que desde hace tiempo proliferan en Lugo los profesionales de la buenaventura que se anuncian en los bajantes. Vale cualquiera, el de un centro de salud, el de un colegio, el de un ultramarinos, el de una casa... Se nota que hay mucha oferta y hay que repartirse el espacio.

La oferta, eso sí, es variada. Todos presumen de experiencia y, respecto al método, lo mismo te ofrecen un tarot celta, que un africano o un caribeño. Debe ser que al futuro hay muchas formas de llegar. Es posible, incluso, que alguien acabe por llegar allá con los bolsillos vacíos, porque vete tú a buscar al futurólogo de turno si acabas metido en una estafa y lo único que sabes de él es que tenía un anuncio llamativo en un canalón. Vamos, que -aunque con disimulo- es posible que se rían de ti hasta en la comisaría, por primo.

El negocio debe ser bueno, en todo caso. A costa de las inseguridades de la gente y de las ganas de consuelo, algunos seguro que se sacan una pasta gansa. Y Hacienda, por supuesto, no ve un duro de todos esos réditos. Entre lo que veo en los canalones y los anuncios que me asaltan en la tele, estoy por creer que la futurología tiene más peso en el PIB que algún sector productivo de la economía.

Supongo que la crisis tendrá que ver con que algunos supuestos adivinos estén haciendo el agosto. Si no ves salida, quizás te anime que alguien te cuente la bola de que tu vales mucho, te va a ir divino en la vida y vas a acabar con una fortuna tipo Amancio Ortega.

Que la crisis agobia y quita el sueño es indudable y seguramente sólo los insensatos viven haciendo oídos sordos a la que está cayendo. Es cierto que ni los organismos económicos dan una al derecho con esto de la crisis. Primero, en medio de una enorme burbuja, los santones de la economía decían que no habría pinchazo, después aseguraban que la crisis sería dura pero corta y ahora ya nadie se cree que lo que puedan decir el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo o el Ministerio de Economía.

Pero una cosa es no fiarse de los gurús de la economía mundial y otra irse al extremo contrario y creerse a pie juntillas que en el futuro te va a ir de fábula sólo porque lo dice un tipo que se pone las gafas del revés, al estilo de Rappel.

Sin embargo, el extenso uso de los canalones hace evidente que en Lugo a los santeros les sonríe la suerte. Una prueba más de que en las crisis siempre hay alguien que gana.

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