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El alga invasora azolla conquista grandes tramos de río y asfixia especies propias

Manto de algas en un tramo del Miño (Foto: Xesús Ponte)
Manto de algas en un tramo del Miño (Foto: Xesús Ponte)

La azolla filiculoides es una planta diminuta que, sin embargo, representa un problema mayúsculo para el ecosistema del Miño y sus afluentes. El bajo caudal que llevan estos cursos y las altas temperaturas han disparado la expansión de esta especie, que forma extensos tapices sobre la superficie del río, tan tupidos que parece que se pudiera caminar sobre ellos. Estas alfombras de pequeños puntitos provocan cambios en el ecosistema, al producir gran cantidad de residuos orgánicos e impedir el paso de la luz, según señala un informe de la Reserva de la Biosfera Terras de Miño sobre esta especie invasora.

La azolla filiculoides es un helecho acuático procedente de zonas templadas y tropicales que se ha expandido por todo el planeta como planta ornamental. Además de mermar la calidad de las aguas, representa una amenaza directa para especies protegidas como el luronium natans, una de las joyas florísticas de la Red de la Biosfera, considerada prioritaria y, por lo tanto, protegida.

Según el informe de Terras do Miño, esta especie ha invadido diversos tramos de las aguas más estancadas del Miño, especialmente entre Rábade y Portomarín. Sin embargo, su presencia es patente también en otros puntos, como la desembocadura del Mera, donde un enorme tramo del río aparece completamente cubierto estos días.

En el año 2003 se hizo un intento de control de población en el río Miño, impulsado por el Inludes dentro del programa Life. El control de esta especie debe hacerse manualmente para evitar la retirada de otros elementos y la destrucción de las comunidades de mejillones acuáticos y de otras especies de invertebrados del cauce. De hecho, esta acción se llevó a cabo en batuxos -embarcaciones tradicionales del Miño-, y las masas de algas se recogieron con pequeñas redes.

«La actuación fue positiva, pero por desgracia no se continuó y en algunos tramos, como el caneiro de la central vieja, llega a alcanzar un gran desarrollo», explica Pablo Ramil, biólogo del Ibader (Instituto de Biodiversidade Agrario) y miembro del Comité Español de Reservas de la Biosfera.

La intervención pretendía restablecer, a medio y largo plazo, las condiciones naturales de los cauces y eliminar los problemas de competencia y desplazamiento de la especie invasora sobre la autóctona.

En aquella intervención, se llegaron a recoger 30 kilos de azolla en un tramo de dos kilómetros. En el informe de Terras do Miño se recalcaba que entre 2004-2006 «no fue necesaria la ejecución de acciones encaminadas a su erradicación. Sin embargo, la amenaza persiste por su gran capacidad de rebrote». El aspecto actual del Miño confirma ese pronóstico.

PRONÓSTICO

  • La erradicación es casi imposible. La preferencia de los biólogos por el término «control» de especies invasoras en lugar de erradicación da una idea de lo complicado de esta tarea: una vez que se asientan eliminarlas completamente es un objetivo casi inalcanzable.
  • Dificultades. La azolla debe retirarse a mano para hacer una recogida selectiva, pero no es una técnica efectiva al cien por cien porque se rompe con facilidad y eliminar esos fragmentos es prácticamente imposible.

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