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Dos jóvenes luchan por recuperar a la hermana que la Xunta dio en adopción tras ignorarlas

Ángel Vellé, abogado de las hermanas. XESÚS PONTE
Ángel Vellé, abogado de las hermanas. XESÚS PONTE

Alejandra y Ana María tuvieron que madurar «antes de tiempo, no nos ha quedado otra». Son hermanas, de 21 y 20 años, e hijas de una madre alcohólica que desde su nacimiento las dejó a cargo de sus abuelos, y con la que aún hoy tienen poco que ver. Su madre siguió con su vida y a principios de 2008 tuvo otra niña, con un hombre también alcohólico, a la que ninguno de los dos fue capaz de atender como debían y sobre la que los servicios sociales de la Xunta inició un seguimiento inmediato.

Cuando la pequeña tenía apenas dos meses, ella y su madre se trasladaron a vivir a la casa de los abuelos, con Alejandra y Ana María, que se hicieron cargo de la bebé. «Desde ese momento», explican estas dos jóvenes, «nuestra hermana, Rocío, nunca estaba sola con mi madre, siempre estaba con alguien, con alguna de nosotras. Dormía en nuestra habitación, le dábamos de comer y la acompañábamos al médico. Es mentira que estuviera malnutrida, porque hay informes médicos que aseguran que desde que vino a vivir con nosotras la niña aumentó de peso».

Sin embargo, pocas semanas después, en abril de 2008, los servicios de la Xunta consideraron que Rocío estaba en desamparo y se la llevaron a un centro de acogida. Ese fue el inicio del calvario para las dos hermanas de la pequeña, que desde entonces no han dejado de luchar por ella.

«Presentamos escritos ante la Xunta y hacíamos llamadas constantemente. Queríamos que nos entrevistaran y nos dijeran qué teníamos que hacer para poder mantener el contacto. Al final conseguimos una entrevista, pero duró cinco minutos. Ni siquiera se presentó; sólo sé que era de menores, en la delegación de la Xunta. En esos cinco minutos intentaron convencernos de que no siguiéramos, que éramos muy jóvenes y que no podíamos hacernos cargo de ella, que a nuestra edad estábamos mejor de fiesta», relatan.

Luego se independizaron, consiguieron trabajos estables y un piso que comparten y que quieren compartir con la pequeña Rocío. Sin embargo, tras una sentencia judicial que certificaba la situación de desamparo anterior de Rocío, la Xunta decidió prohibir cualquier contacto de la pequeña con su familia y darla en acogimiento a otra, paso previo a la adopción.

«Nosotras seguimos mandando escritos cada mes, dando cuenta de cuál era nuestra situación para que vinieran a evaluarnos». La respuesta era siempre la misma, la que ya figuraba en el informe de 2008 que sirvió para llevarse a Rocío: «No son aptas para hacerse cargo de la niña porque en el momento en que fue retirada la custodia a los padres las dos vivían en el núcleo familiar». Sin comprobar ni valorar el cambio en sus circunstancias vitales, sin ponerse nunca en contacto con ellas.

Las dos chicas llevaron el caso a los tribunales, que en primera instancia no sólo les dio la razón sino que reprochó a la Xunta su «precipitación» para dar en acogida a la niña, su falta de rigor en el proceso, de informes que justificaran su decisión y el hecho de que «prescindiera totalmente» de sus hermanas y «omitiera» cualquier referencia a ellas en el procedimiento.

Sin embargo, la Audiencia Provincial atendió el recurso presentado por la Xunta y, además, decidió volver a tomar declaraciones. Su sentencia anula la anterior en base a «la protección superior del interés de la menor», que ahora, con tres años, ya está muy integrada en su familia de adopción.

Pero Alejandra y Ana María no se rinden. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia acabada de admitir el recurso de casación. Si es necesario llegarán al Supremo y al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos. «Nosotras vamos a seguir luchando por ella. Sólo queremos una oportunidad».

ABOGADO

  • «El interés del menor es criarse con su familia biológica». El abogado que representa a las dos hermanas, Ángel Vellé, se ha implicado tanto en este caso que ya lo asume como algo personal. «No les han dado la más mínima posibilidad», lamenta, «ni en la resolución que decreta que la niña está en desamparo ni la que la da en acogimiento hacen ningún tipo de referencia a ellas. Y la ley es muy clara: el acogimiento en familia ajena es una medida excepcional, cuando no haya ningún familiar con disposición de hacerse cargo de ella.
  • Principios. La jurisprudencia indica que el interés del menor es ser criado por su familia si es posible, pero con ellas no se ha hecho ningún intento». «Ellas», sigue, «han hecho todo lo posible, sólo les queda encadenarse en el Congreso». «Lo haremos si es necesario», dicen las hermanas.

SERVICIO POLÉMICO
«La sensación que tenemos es que nos han robado a nuestra hermana»

Alejandra y Ana María nunca han pedido que les concedan la custodia de su hermana sin más. Son conscientes de que primero deberían ser examinadas, pasar pruebas, someterse a un plan de visitas... «Nosotras entendemos que lo primero es mirar por el bien de Rocío, de nuestra hermana, pero es que ni siquiera nos han dado la oportunidad aunque somos su familia. Ni nos respondieron, para la Xunta no existimos. Ni siquiera se pusieron en contacto con nosotras después de la primera sentencia, que nos fue favorable. Se la llevaron y no la hemos vuelto a ver. la sensación que tenemos es que nos han robado a nuestra hermana».

No es éste, sin embargo, el primer caso en el que los servicios de la Xunta que gestionan las adopciones en Lugo están en el ojo del huracán. Ya existen varias sentencias judiciales que llaman la atención sobre la discrecionalidad de sus decisiones -por ejemplo, a una pareja le negaron la idoneidad para ser adoptantes porque ambos trabajaban mucho, decisión revocada por la Justicia-.

Incluso, existe una investigación abierta en el juzgado de Instrucción número 3 en la que se trata de determinar si ha habido exceso de celo por parte de los funcionarios autonómicos a la hora de retirar la custodia de menores a sus padres. Algunos de esos menores acabaron en familias adoptivas.

Sin embargo, ni Alejandra ni Ana María quieren ver motivos espurios en su caso. Simplemente se preguntan por qué a ellas no se les dio ni la más mínima oportunidad.

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