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De bares y cantares

«¿sacas petróleo?». «Xa saquei petróleo dende a primeira foto». Este comentario entre redactor y fotógrafo refleja la intensa animación ambiente en la Taberna de Marcos, uno de los últimos reductos del cante tabernario en Lugo capital. La pandilla, formada por una decena de parroquianos, acostumbra a reunirse los viernes para cantar al ritmo de foliada de las gaitas, los altos y bajos del acordeón y el punteo de la guitarra. Son unos auténticos ‘top ten’, que hacen olvidar el soniquete de las televisiones habitual en otros locales. «Onde hai fútbol non se pode cantar, pero aquí mandan as nosas voces», razona Javier Méndez, que hace dúo de gaitas con José Manuel. El experimentado acordeonista es Delfo.

«Está científicamente comprobado que cun pincho de tortilla se toca mellor a gaita», clama Javier antes de comenzar otra pieza ante una clientela entregada. «É algo marabilloso. Cantando foi como se pasou ben toda a vida», afirma un veterano cliente que observa la exhibición entusiasmado. La cara de los oyentes más jóvenes es de agradable sorpresa.

Vino y música son una comunión infalible para garantizarse un buen rato. El caldo de Amandi de cosechero deja un buen sabor de boca y les da fuerzas a los incansables cantores, «que fan composicións propias», subraya Manolo Méndez, propietario del local. La guitarra gana cada vez más protagonismo, pero surgen también los peligros del directo con algún toque desafinado. Entre broma y broma, uno de los asistentes recuerda que también le gusta tomarse «un Urdangarín», que es la nueva denominación popular para las botellas de ‘Ladrón de Guevara’, una marca de La Rioja. El local es un oasis de buen humor y felicidad.

Los integrantes de este grupo, que se reúne en otras ocasiones en el bar Espello, lamentan que se perdiese la tradición del cante en Lugo. Pero, con canciones y sin ellas, todos elogian el ambiente de la zona de vinos de A Milagrosa, la más concurrida de la ciudad junto a la del casco histórico.

La Taberna de Marcos, inaugurada hace tres décadas, es uno de los establecimientos más conocidos y longevos de A Milagrosa. Goza de merecida fama por sus pinchos de tortilla y bacalao. Está situada en la Rúa Camiño Real, en la que también confluye el Catro Rúas, una pulpería con muchos años de vuelo. Casi al lado, en la Rúa Divina Pastora está O Groliño, aunque lleva cuatro años abierto y con abundante clientela. Entre sus pinchos tiene una gran aceptación el «bollo preñado», comenta su propietaria. De ahí parte una interminable ruta de bares por esa misma calle. Otros locales cercanos, de corte moderno, son la Cervecería Abadía y el Prados.

Otra zona con fama es la Rúa Yáñez Rebolo, con bares tan típicos como el Pepe y De 45 a 54. Casi en el cruce de la calle Mallorca con la avenida de A Coruña están Pulpería Lareira y el bar D’Montse. También vale la pena el mítico bar Quiroga. Pero hay mucho más donde elegir.

 

«As tortillas, con 14 ovos, arrasan»

El Bar Xadrez tiene como tapa de referencia la tortilla. «Facémolas con catorce ovos e pimento para darlle sabor», asegura el propietario del local, Sergio Pin López. 

 

«El vino del Priorato gusta mucho»

El vino del Priorato, una región vitivinícola de Tarragona, así como los pinchos de pan y tomate con jamón y de queso de roquefort son los referentes del negocio de José Maside.

     
 

«La panceta con tapa es el reclamo»

La panceta con tapa, como llaman al pequeño bocadillo de este producto, tiene gran aceptación entre los habituales del Saxo, que regentan Manuel Penela y Almudena Fernández. 

 

«Tenemos 80 vinos para el chateo»

Las tablas de ibéricos y el queso acompañan en O Cabazo a una carta de 80 vinos para el chateo y «hay sidra todo el año», señalan Emilio Rivas y Carmen Fernández. 

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