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Cuando el convento era una fiesta

Las ponentes, en Humanidades (Foto: J. Vázquez)
Las ponentes, en Humanidades (Foto: J. Vázquez)

En el Antiguo Régimen, un convento podía ser un destino de enorme libertad para una mujer de clase elevada, un lugar donde poder cultivar sus inquietudes con una amplitud imposible en la vida civil. Allí «tenían criadas personales, hacían obras de teatro, fiestas, se recibía a jóvenes e incluso hubo escándalos amorosos», relata Ofelia Rey, catedrática de Historia Moderna de la USC. Su ingreso en los monasterios y conventos nada tenía que ver con la fe en muchas ocasiones, sino con las estrategias familiares para conservar el patrimonio. «A dote para ingresar nun convento era elevada, pero moito máis o era para casar, sobre todo canto maior era a categoría dos contraíntes. Esta era unha forma de salvagardar o patrimonio, de protexelo, sobre todo cando había varias fillas», explica Ana María Sixto Barcia, investigadora de la Diputación da Coruña.

Las dos estudiosas ofrecieron ayer una semblanza de estas vidas femeninas tras los muros monásticos, dentro de las jornadas sobre ‘Igrexa e relixión na cidade moderna’ dirigidas por el profesor de la facultad de Humanidades Fernando Suárez Golán. En su exposición describieron un mundo escondido en el que las mujeres tomaron su propio poder aún sin estarles permitido. «Elas facían a súa vida segundo a súa conveniencia: non podían ter criadas, tíñanas; non podían ter manifestacións de ocio, tiñan música, teatro...», indicó Ana María Sixto Barcia. En San Paio de Entrealtares, el caso que ella estudió, en el siglo XVIII había 45 monjas que eran asistidas por 27 criadas particulares «cando iso estaba prohibido, só podían telas as monxas que eran moi maiores ou que tiñan unha enfermidade moi grave», aclara.

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