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Con la creatividad por bandera

Si les pregunta por qué hacen lo que hacen, le contestarán que porque les gusta, sin más. No viven del arte, pero sí conviven con él. Ellos, con sus pasiones, forman la cultura de base. Una cultura que se alimenta de grandes dosis de talento.

la cultura no sale solo de las programaciones oficiales, la cultura sale de las personas que, día a día, contribuyen, de una manera u otra, a expresar su sentir y su ser a través del talento que demuestran en distintas manifestaciones artísticas como la danza, el teatro, las acrobacias, el grafiti o, incluso, los monólogos.

A Ángel Bueres Rey, nadie le discute su forma física para hacer todo tipo de acrobacias. Este funcionario de la Xunta, que se pasa toda la mañana, sentado en su despacho frente al ordenador, dedica las tardes a volar con sus acrobacias, con las que pretende emular a algunos de los artistas del Circo del Sol.

«Trabajo en la Xunta como administrativo pero las acrobacias son mi pasión y a ello me dedico, al menos, una hora todos los días. Mi especialidad son las anillas y la gimnasia en el suelo. Ahora mismo, estoy preparando un espectáculo de circo de ‘aerial straps’ (cintas aéreas). Para mí, las acrobacias son también una forma de arte porque te pueden emocionar. Alguna vez vi llorar a la gente de emoción cuando hice alguna acrobacia y eso no tiene precio», afirma Ángel.

El oficio de reírse

No todos los ejecutivos de cuentas han de tener el semblante serio. Alfonso Pérez Martínez, que trabaja en la agencia de publicidad Blades y en Ocio en Galicia, hace humor absurdo, humor blanco y humor negro. Se ríe de todo pero, sobre todo, de sí mismo. Después de aparcar en quinto su carrera de Derecho, un amigo lo convenció de que tenía «humor, inteligencia y fluidez verbal», dice, y así fue cómo comenzó a descubrir el mundo de los monólogos.

ARTE CALLEJERO
«El grafiti es algo que forma ya parte de mi vida y de mi trabajo»

Bajo la firma de Concepto Circo, se esconde Manuel Pallín Castro, uno de los tres socios de esta empresa (con Pablo Lage y Marcos Pereira), dedicada al desarrollo creativo, y que consiguió elevar en Lugo a la categoría de arte algo que, hasta entonces, era considerado como simples pintadas callejeras.

«Dibujo desde que era pequeño y me gusta mucho la pintura. Cuando tenía 13 años, conocí el grafiti en otras ciudades. Por aquel entonces, no había internet así que me quedé con lo que vi y puse en práctica aquí, en Lugo, aquellos dibujos. Precisamente, mi primer grafiti callejero -de unas letras- me lo solicitó un señor que vio un libro con mis bocetos y, desde entonces, veo el grafiti como un tipo de expresión artística que se hace con un bote de espray», afirma Manuel Pallín, que estudió Artes Aplicadas y un ciclo de realizador de televisión.

 

 
 

 
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