Científicos del campus de Lugo estudian toxinas debidas al cambio climático

Luis Botana. (Foto: Sebas Senande)
photo_camera Luis Botana. (Foto: Sebas Senande)

Los científicos del área de Farmacología del campus de Lugo Luis Botana y Carmen Vale reciben hoy en Portugal, de manos del secretario de Sanidad, el premio internacional de investigación Cespu por su labor en el diseño de métodos de detección de toxinas marinas en alimentos. El trabajo que les ha valido el reconocimiento aborda métodos para reconocer toxinas de nueva aparición en Europa que nunca antes se habían encontrado en esta área pero que llegan debido al cambio climático. Portugal es uno de los países más afectados por este fenómeno debido a su situación geográfica.

El trabajo premiado se centra especialmente en el grupo de las ciguateras, toxinas de origen tropical que han comenzado a aparecer en aguas europeas -se han producido intoxicaciones en Madeira -y para las que no existe un método preciso de detección. «Estados Unidos utiliza un sistema improvisado», explicó Botana, basado en una patente que el equipo lucense realizó hace años. Sin embargo, han continuado trabajando en un método más fiable y han desarrollado una propuesta «basada en tecnología compleja que se puede simplificar». Este sistema «parte de la aplicación de corrientes eléctricas en las células, ya que la toxina cambia la corriente», explica Botana.

La presencia de este grupo de toxinas es endémica en algunas partes del Pacífico, donde, a falta de sistemas de detección fiables al cien por cien, no se pueden consumir ciertos pescados. Entre los efectos de la toxina está la modificación de las percepciones sensoriales, de manera que «una caricia puede sentirse como una descarga eléctrica», indica Botana.

El investigador del departamento de Farmacología de la USC participó la semana pasada en una reunión en Suiza con otros catorce expertos para proponer a la Unión Europea y el resto de países iniciativas aplicables a estos casos. Además de falta de métodos de detección, la UE también carece de legislación al respecto.

Las ciguateras son toxinas acumulativas, explica Botana, que están presentes en algas microscópicas de las que se alimentan peces hervíboros y, a través de estos, pasan a los carnívoros. «Hay más toxina cuanto mayor es el pez», por lo que en algunos lugares, como Madeira, han optado por prohibir la captura de peces a partir de cierto tamaño. En esta isla portuguesa la mayor parte de la tripulación de un barco se vio afectada por una intoxicación causada por este tipo de toxinas y consiguieron volver a puerto con mucha dificultad, algunos al borde de la muerte.

El equipo de Botana y Vale investiga también las tetrodotoxinas, presentes en el pez globo, que ya han dado lugar a intoxicaciones en Málaga y en Aveiro (Portugal). Esta sustancia es apreciada en la cocina japonesa porque, en dosis controladas, produce un ligero adormecimiento de algunas partes de la cara -especialmente labios y lengua- pero en dosis altas es causa de parálisis e incluso de muerte. Popularmente también se atribuye a esta sustancia el uso en Haiti como sustancia para producir el efecto zombie.

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