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Los científicos buscan explicación a la alta tasa de suicidios en Lugo

Es un dato conocido y reiterado que Lugo tiene la tasa de suicidios más alta de España. En 2009 se registraron 15,4 casos por cada 100.000 habitantes, y en 2010 la cifra subió a 20,3. La provincia lidera los datos en Galicia, la comunidad que encabeza este triste ránking y en la que en 2009 se quitaron la vida más personas de las que fallecieron en accidente de tráfico -362 casos frente a 251-. Un equipo de investigación interdisciplinar de la facultad de Veterinaria y el Instituto de Medicina Legal (Imelga) estudia el porqué de esta incidencia e investiga qué marcadores moleculares están alterados en el sistema nervioso de las personas que cometieron suicidio. La hipótesis de partida es que la incidencia no está relacionada con el clima u otros factores externos, sino con razones biológicas que podrían estar ligadas a la genética.

El equipo investigador está formado por la directora del departamento de Anatomía Patológica y decana de la facultad de Veterinaria, Ana Bravo del Moral, y los médicos foreses del Imelga Begoña Rubio Viqueira, perteneciente a la subdelegación de Santiago, y José Luis Cascallana Álvarez, jefe de la sección de Patología de la subdelegación de Lugo. La «magnitud del problema» que han venido detectando durante años les ha llevado a unir esfuerzos. «Somos reacios a pensar que a causa está no tempo ou na falta de luz porque noutras zonas con climatoloxía parecida non sucede o meso. Cremos que é máis ben un problema de orixe xenética e que pode afectar ás neuronas», explica Ana Bravo.

Tampoco todos los suicidios son iguales, sino que se podrían agrupar en dos tipos: el adolescente, «de carácter impulsivo y en el que suele haber un detonante, como una ruptura sentimental o la separación de sus padres», aclara Begoña Rubio; o el «suicidio puro, que se da en adultos, sobre todo a partir de 60 años y en los que no hay detonante». Existen diferencias desde el punto de vista biológico entre los dos casos; por lo que se han centrado en el segundo tipo, más frecuente en Galicia. «Creemos que el hecho de que se produzca en torno a los 60 años es porque a esa edad hay una neurobiología que se activa», aclara Begoña.

Avanzar en esta línea conllevaría múltiples beneficios. De un lado, permitiría confirmar o descartar el suicidio ante un caso de muerte violenta. Si se comprueba por ejemplo que en los suicidas desciende el nivel de una proteína específica y en un caso determinado esto no sucede así, querría decir que la hipótesis de suicidio es descartable y hay que seguir investigando. A su vez, ayudaría a detectar con mayor fiabilidad la tendencias suicidas y, de cara al tratamiento, los resultados podrían invitar a las empresas farmacéuticas a desarrollar una terapéutica específica.

El estudio cuenta con la autorización del Comité Ético de Investigación Clínica de la Xunta de Galicia y del Comité de Bioética de la USC y las muestras se toman en la provincia de Lugo.

Muestras

En los casos de suicidio, como en toda muerte violenta, el Imelga realiza la autopsia y la toma de muestras por imperativo legal, además de una recogida simple de datos sobre la persona y su historial médico. Normalmente algunas de estas muestras se destruyen y otras se guardan, pero desde que el estudio se puso en marcha y cuando se cuenta con autorización informada de las familias, sirven para avanzar en la investigación. El análisis de marcadores biológicos, especialmente en el cerebro, se realiza en el laboratorio de Anatomía Patológica de Veterinaria.

La base biológica del suicidio es una hipótesis planteada con anterioridad, pero los estudios que la investigaron «cuantificaban más la proteína transportadora en lugar de cuantificar el receptor y ahora esos resultados se cuestionan, por eso hay que volver atrás y empezar casi de cero», indica José Luis Cascallana.

La investigación comenzó hace algunos meses y no cuenta con financiación externa, pero los tres científicos ya han obtenido conclusiones interesantes que animan a pensar que están en el buen camino y que les ha valido el premio a la mejor comunicación oral en el I Congreso de Medicina Forense de Ourense.

«Estamos atopando achádegos importantes que nos demostran que non ten que ver co clima», explica Ana Bravo. Se comprueba, por ejemplo, que «en personas suicidas hay menor actividad de un importante receptor de serotonina -el 5HT2A- en la corteza cerebral frontal y en el núcleo paraventricular del hipotálamo en comparación con los casos control», indica José Luis Cascallana.

Una de las explicaciones que barajan para la predisposición biológica es el hecho de que «na Galicia interior houbo moita endogamia, polo que a posibilidade de que se traspase na herdanza algunha debilidade que pode promover ao suicidio é maior», indica Ana Bravo. Esta falta de renovación genética se da también en los países nórdicos, otra de las zonas con una alta tasa de suicidios.

Falta de atención

Los investigadores creen que este problema no tiene la atención que merece. «El suicidio en Lugo y Galicia tiene carácter epidémico, pero no hay estudios ni campañas al respecto, a pesar de que muere más gente que en accidentes de tráfico», dice José Luis Cascallana.

El fuerte trauma que causa en la familia o el rechazo que producía en la sociedad hasta no hace mucho tiempo este tipo de casos -los suicidas no podían enterrarse en camposanto, por ejemplo- han contribuido a esta falta de atención. «Esta forma de pensar ha llevado al tabú y la ocultación, y eso ha sido muy perjudicial para su estudio», explica Begoña Rubio.

También influye el hecho de que las especialidades de medicina clínica o patológica normalmente no tienen acceso a los cadáveres porque la muerte por suicidio tiene un carácter violento que las coloca en el campo de la medicina forense. Sin embargo, en este ámbito la investigación de muertes criminales concentra normalmente mayor atención.

''Hay suicidios sin depresión y depresiones que no llevan a quitarse la vida''
Los investigadores desmienten creencias arraigadas, como que el hecho de informar sobre este tipo de conductas multiplique los casos

Begoña Rubio, Ana Bravo y José Luis Cascallana, en el laboratorio de Anatomía Patológica de Veterinaria. (Foto: SEBAS SENANDE)

La depresión y el suicidio no necesariamente van de la mano, explican los investigadores que llevan adelante este proyecto. «Hay suicidios que no llevan aparejada una depresión y depresiones que no acaban necesariamente en suicidios», indican. Es cierto que hay síntomas coincidentes en los dos casos, pero otros difieren. «La depresión es más pasiva, mientras que el suicidio requiere la activación de zonas del cerebro relacionadas con la violencia y con la autoagresión», indica Begoña Rubio. El hecho de que sean cosas distintas explicaría los casos de suicidio sin depresión previa, en los que nada hacía prever que algo así sucedería.

Aunque los investigadores consideran que la conducta suicida tiene una base biológica y pretenden desvelar su mecanismo sí admiten que hay factores externos que pueden influir cuando existe esa predisposición. «Es como el tabaco y el cáncer de pulmón ¿por qué hay gente que fuma toda su vida y no lo desarrolla y otra que no ha fumado en su vida sí lo tiene? Esto es parecido», aclara.

En ese sentido sí podría tener cierto efecto, por ejemplo, la falta de horas de luz. «Los ciclos circadianos -la adaptación a la alternancia de luz y oscuridad- están muy relacionados y afectan a algunos de los sistemas que estamos estudiando», indica el equipo.

Los investigadores desmienten que dar datos de suicidio o tratar el tema públicamente tenga un efecto contagio e incremente el número de casos. «Esa creencia surgió a raíz de un libro publicado en Inglaterra en el que el protagonista, un adolescente, se suicida, y que desencadenó una ola de suicidios de adolescentes. Sin embargo, luego se demostró que el número no había variado en relación a otros años, pero sí se había copiado la forma de hacerlo», explica Begoña Rubio. Este es otro de los factores que ha llevado a ocultar el suicidio y ha evitado que salga a la luz. «Non pode seguir así, hai que facer campañas e investigar», indica Ana Bravo.

Sin embargo, el suicidio sí se airea en internet. La doctora Rubio advierte contra el efecto pernicioso de páginas que ofrecen consejos sobre cómo atentar contra la propia vida sin dolor o cómo hacerlo parecer un accidente. Señala que estas páginas son realmente peligrosas porque, además de alentar este tipo de conductas, lo hacen equivocadamente. «El freno que supone el hecho de que sea doloroso o que la familia sepa que ha sido un suicidio desaparece y los métodos que dan son erróneos, no evitan nada de eso», aclara.

Si la muerte de un ser querido es de por sí dolorosa, un sucidio trae aparajedo en la mayor parte de las veces sentimientos de culpa entre los parientes. Creen que no supieron interpretar los actos o palabras del suicida o que no estuvieron lo suficientemente atentos. Sin embargo, como subrayan los investigadores, «puede suceder sin que haya un desencadenante».

El estudio precisa del consentimiento informado de las familias para poder trabajar con los datos y con los órganos de los fallecidos. Desde que empezaron la investigación, la actitud de las familias con las que han contactado ha sido muy colaboradora, indica Ana Bravo. «Moitos familiares prefiren afrontar o suicidio como unha enfermidade de base biolóxica e queren que se investigue».

Hasta ahora había sido muy complicado hacerlo porque muchos no habían dado señales de sus intenciones y, una vez consumado el acto, todo son conjeturas con nulo valor científico. A las consultas de los psiquiatras llegan muchas veces casos de «suicidio histriónico», personas que lo han intentado pero que no tienen verdaderas intenciones suicidas. Y cuando es verdad, dicen los investigadores, «muchas veces no llegan a saber que el paciente se ha suicidado, simplemente deja de asistir a la consulta, pero nadie les informa de lo que ha pasado».

Incidencia: Menos casos de mujeres

El porcentaje de suicidios es mucho más alto en hombres que en mujeres, de hecho los investigadores priorizan el estudio de las muestras de una suicida, precisamente por la dificultad comparada de encontrar casos. Además, mujeres y hombres optan por métodos completamente distintos, mucho más violentos en el caso de los suicidios masculinos. Entre los más usados entre las mujeres está la ingesta de pastillas, y estos casos apenas ofrecen información a los investigadores, ya que los medicamentos pervierten los datos.

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