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Alegría, la justa

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La nueva corporación de Lugo tomó posesión en un pleno de alegría contenida. José López Orozco recibió el bastón de mando por cuarta vez, pero lo hizo sin saber en qué condiciones gobernará; el PP tuvo que ver cómo se le escapaba la alcaldía pese a ser el partido más votado, y el BNG vio cómo su número de concejales se reducía a la mitad.

Con este panorama, en el salón de plenos la sensación era ayer extraña. La ilusión de las doce personas que se estrenaban como concejales contrastaba con la nostalgia de los que dejaban el cargo, más acentuada en unos casos que en otros. A algunos miembros del anterior gobierno les tocó incluso hacer de parapeto para que los ‘indignados’ que lograron acceder al Concello no avanzaran más lo establecido.

Por el PP, recibieron por primera vez la medalla de concejal Encarnación Amigo, Arcadio Silvosa, Lourdes Yáñez, Isabel Devesa, Mari Teijeiro, Ángel Trabada y Raquel Castiñeira. Por el PSOE se estrenaron Francisco Fraga, Luis Álvarez, Manuel Chaín, Esther Muñoz y Ana María González, mientras que por el BNG continúan Antón Bao y Paz Abraira.

Junto a ellos se mantienen los populares Jaime Castiñeira, José Manuel Barreiro, Cristina Ares, Enrique Rozas y Manuel López y los socialistas José Ramón Gómez Besteiro, Sonia Méndez, Carmen Basadre, José Manuel Díaz Grandío, Lino González y Orozco.

La mayoría de los concejales estuvieron arropados por familiares, de tal forma que el salón de actos enseguida se quedó pequeño, ya que con ellos debían compartir espacio periodistas y otros invitados. La presencia institucional fue este año más reducida. El subdelegado del Gobierno, la delegada de la Xunta y el obispo disculparon su ausencia, por lo que sólo hubo representación de la Universidad, a cargo del vicerrector, Pedro García Herradón.

Quizás consciente de que no era una jornada especialmente animosa, el alcalde quiso enviar un mensaje de optimismo. «Temos que vivir con esperanza e confianza. Non é o momento de acovardarnos», afirmó López Orozco, que al terminar la sesión tuvo que escuchar la protesta de una ‘indignada’ por no poder acceder al salón. «Quedó todo precioso, pero la gente que está ahí abajo no se siente representada», le espetó.

Los ‘indignados’ no dieron tregua y abuchearon sin cesar a toda cuanta persona entró y salió del Concello. Escuchar sus preocupaciones será sólo una de las muchas obligaciones a las que se enfrentan los nuevos servidores públicos.

Alegría, la justa