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Academia de maleantes

PESE A la fama de gente cumplidora que tenemos los lucenses, no todos pueden presumir de profesionalidad. Sin ir más lejos, nuestros ladrones no dan el nivel y sobrepasan la frágil frontera que separa al malo del idiota. El atraco frustrado protagonizado por un preso de permiso, que desistió de robar por no esperar a que se abriera la caja fuerte, aspira a situarse como referencia de la torpeza delictiva lucense. Para ponerle la guinda al pastel, el sujeto en cuestión se fue a tomar un vino por los alrededores, tras ponerle un cuchillo en el cuello a la empleada, con el fin de facilitar su detención. En el fondo procedió como cualquier hijo de vecino. Lo importante es no estresarse si estás de días libres, aunque después de la faena pudo tomarse la molestia de irse algo más lejos.

Para que no aumente la colección de malos con malasombra no estaría de más instalar en Lugo una academia de maleantes, ahora que anda tan floja la matrícula en Humanidades. Como rector podríamos nombrar a Dorribo, ese Gran Gatsby macarra que le daba el pego a la Xunta cobrando subvenciones de I+D+i por unos laboratorios donde nunca se fabricó ni un preservativo.

Al exconcejal socialista Francisco Fernández Liñares, con sus ínfulas de grandeza, le gustaría asumir la cátedra de Contabilidad B, sección de Economía Política. Pero este Bárcenas lucense tendría antes unas cuentas lecciones elementales para cualquier buen ‘mangui’. En primer lugar habría que explicarle que una lista como la de Bárcenas sirve a veces para ganarse la protección de los poderosos. La suya, como en cualquier ayuntamiento grande o pequeño, solo fastidia a socios y cooperadores. Si fuera un caco más avezado ya sabría que cantar de plano es una mala política de márketing entre los profesionales del choriceo. No hay que tirar piedras contra tu propio tejado, aunque la Policía o los jueces te den una palmadita cuando cantas de plano. Como político debería saber que siempre se niega la mayor.

El escaso nivel de los amigos de lo ajeno hace necesaria la pedagogía y el reciclaje, aunque en el aspecto práctico hay que reconocer la asquerosa genialidad de algún sujeto. Quien sí merece dar prácticas en la futura academia, pese a que por sus frecuentes detenciones no parece ser muy espabilado, es el inventor de la declaración abreviada. Basta con ciscarse encima en comisaría antes de que te lleven a declarar ante el juez, para que este apure la declaración y no se pare en consideraciones. Es la forma mas rápida de que te vuelvan a soltar si se trata de una macarrada menor. Como ven, hay personajes curiosos, pero les falta escuela. 

Academia de maleantes
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