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Infecciones respiratorias en el anciano

La neumonía es una de las tres primeras causas de mortalidad en el adulto mayor, presentando una incidencia de 34-45 casos por mil habitantes/año en mayores de 65 años

LA NEUMONÍA es una de las tres primeras causas de mortalidad en el adulto mayor, presentando una incidencia de 34-45 casos por mil habitantes/año en mayores de 65 años. Se asocia a una elevada mortalidad y es causa frecuente de atención urgente e ingreso hospitalario.

Factores de riesgo asociados a neumonía: la edad y los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento como la inmunosenescencia (disminución de la respuesta inmunitaria en el anciano), la disminución del reflejo de la tos, o la capacidad de aclaramiento mucociliar (capacidad para expulsar el moco o las flemas) condicionan un aumento de las infecciones respiratorias. El 42% de los casos diagnosticados son mayores de 65 años.

Padecer enfermedades pulmonares como la bronquitis crónica aumenta el riesgo. En pacientes con Epoc las agudizaciones afectan a cerca del 80 por ciento de pacientes.

El edentulismo (ausencia de dientes) y la disfagia (dificultad para tragar y/o atragantamientos) son un importante factor de riesgo. Hasta el 50% de ancianos ingresados por neumonía presentan disfagia o microaspiraciones silentes.

El anciano frágil es un paciente de alto riesgo. Son factores de fragilidad la comorbilidad (la presencia de varias enfermedades crónicas como la diabetes, insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal), la polifarmacia, el deficiente estado nutricional, el uso frecuente de servicios hospitalarios en los últimos tres meses, la dependencia, la institucionalización, la demencia o la falta de apoyo social.

El diagnóstico: el diagnóstico clínico de la neumonía en el anciano es complejo, los síntomas clásicos son menos frecuentes. En ocasiones la única expresividad clínica pueden ser quejas inespecíficas, descompensación de patología crónica, caídas, deterioro funcional, síndrome confusional o falta de colaboración con los cuidadores. La ausencia de fiebre o de hipoxemia (disminución del oxígeno en la sangre) o de síntomas respiratorios no permite descartar el diagnóstico de neumonía. La radiografía de tórax puede no mostrar signos hasta en un 30% de los casos. Respecto a las pruebas de laboratorio, la inadecuada respuesta inflamatoria debida a la inmunosenescencia puede condicionar los resultados, infravalorando la gravedad.

En el tratamiento: todos los antibióticos pueden ser utilizados con las mismas indicaciones que en pacientes más jóvenes, sin embargo las dosis y los intervalos de administración se han de adaptar según el peso, la función renal y las contraindicaciones ya que la presencia de múltiples patologías y fármacos es frecuente en el anciano.

El pronóstico: el tratamiento precoz a dosis adecuadas es fundamental en el pronóstico vital y funcional del paciente. Además el uso de la dosis correcta es clave para evitar las resistencias, se ha visto que una dosificación insuficiente favorece la aparición de gérmenes resistentes. La adecuación del tratamiento antibiótico es el único factor modificable una vez que se produce la neumonía.

La prevención: está demostrado que la vacunación en el anciano disminuye las complicaciones y los casos de muerte. La vacuna antineumocócica puede reducir hasta en un 46% el riesgo de contraer neumonía.

Las complicaciones respiratorias disminuyen cuando el paciente recibe higiene mecánica y química bucal. Se recomienda limpieza mecánica diaria (cepillado y lavado con esponja de la mucosa y labios dos veces al día, así como hilo dental una vez al día), enjuagues con clorhexidina en caso de gingivitis o sustitutos de la saliva en caso de xerostomía. En caso de prótesis total o parcial, cepillado de la prótesis y solución limpiadora durante 10 minutos y enjuagues orales como en el paciente con dientes.

Una adecuada técnica de alimentación y las medidas posturales previenen los atragantamientos y las microaspiraciones, lo que reduce la incidencia de infecciones respiratorias. La consistencia de la alimentación y las medidas orientadas a disminuir el reflujo gastroesofágico son también importantes.

La movilización precoz, mejorar el estado nutricional y tratar las patologías crónicas ayuda a disminuir la incidencia de las infecciones respiratorias en el anciano.

Conclusiones: en el anciano el diagnóstico precoz de la neumonía es fundamental, aunque no siempre sencillo. Asimismo es fundamental el inicio temprano de un tratamiento adecuado ya que un fallo en el tratamiento puede traer como consecuencia la hospitalización o la instauración definitiva de una situación de dependencia.

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