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Silvia Rozas: "Con 36 años decidí ser monja y mi familia pensó que estaba loca"

Silvia Rozas. IGNACIO ARREGUI
Silvia Rozas. IGNACIO ARREGUI
La lucense Silvia Rozas se convierte en la primera mujer directora de Ecclesia, una revista de la Conferencia Episcopal que durante 78 años ha estado capitaneada por hombres

En los tiempos que corren, que una mujer joven se meta a monja no es lo más normal. Y más si ejercía su profesión como periodista en sintonía con su compromiso religioso. Pero, como a todos, le llegó la crisis de mitad de la vida: "¿Qué estoy haciendo?". A sus 43 años, la lucense Silvia Rivas se convierte en la primera mujer directora de Ecclesia, una revista católica que durante 78 años ha estado capitaneada por hombres.

¿Qué vino antes, la vocación periodística o la religiosa?

La periodística. Trabajé en revistas especializadas hasta que me llamó el Arzobispo de Santiago.

Y la vocación religiosa, ¿ nace con usted, la adquiere con los años o viene de familia?

Mi familia es católica, el típico catolicismo de ir a misa. Cuando trabajaba en el arzobispado, me llegó la crisis de "qué estoy haciendo con mi vida". Estaba contenta profesionalmente pero no le daba mucho más a la vida. No se me apareció nadie, empecé a plantearme mi relación con Dios.

Un momento clave...

El 31 de diciembre de 2010. Fue mi último día en Santiago. Ese año se cerraba la puerta santa. Fue un momento simbólico: cerraba la puerta santa y también una etapa de mi vida.

Dejó su trabajo como periodista para empezar su formación religiosa. ¿Cómo se lo tomaron en casa?

No lo entendían. Para mi madre era dejar un trabajo por nada. Mi hermano me dijo "estás como una cabra". Tenía 36 años y tenía que cortar con todo. La formación católica es como un noviazgo: al final, tú decides si casarte o no.

El 1 de septiembre se pondrá al frente de Ecclesia como la primera directora. ¿Qué puede aportar que no pueda hacerlo un hombre?

El trabajo en equipo.

¿Antes no se daba?

En el periodismo estamos acostumbrado a los protagonistas. Detrás de una persona buena, siempre hay un equipo grande.

¿Es un gran paso que una mujer se ponga a los mandos de un medio que siempre tuvo a un hombre por director?

Es un paso importante y una gran responsabilidad. No por ser mujer, sino por la historia que tiene la revista. El 90% de las parroquias están formadas por mujeres. La mujer trabaja en muchos espacios de la Iglesia, pero hasta hace poco no tenía responsabilidad.

¿Cree que el papel de la mujer en la Iglesia ha estado oculto?

No, pero la responsabilidad última ha sido de los hombres. Me gustaría que este cargo no sea por ser mujer, sino porque me ven capaz de hacerlo, sea hombre o mujer.

La llegada de un nuevo director siempre va vinculada a cambios. ¿Cuál será el primero?

El tema digital. Todo lo que tiene que ver con el papel está hecho.

Y las redes sociales, ¿cómo las afronta para captar usuarios?

Me encanta Twitter, pero me lleva tiempo. No debemos ser sensacionalistas, pero metemos coletillas para atraer, y nuestras portadas intentan llamar la atención.

Las generaciones que llegan están cada vez más desenganchadas de la Iglesia, ¿cómo afronta eso un medio que también tiene que hacer frente a la crisis del papel?

Las generaciones de hoy lo hacen todo por iPad, de ahí ese ímpetu de darle más fuerza al digital.

¿Y cuál es el motivo por el que los jóvenes no están tan vinculados ahora con la Iglesia?

La Iglesia no comunica bien. Se para en normas de comportamiento y eso un joven lo rechaza. Hay que comunicar el Evangelio, no cómo hay que actuar. Cuando tienes un sacerdote joven, que se dirige a los jóvenes, habla de cine y lo relaciona con Jesús, eso engancha.

Estuvo en República Dominicana realizando el noviciado. ¿Cómo vivió esta experiencia?

Entre pobreza y tiros. En Haití los niños casi ni hablaban. La experiencia Santo Domingo también fue muy dura. Vivía en un barrio de muchísima violencia. Los tiroteos estaban a la orden del día.

Alguna enseñanza que se trajo...

Lo que vivimos aquí, no tiene nada que ver con lo que viven allí. A ellos no le entra en la cabeza que dejemos correr el agua, que lo tiramos por un agujero. En nuestra sociedad nos hemos hecho dependientes de cosas absurdas.

En diez años... ¿Dónde se ve?

En bermudas, camiseta y chanclas en África, Haití o Bangladesh.

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