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La guerra de Pantoja y Kiko Rivera conmociona a una España dividida

Isabel Pantoja y Kiko Rivera, en los tiempos felices. AEP
Isabel Pantoja y Kiko Rivera, en los tiempos felices. AEP
El hijo de la tonadillera lanzó otra andanada de acusaciones contra su madre en 'Sálvame'

La boda de Paquirri e Isabel Pantoja en abril de 1983 fue un monumento construido con todos los elementos ornamentales a los tópicos de España. El torero, vestido con un traje cordobés tocado con sombrero y clavel reventón en la solapa, y la tonadillera, haciendo volar siete metros de ensoñación blanquísima en doble tul, se besaron en la iglesia sevillana del Jesús del Gran Poder.

Después de dos años de relaciones que habían mantenido a todo el país con el corazón aplastado por las dudas sobre la virginidad de la novia, la noche de bodas se alargó con tanta bravura que el sol alto del mediodía los sorprendió aún entregados a la ilusión del amor y perdieron el vuelo hacia la luna de miel.

En febrero nació un niño, Francisco como el padre, que nunca aprendió a caminar por el alambre dorado de la fama. Su padre había decidido retirarse. Moría siete meses después atropellado por los 420 kilogramos negros de Avispado. La herencia podría suponer unos 6 millones de euros sumadas fincas, propiedades, coches, joyas, trajes de luces y dinero entre bancos y cajas fuertes.

Kiko Rivera, el hijo, fue creciendo en medio del oasis de fama y dinero de su madre. Se casó una vez, tuvo una hija, drogadicción y salió mal. Volvió a casarse, tuvo dos hijas a las que ama con tanta intensidad que empezó el otoño y se dio cuenta de que todas las flores que le entregaba su madre eran disecadas. Se lo contó a Mila Ximénez y a todos los españoles que aún pensaban que Isabel Pantoja era una cándida reclusa de la pasión que había fundido su destino y su patrimonio con los desfalcos de Julián Muñoz.

"Se abrió la habitación de Paquirri, que está siempre cerrada, y él vio que estaban todas las pertenencias de su padre"

El hombretón de 36 años que se creyó discjockey porque se había anclado unos aros a las orejas, se había tatuado los brazos y era jaleado irónicamente en las pistas de baile, se sintió desnudo y solo, mortalmente herido por los engaños patrimoniales de su madre. El dolor fue tan intenso que le ayudó a revisar el testamento de Paquirrín, su partida de nacimiento como personaje público.

Lleva un mes entregando capítulos sangrados de sus memorias. El viernes acudió a la feria de las vanidades, Sálvame Deluxe. Kiko Rivera está desorientado. Ya no confía en el amor impalpable de su madre, solamente en documentos que puede coger y leer: "Según los papeles, mi madre no es buena persona".

Sus ojos se deslumbraron cuando se abrió una puerta, el 2 de agosto. Lo contó Jorge Javier, la voz del pueblo: "Se abrió la habitación de Paquirri, que está siempre cerrada, y él vio que estaban todas las pertenencias de su padre". Esas pertenencias habían sido "robadas", según la versión que dio Isabel Pantoja a los hijos que Paquirri tuvo en su matrimonio anterior con Carmina Ordóñez.

"La puerta estaba abierta por casualidad. Entré en estado de shock. Yo había entrado en varias ocasiones allí y no había nada", se envalentonó a contar Kiko, añadiendo que comunicó su hallazgo a Fran y Cayetano Rivera.

La guerra de Pantoja y Kiko Rivera conmociona a una España dividida
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