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Benedicta: "Las mujeres no pueden venderse 'a cambio de'. El no es no"

Benedicta Sánchez. BRAIS LORENZO (Efe)
Benedicta Sánchez. BRAIS LORENZO (Efe)
La ganadora del Goya a Mejor Actriz revelación por O que arde comenta varios aspectos de la vida, como el amor, la naturaleza o la libertad

Benedicta Sánchez cuenta que fue engendrada en alta mar. Quizá por eso es un ser libre, una mujer sencilla, amante del diálogo como elemento indispensable para entenderse: "Me gustaría que hubiera más diálogo y conciencia. Y firmeza. Las mujeres no pueden venderse 'a cambio de'. El no es no", afirma en una entrevista con Efe.

Sánchez (O Corgo, Lugo, 1935), la ganadora del Goya a Mejor Actriz Revelación por O que arde, tiene una vida de la que pueden desprenderse multitud de enseñanzas. Criada en una pequeña aldea, cuenta que siempre trató de hacer lo que le apetecía, a pesar de que eso conllevaba las críticas y el desprecio de la sociedad de su tiempo.

"Tenemos mucho miedo a ser libres. Pero si tienes miedo por sufrir, ya estás sufriendo el miedo", afirma Benedicta, una mujer que se define a sí misma como "valiente" y "decidida".

No en vano, mientras otras niñas de su edad se entretenían en coser o bordar, Benedicta disfrutaba corriendo, saltando, subiéndose a los árboles o montando en bicicleta.

"Hay niñas a las que le dan una muñeca y se identificaban, como si fuera un bebé. A mí eso no me pasaba. Nunca tuve instinto maternal. A mí me chiflaban los animales", cuenta la gallega, que, sin embargo, tenía una profunda contradicción consigo misma, ya que de pequeña era "más carnívora que un perro".

"Lloraba por el conejo pero luego me lo comía yo sola", reconoce, hasta que "un buen día", con 17 años, se convenció de que no había necesidad de matar animales para alimentarse.

"Fue el día más feliz de mi vida. No es que me hiciese vegetariana por salud o porque está de moda. Lo hacía porque para mí era una carga tremenda", asegura.

Desde entonces hasta ahora, ya octogenaria, ha mantenido esa dieta, aunque asegura que lo peor no es "comer carne" sino los "químicos" porque "ya no hay nada natural y todo está procesado".
"La industria es así. Hay que ganar dinero, no hay conciencia mayor que esa. Si de un tomate podemos hacer 50 pues mejor. La gente cree que teniendo dinero lo tiene todo y para mí es una mentira grande como un mundo".

Benedicta se considera una gran admiradora de Santa Teresa de Jesús, de la que toma la frase "consumir lo mínimo y de lo mínimo lo indispensable". Pero también de mujeres como Emilia Pardo Bazán o Concepción Arenal.

"No tengo ningún problema con la mujer que borda, que plancha, que limpia, delicadita. Ahora bien, esa es más fácil de pisotear. Lo importante es escoger", explica. 

Y ella lo aplicó a lo largo de su vida. Con 17 años se casó y emigró a Brasil, huyendo de una España "atrasada" a un país en el que "la mujer era más libre" y donde trabajó de casi todo. Desde criada, regente de un bar o librera, hasta fotógrafa, profesión que ejerció durante 15 años.

Pero las circunstancias no siempre llevaron a Benedicta donde quería, aunque según ella misma dice, siempre supo "encontrar el sabor y el gusto" a todo lo que "iba viniendo".

"Cuando llegué a Brasil lo que menos esperaba era trabajar de criada". Pero de alguna forma, fue maravilloso, asegura la gallega, que reconoce que el bar tampoco le agradaba demasiado pero le permitía "estar de cara al público" y encontrar otras cosas positivas.

Durante el tiempo que vivió en la ciudad de Río de Janeiro, Benedicta tuvo además que enfrentarse a situaciones delicadas con su marido, del que se separó, pero que luego comenzó a acosarla
"Uno se apasiona por una persona pero luego las cosas no coinciden. Una cosa son las promesas y otra la realidad", cuenta Benedicta, y añade que en un principio fue su marido el que le dijo que se marchara porque había "arruinado su vida" pero después regresó para pedirle que volviera.

"A mí las cosas me iban bien, pero a él no porque casi todo se lo proporcionaba yo. Me dijo que tenía que volver con él, que se iba a morir. Se convirtió en una obsesión", declara Benedicta, que tuvo que huir de Brasil para que la dejara en paz.

En una época en la que no había divorcio, sino "separación de cuerpos", una ley que permitía separarse pero que no garantizaba derechos para la mujer como volver a casarse o viajar sola, Benedicta tuvo que ingeniárselas para conseguir un pasaporte y poder regresar a España
Después decidió viajar por el mundo, pasando por diferentes países de Centroeuropa y Escandinavia, para más tarde pasar a Italia, Grecia, Turquía, Jordania, Israel o Siria.

"Ya no creo en los flechazos. Eso de qué guapo eres, me caso. No se trata de mirarse a los ojos, sino de mirar ambos para el mismo sitio. Si no hay entendimiento, cada uno por su lado", afirma Benedicta, que asegura que siempre le gustó "pasar mucho tiempo sola".

"Me parece una aberración el hombre que va con ciertas exigencias y la sociedad que lo ampara. Que solo busca una mujer que le sirva para tener hijos, para cuidar, para lo que sea. ¿Eso qué es?" explica Benedicta, que ve que el mundo siempre consideró a la mujer como "el sexo débil" al que hay que "domesticar".

Sin embargo, con ella no lo consiguieron. Habla Benedicta, reconciliada con Galicia, una tierra que asegura que "adora" aunque no siempre la trató bien. Ahora en cambio le ha dado un Goya y hasta puede que una carrera como actriz. 

Benedicta: "Las mujeres no pueden venderse 'a cambio de'. El no es no"
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