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Vuelta al mundo con un gato

Marcelo Rodríguez, junto a su gato, Osiris. PABLO DE LUCAS
Marcelo Rodríguez, junto a su gato, Osiris. PABLO DE LUCAS
El Camino fue un punto de inflexión para Marcelo Rodríguez, dejando atrás todos los bienes materiales para emprender un trayecto del que no atisba un fin. Tiene como objetivo recorrer Europa con su gato, Osiris, y después llegar a Asia con el felino

BURROS, PERROS, caballos...muchos son los animales que realizan el Camino de Santiago, pero pocas veces se ve un gato. Osiris lo hizo y fue el primer felino en obtener la 'compostela'. Acompaña a Marcelo Rodríguez en su andadura, que ahora recorre la ruta jacobea a la inversa con el objetivo de llegar a Nápoles.

La historia de amor entre Marcelo y este gato se remonta cuatro años atrás. El peregrino, natural de Fuenlabrada, tiene a la familia en Cáceres, donde se encontró por el campo al animal moribundo y decidió acogerlo. Le llamó Osiris por el dios egipcio de la agricultura y su pasión por esta mitología.

Fueron seis meses "duros" de intensivos cuidados hasta que se recuperó. Una vez sano, Rodríguez comenzó a llevarlo con él en los paseos por el campo y, a medida que pasaba el tiempo, el felino se iba fortaleciendo. Al mismo tiempo, el joven cambió el trabajo que tenía como soldador industrial en Madrid por otro de hostelería en Mérida.

Los arduos horarios —"que no me permitían tener vida social"— provocaron que emprendiese el año pasado un viaje a Santiago desde León que le cambiaría la vida, dejando atrás su casa y sus pertenencias. Los únicos recursos que necesita, "que son para comer", los obtiene de vender pulseras. "Si me hubiesen dicho que iba a pasar esto hace tres años, no me lo creería".

Con más de 4.500 seguidores en la cuenta de Instagram 'El gato nómada', no pasa un día en que una decena de personas le pregunten por él, además de entablar una conversación, lo que considera "mágico". De igual forma, es "una fábrica de sonrisas", puesto que torna en alegría las caras de esfuerzo que se encuentra.

Escribe un libro, a modo de diario, en el que cuenta las experiencias que vivió desde que el año pasado dejó atrás su casa de Mérida

Rodríguez explica que hacer el camino a la inversa es "muy diferente". Los problemas surgen en los cruces, pero para ello se fija por donde pasaron los peregrinos. Con el fin de evitar problemas, el viajero extrema los cuidados de Osiris, "estoy las 24 horas del día pendiente de él". Por las mañanas sale más temprano que la mayoría y le "sobrealimenta" con taurina o aceite de salmón. A pesar del trabajo extra, afirma que "sin Osiris no sería lo mismo".

"Ahora me considero rico", asegura Rodríguez, que hoy llega a Triacastela para seguir su ruta hasta Francia, donde parará de diez a 15 días para recoger uva, "ya que se paga bien", después seguir por la Costa Azul hasta Nápoles donde se instalará durante los meses de invierno.

Mientras, hará paradas en Génova, Brescia, Venecia y Roma para visitar a amigos que hizo durante el Camino. Sin embargo, los planes de este madrileño no se quedan ahí. Tiene en mente emprender una ruta por toda Europa y, en un futuro, llegar a Asia. Entre los proyectos para realizar en el futuro escribe un libro describiendo, a modo de diario, sus hazañas mientras recorre el mundo. No se fija como objetivo vender ejemplares, tan solo "transmitir los valores del Camino y lo que te aporta", señala.

Actualmente está buscando patrocinadores, como empresas relacionadas con la alimentación de gatos, que le aporten pequeñas dotaciones "que supondrían mucho" y que le ayuden a recorrer por tierra lo que un día hicieron exploradores como Magallanes o Elcano por mar.

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