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Vázquez Taín: "Cualquier juez hubiera condenado a Jesús; es impepinable"

José Antonio Vázquez Taín (A Merca, 1968). EFE
José Antonio Vázquez Taín (A Merca, 1968). EFE

Hace apenas unas semanas que publicó su nuevo libro, una recopilación de los juicios más sonados y controvertidos de la historia

¿Cómo surge la idea del libro?

Me proponen hacer un estudio sobre casos relevantes. Empecé con el juicio de Jesús, por la curiosidad de conocer la Justicia del siglo I.

¿Qué sabía de Jesús?

Lo que conoces en religión. No había visto ese enfoque de analizar la ley hebrea. Las discusiones que tenía Jesús eran legales, discutía a doctores de la Iglesia que se creían perfectos. Propone una interpretación al servicio del hombre.

Algo ilegal en ese contexto.

Analizando las leyes, se pueden sacar algunas de la fases procesales. Ahí te das cuenta de que el juicio considerado más injusto de la Historia no lo fue tanto.

Cualquier juez de aquella época lo hubiera condenado.

Lo hubiera condenado, eso es impepinable. Lo que sí es sorprendente es que es el único mesías de la época al que juzgaron. Pilatos debía de tenerle mucho miedo.

Comienza el libro hablando de la diosa Justicia, esa mujer con los ojos vendados, una espada en una mano y una balanza en la otra. ¿Sigue vigente esa imagen a día de hoy?

Es una idealización de lo que debería ser la Administración de Justicia. Esta no se corresponde con esa simbología, sino que es un reflejo de la sociedad a la que sirve.

¿Y qué es la Justicia?

Un porcentaje muy alto de burocracia y muy bajo de servicio. No es ágil, no está al servicio del pueblo. Tenemos una doctrina trabajada que no busca resolver conflictos.

¿Qué hay que cambiar?

Es un problema de voluntad política. Si queremos que la Justicia sea un servicio, tenemos que agilizarla. Lo que no puede ser es que nos venga una urgencia, como las preferentes, y seamos incapaces de atenderla. Somos como un diplodocus: difícil de mover y de parar.

Imagino que esto quedó reflejado en la huelga de la Justicia gallega.

La huelga es un ejemplo de todos los males de la Justicia. Es el único sector de la Administración que permanece unos meses parado y parece que no le afecta a nadie. Los poderes públicos no se la toman en serio. Faltan medios, falta personal, pero sobre todo, ánimo.

¿Algún aspecto concreto que preocupe ahora mismo al sector?

El diseño informático que se está desarrollando para reformar la Justicia no escucha ninguna de nuestras sugerencias. Al final nos van a dar una herramienta que nos va a complicar más el trabajo.

"Fariña se queda muy corta. Es como si haces una serie de la mafia y pones a los personajes a robar en un supermercado"

 

Volviendo al libro. "Algunos consideramos un éxito algo tan sencillo como haber conseguido que este mundo no nos cambie en exceso". Así cierra el prólogo. Los años del narcotráfico, el caso Asunta... ¿Ha acabado quemado el juez Taín?

No es tanto quemazón como reflexión. Uno empieza en este mundo con un ideal utópico, pero luego te das cuenta de que ni puedes escuchar los gritos, ni dejarte agasajar por los aplausos. Cuando estaba en Vilagarcía, se nos criticaba muchísimo. No se hablaba de persecución de narcos; se decía que la represión no es la salida, sino que había que legalizarlo. Ahora critican que no se hiciera más.

Vamos a irnos unos años atrás, a Nüremberg; esa oportunidad perdida, como afirma en el libro. ¿Es, quizás, la prueba de que la Historia solo juzga a los vencidos?

Lo más triste de Nüremberg es lo que no dice la sentencia. Lo que dice es muy positivo, porque, frente a los rusos y los ingleses, que estaban dispuestos a un fusilamiento de los responsables y a un juicio falso, se llegó a un ambiente en el que al menos tres salieron absueltos. No todas las condenas que parecían de libro fueron así; se respetó la ley

Algo difícil en ese contexto.

Muy difícil, pero qué brillante hubiera sido absolver a algunos de los responsables del régimen. Y que también fueran capaces de condenar a algunos de los aliados por las atrocidades que cometieron, como los rusos en Katyn.

Hoy se condenaría a los rusos.

Sí, pero tenemos el problema de Estados Unidos, que no quiere una corte penal internacional.

Ya que menciona Estados Unidos, hablemos de O.J. Simpson. Parece que la Justicia es muchas veces una cuestión de dinero, que el que tiene poder es el que sale inocente.

Sí. Es un ejemplo de cómo dos casualidades —una gran quiebra social y el color de piel del jurado— y mucho dinero, aparte del show que se montó, determinan radicalmente un veredicto.

¿Qué le parece el jurado popular?

Cuando alguien te dice que lo que haces tú lo puede hacer cualquiera de la calle… Eso te chirría mucho. En los países nórdicos han introducido magistrados dentro del propio jurado. Su labor es aleccionarlo sobre lo que está ocurriendo. Si ya a los jueces un abogado puede intentar engañarnos con un discurso y alegaciones farragosas… a un jurado es mucho más fácil.

¿Y la prisión permanente revisable?

En Galicia ha sido muy comentada a raíz del caso Diana Quer. La reinserción de los presos es un tema muy utilizado, con carácter político. Algunos criminales son realmente peligrosos para la sociedad, como los depredadores sexuales. Los miembros de las juntas de tratamiento te dicen que algunos presos no se van a reinsertar.

¿Cómo habría que sentenciarlos?

Bueno, hay casos y casos.

¿Un violador reincidente?

Se le tiene que poner la pena máxima, en este caso la PPR, y a partir de los doce años que contempla la ley, empezar con revisiones. Si se ha visto evolución, podrá salir.

No es, como dicen muchos, un eufemismo de la cadena perpetua.

No, qué va.

¿Y qué me dice de la popular serie Fariña? ¿Realidad o ficción?

Se queda muy corta. Es como si haces una serie de la mafia y los pones a robar en un supermercado.

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