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El último baile de 'Lucky Luciano'

Luciano Núñez Villanueva, en la Audiencia de Pontevedra durante el juicio por el 'robo' en el que le quemaron los testículos. GONZALO GARCÍA (ADP)
Luciano Núñez Villanueva, en la Audiencia de Pontevedra durante el juicio por el 'robo' en el que le quemaron los testículos. GONZALO GARCÍA (ADP)
Luciano Núñez, un delfín de Manuel Charlín que fue condenado en la Nécora y al que llegaron a quemar los testículos en un ajuste de cuentas no acreditado, dio sus últimos coletazos introduciendo alijos en contenedores. Fue detenido y procesado, pero falleció antes del juicio que comienza este jueves

Entraron en su casa con una llave y le ataron con bridas. Extraño. Después le retorcieron los testículos. Primero manualmente y más tarde ayudándose de una pata de cabra, antes de prenderles fuego. Le golpearon de forma reiterada con objetos contundentes por todo el cuerpo, hasta el punto de que se desmayó. Esta secuencia que parece extraída de la serie Narcos de Netflix sucedió en el corazón de O Salnés, que es tanto como decir en el corazón del tráfico de cocaína en España.

Su protagonista es un histórico del negocio en las Rías Baixas, Luciano Núñez Villanueva, alias Chano o Lucky Luciano, en clara alusión al magnate mafioso que se especializó en el tráfico internacional de heroína después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando se estaba celebrando el juicio por aquel asunto, tramitado como un robo con violencia (un narco nunca dirá que van a su casa a ajustarle las cuentas por un alijo, dado que se delataría), Núñez Villanueva extendía sus tentáculos criminales hacia el Sur de España.

Fue el último baile de un individuo que comenzó trabajando al lado de Los Charlines y que falleció hace escasos meses a los 74 años, por lo que ya no comparecerá en la vista oral que comienza este jueves en Pontevedra. Su nombre, sin embargo, estará sobre la mesa en un juicio en el que se sabrán los detalles acerca de una red de narcos que operaba entre Sudamérica y Europa con jefes en Colombia y en Galicia y nexos en el puerto de Algeciras, por donde entraba la cocaína en grandes cantidades camuflada en cargamentos lícitos y empleando el sistema del gancho ciego (rip off), consistente en colocar la droga, normalmente en mochilas, sobre la mercancía lícita, sin el conocimiento de la empresa exportadora ni de la importadora y, eso sí, contando con la imprescindible ayuda de personal en el interior del recinto portuario, que bien pueden ser empleados, bien miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Mordió el anzuelo
Pretendió sobornar a un guardia civil para que le ayudase a sacar alijos del puerto sin saber que era un agente encubierto

El último baile de Luciano, bodeguero de profesión (pantalla, según las autoridades), tuvo su punto y final en mayo de 2016, cuando fue detenido a los 70 años de edad. Junto a él, el Edoa de la Guardia Civil de Pontevedra y el Greco Galicia de la Policía Nacional arrestaron a otras ocho personas, entre las que había otros cuatro pontevedreses, algunos bien conocidos por su relación con las drogas. Ricardo D.F., de Vigo, experimentado, según las autoridades, en la introducción de cocaína en contenedores, y José C.L., involucrado en la famosa operación Guadaña, investigación policial destacada por Naciones Unidas y en la que fuerzas de seguridad de España, Argentina, Brasil y Estados Unidos se concertaron para acabar con el entramado criminal dirigido desde La Finca por el mexicano Nicolás Rivera Gámez. Su red lograba colocar miles de kilos de droga al año en Europa con la campaña de la manzana como tapadera, oculta entre cargamentos de dicha fruta.

Entre las personas que comparecerán desde este jueves en la Audiencia de Pontevedra también se encuentra uno de los notarios de la organización colombiana que acudió a España para asegurarse de que los cerca de 500 kilos de coca que pretendieron importar llegaban a su destino, algo que, en este caso, no sucedió.

¿Bodeguero?
Durante años puso de manifiesto que se dedicaba al cultivo de viñedos en su Vilanova de Arousa natal

Luciano Núñez no será el único ausente en el plenario, al que han sido citadas seis personas de las nueve que fueron detenidas en su momento. Sobre los hechos, el fiscal revela en su escrito de acusación que la rama gallega (la más numerosa) de la organización se había concertado con los colombianos y con al menos un contacto en Málaga y otro en Madrid para generar una ruta segura de entrada de droga por contenedores a través del puerto de Algeciras. Para ello, el papel del mafioso gallego era el de aportar el contacto de un guardia civil corrupto que les permitiría la extracción de las mochilas del interior de la dársena gaditana sin infundir sospechas. No supo que se trataba de un agente encubierto que se convirtió en clave para desentrañar las actividades delictivas que se investigaban. Se había desencadenado la operación Bodeguilla, bautizada así por la profesión del vilanovés. Su papel no era ni mucho menos puntual, según el Ministerio Público, que apunta a que "mantenía contactos personales con diversos suministradores de drogas".

Lucky Luciano había llevado al resto de sus socios a la boca del lobo después de ponerles en contacto con el citado agente de la Guardia Civil, que efectivamente lo era, pero que no trabajaba para ellos para introducir cocaína, sino para los que les investigaban, para desenmascarles.

Núñez Villanueva fue condenado por primera vez, que se sepa, en el marco de la operación Nécora. Trabajaba para el clan de Los Charlines, sostienen los que le investigaban. Su jefe salió entonces absuelto. Desde entonces y hasta muchos años después pareció salir del negocio (al menos que se sepa), sacando adelante un negocio vinícola que acabaría yéndose al traste. En esa misma época recibió la ya citada visita de quienes a todas luces parecían sicarios. Solo uno de ellos fue condenado al dejar huellas de ADN en el mechero que sirvió para prender fuego a los genitales del empresario de Tremoedo. A pesar de que la Audiencia solo pudo dictar una condena de cinco años de cárcel por robo violento, en aquel juicio se escucharon argumentos que dejaron claro que de robo, nada de nada. "Yo desterraría la figura del robo en este delito. No hay pruebas de que se hubiese robado nada, y los objetos de valor que se encontraban en esa vivienda permanecieron allí después del suceso", dijo la defensa del presunto sicario. El que sí salió mal parado fue Chano, que ya no se recuperaría por completo de aquel trance.

Se espera que en el juicio que arrancó este jueves muchos apelarán al fallecido Lucky Luciano como responsable, tratando de escurrir el bulto.

Las posibles penas. Hasta 77 años de cárcel para los seis procesados
El fiscal antidroga de Pontevedra solicita, de forma provisional, penas que suman 77 años de prisión para los seis individuos que se sientan desde este jueves en el banquillo del Pazo de Xustiza de Rosalía de Castro.

Las solicitudes oscilan entre los 15 años que se exigen para los tres presuntos cabecillas (el citado José C.L., el notario colombiano y el responsable de la red en Andalucía) y los diez años y medio para el vigués Ricardo D.

A ello se añade la solicitud del decomiso definitivo de los bienes incautados a todos ellos, entre los que se incluye una importante flota de automóviles de gama alta empleados para la comisión de los delitos. 

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