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Última llamada a la Justicia

Déborah Fernández Cervera. EP
Déborah Fernández Cervera. EP
La jueza autorizó la exhumación para analizar si bajo las uñas se detecta ADN de terceros 

10 de mayo de 2002. El cuerpo sin vida de Déborah Fernández Cervera es descubierto desnudo, aunque cuidadosamente tapado con ramas, en una cuneta del municipio de O Rosal, a 40 kilómetros de distancia de la playa de Samil, donde fue vista por última vez diez días antes. Desde entonces, 19 años de investigación policial, judicial y a cargo de detectives contratados por la familia sin poder dar con el culpable. Y si no lo hay a fecha de 10 de mayo de 2022, el caso se archivará para siempre, ya que dos décadas es el plazo que fija la ley para que prescriban los delitos graves —que acarreen una pena de 15 años o más de prisión—.

De ahí que las pesquisas, en esta última reapertura del caso —la decimosexta—, avancen con una rapidez poco vista en los tiempos judiciales y que la instructora haya echado el resto autorizando la exhumación de los restos de la joven, una diligencia que tampoco es habitual en la investigación criminal, pero que en este caso puede ser la última baza de una familia que afronta esta semana con los nervios a flor de piel.

Y es que después de recibir la noticia más optimista posible, que fue la confirmación de que se conservan las uñas de Déborah, el elemento fundamental para que pueda comprobarse si existe ADN de terceros, en los próximos días el equipo forense determinará si es posible o no hallar restos biológicos bajo ellas. Y este extremo es el naipe del que pende todo el castillo probatorio del caso de la joven viguesa, que hoy tendría 41 años.

Los allegados de Déborah afrontan este análisis con esperanza. La que les dan los propios peritos, que inciden en que la ciencia forense de 2021 está a años luz de las pruebas de laboratorio que se practicaban allá por principios de siglo.

También ha avanzado eones la informática, y por ella pasa la otra pata de esta reciente reapertura del caso: el análisis del disco duro del ordenador de Déborah, que ya está en las instalaciones de la empresa Lazarus Technology, la misma que volcó los datos del iPhone de Diana Quer. En esta diligencia tiene depositada también confianza la familia, aunque sin olvidar que el futuro de la investigación pasa irremediablemente por las uñas, cuya importancia criminológica es vital porque las manos son el primer mecanismo instintivo de defensa y en ellas se impregna ADN de la otra persona.

EL EXNOVIO, EN LA DIANA. Y esa otra parte la hubo, seguro, en el caso Déborah. Porque aunque la autopsia determinó en su día que pudo haber sufrido una muerte súbita —había salido a hacer footing—, una reciente revisión de la necropsia descarta este punto y señala el óbito violento. Quien lo hiciese, eso sí, atrezó la escena del crimen con pistas falsas, como un preservativo con semen de un hombre desconocido al lado del cadáver, que desgraciadamente lograron su objetivo: despistar y enmarañar las pesquisas.

La familia no duda en señalar al exnovio de Déborah, que declaró no haberla llamado el día de autos cuando sí lo hizo y habló de ella en pasado cuando todavía estaba desaparecida, en los mismos días en los que su coche "olía a muerto" según el vigilante de un párking —él alegó que era "una caja de langostinos pasada"—. Su ADN o el de otra persona puede hablar y zanjar el caso Déborah, en su última llamada a la Justicia. 

Cuando no basta la criminología: otros casos sin resolver en la comunidad
No hay crimen perfecto, pero sí casos en los que, por una razón u otra, es imposible dar con el sospechoso o, de haberlo —y esto es lo más frecuente—, no puede demostrarse su autoría. La mayoría de esas muertes o desapariciones, no obstante, se produjeron hace unos años, antes de que la ciencia forense estuviese tan avanzada y de que las calles estuviesen sembradas de cámaras —la videovigilancia posibilitó la resolución de los casos Asunta y Quer, entre otros—.
Los siguientes son algunos de los casos sin resolver de la crónica negra gallega:

María José Arcos
Sin noticias de esta santiaguesa desde 1996. También se acusó a su ex pero quedó libre.

Sonia Iglesias
Pontevedresa desaparecida en 2010. Su ex fue sospechoso y falleció en el punto de mira.

Ana María Fernández
Se bajó del coche en la A-52 tras discutir con su marido —que estuvo investigado policialmente pero sin pruebas de cargo contra él— y nadie la volvió a ver. Era 2008.

María Teresa Troncoso 
Su cuerpo apareció apuñalado en Ares en 2009, tras faltar en Nigrán. Su ex levantó recelos.

Elisa Abruñedo
La violaron y mataron a cuchilladas en Cabanas en 2013. Nunca hubo pistas del autor.

Socorro Pérez
Otro crimen sin sospechoso. La asesinaron de un golpe en la cabeza en Ourense en 2015.

Última llamada a la Justicia
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