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El Sergas ofrece 11.000 euros a una mujer tras "olvidarse" una toalla en su barriga

Hospital Provincial de Pontevedra. DP
Hospital Provincial de Pontevedra. DP
Nada más salir de una operación por un tumor pélvico, la paciente comenzó a vomitar "granos de café negros"

Si ya es desagradable tener que pasar por el quirófano, mucho más duro resulta tener que hacerlo por segunda vez, de urgencia, a causa de una negligencia en la sala de operaciones. Fue lo que le ocurrió a Beatriz Janeiro Fraguas, una enfermera natural de Portonovo que en julio del pasado año vivió un calvario cuyas secuelas no podrá olvidar jamás. "A mí me han jodido la vida", asegura.

La mujer, que ahora tiene 45 años, fue operada el 8 de julio de 2020 en el Servizo de Xinecoloxía del Hospital Provincial por un tumor pélvico, que conllevó la extirpación del útero y las trompas de falopio (histerectomía y salpingectomía bilateral).

Tras largas horas de cirugía, fue trasladada a Reanimación y a partir de ahí comenzaron las complicaciones. "Comencé a vomitar granos de café negros y el problema fue aumentando con el paso del tiempo", explica. Le administraron distintas soluciones, pero ninguna funcionó. "Estuvieron jugando conmigo un día entero. Fui su conejillo de indias".

La paciente iba empeorando sin que nadie pudiera darle una explicación. "En plena época covid, estaba sola, sin nadie cerca, sin explicaciones y con un dolor que cada vez iba a más. Imagínese la angustia", narra.

La luz al final del túnel llegó con la ginecóloga que acababa de entrar de turno. "Fue mi ángel de la guardia". Extrañada por la reacción que estaba teniendo Beatriz Janeiro, la sometió a distintas pruebas y dio con el origen del contratiempo: en la pantalla aparecía, dentro del abdomen de la mujer, un bulto sospechoso de unos 15 centímetros que nadie podía justificar.

"Al volver a la habitación ya me esperaba el equipo cirujano al completo. Me dijeron que tenían que someterme a una operación de urgencia, que avisase a mi familia y que seguramente sería una persona ostomizada el resto de mi vida. El camino hacia Montecelo fue como una despedida y yo ya pensaba en lo peor. No entendía nada", recuerda angustiada.

TRAPO QUIRÚRGICO. Segunda operación en dos días y los médicos encuentran algo que ni ellos mismos se esperaban: un trapo quirúrgico de color verde, que había causado una grave peritonitis "que casi me provoca la muerte. Si no llega a ser por esa doctora, no lo cuento", asegura.

Una semana después, Beatriz Janeiro recibe el alta, pero tras sufrir nuevas trabas médicas para realizarse las curas, se queda con la secuela de una aparatosa cicatriz "y tres agujeros enormes".

"No es por el dinero. Estas cosas hay que denunciarlas y que salgan a la luz, porque a mí me han jodido la vida"

Cuando pidió explicaciones por lo ocurrido, el Sergas respondió que, durante la operación, "mis intestinos caían en zona quirúrgica por lo que el médico solicitó un trapo verde para ampararlos, ya que era más grande que una compresa y abarcaba más. Pero la enfermera que lo facilitó se ausentó del quirófano para atender una consulta privada y no se anotó el trapo. Cerraron la intervención sin que nadie se percatase de que había quedado dentro".

El Sergas reconoció la negligencia y le ofreció 11.503 euros "porque producíuse un dano antixurídico que non tiña o deber de soportar".

Sin embargo, Carlos Quintiá, el abogado de la paciente, no está conforme con ese importe y recurrirá a las instancias necesarias hasta llegar a los 16.152 euros que reclamó inicialmente. "En vez de como mala praxis médica, pudimos denunciar imprudencia temeraria, y haberlo llevado por la vía penal", advierte.

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