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Un día para saldar 82 años de deuda

Entrada del pazo, con un cruceiro inventariado entre los 697 bienes de Meirás. AEP
Entrada del pazo, con un cruceiro inventariado entre los 697 bienes de Meirás. AEP
Este jueves los Franco entregarán las llaves del pazo, en un hito histórico para Galicia y Meirás, donde en plena Guerra Civil los lugareños fueron coaccionados para pagar la casa al dictador

Con apenas lo justo para comer por las estrecheces de la Guerra Civil, los lugareños de Meirás, la mayoría humildes campesinos, tenían que guardar unas pesetas para cuando llamaban a su puerta los de azul. Los documentos franquistas de la época los maquillaron como voluntarios de la Junta pro Pazo del Caudillo, pero no eran sino falangistas que, como quedó acreditado en el juicio, "iban casa por casa pidiendo donativos" para reunir las 406.346 pesetas que ofrecían –a la baja– a los herederos de Emilia Pardo Bazán por las Torres, como se conocía de aquella a la casona sadense.

"Es para el caudillo", les decían, en una Galicia que desde 1937 era parte de la España sublevada y estaba a las órdenes de Franco. "¿Quién iba a decir que no a los falangistas? Si algún vecino se negaba, entraba en unas listas negras con lo que eso significaba", sostuvo el abogado del Estado en el reciente juicio por la titularidad del pazo, que este jueves, 10 de diciembre de 2020, a las 11.00 horas, salda una deuda de 82 años, cuatro meses y una semana con la sociedad gallega; desde que el 3 de agosto de 1938 la llamada Junta pro Pazo del Caudillo hizo efectivo el pago de esas 406.346 pesetas a Manuela Esteban Collantes, viuda del hijo de Emilia Pardo Bazán.

En unas horas, si no hay sobresaltos, los herederos de Francisco Franco harán entrega de las llaves del inmueble, en un hecho histórico para Galicia, a expensas de que en el futuro el TSXG, el Supremo o el Constitucional puedan contravenir la sentencia de la jueza Marta Canales y nombrar a los Franco legítimos propietarios. Es una posibilidad que, pese a la solidez del fallo según los expertos en la materia, no se puede descartar, dado que la Justicia no es una ciencia exacta. Los herederos del dictador ya han dicho que lucharán hasta agotar todas las instancias, con lo que el litigio va para largo.

Por esto mismo la magistrada ordenó la inmediata entrega de llaves, mandato que los Franco acataron y manifestaron incluso su disposición a colaborar para agilizar el trámite, aunque el paso de las semanas y sus intentos por torpedear el inventario y llevarse bienes del pazo dejaron entrever que su mano tendida podría agarrarse más a hipotéticos beneficios en el proceso que a una verdadera intención de cooperar.

¿ADIÓS DE LOS FRANCO? La devolución del inmueble, aunque no sea una decisión definitiva, supone la marcha de la familia del dictador de Galicia. Y es que pese a la condición de ferrolano de Francisco Franco, sus descendientes nunca fueron asiduos de la comunidad. Únicamente Carmen Franco y Polo, única hija del dictador y su esposa, Carmen Polo, se dejaba caer los veranos por Meirás hasta su fallecimiento hace tres años. Sus numerosos hijos no han seguido esa costumbre, más allá de alguna aparición aislada como la de la nietísima, Carmen Martínez Bordiu, para una rentable y polémica exclusiva en el papel couché. Esas podrían ser las últimas fotos de un Franco en el pazo.

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