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"Me engañaron, nadie me explicó que no iba a poder salir del convento"

Las tres monjas liberadas en Santiago: A.E. (primera por la izquierda); S.V. (cuarta) y U.D. (última)
Las tres monjas liberadas en Santiago: A.E. (primera por la izquierda); S.V. (cuarta) y U.D. (última)
Las tres monjas indias liberadas en Santiago declaran que fueron enclaustradas bajo engaño y que no se les permitía dejar la congregación

La ilusión que tenían depositada en ejercer su vocación religiosa en España quedó presa tras los macizos muros del cenobio de las Mercedarias de Santiago. "Engaño" es la palabra recurrente en las declaraciones ante la jueza de las tres monjas liberadas por la Policía tras, supuestamente, sufrir durante años un encierro forzado en el convento de clausura.

"No sabía que se trataba de un convento del que no se podía salir", declaró ante los investigadores una de las tres religiosas, de 35 años, 16 de ellos cumplidos bajo los hábitos, según recogió este miércoles la Cadena Ser. "Nadie me explicó eso en la India", protesta al respecto la mujer, de iniciales A.E. y que, señala, estaba acostumbrada a llevar una vida "libre y activa", antitética por tanto a las estrictas obligaciones que impone el voto de clausura. No obstante, lo que más le dolía de la experiencia es que solo le permitieran visitar a su familia, residente en su país de origen, "cada ocho años".

El lamento se repite con U.D., con las Mercedarias desde 1998 y con más de la mitad de este tiempo pagado mediante labores arduas y monótonas como el planchado. Una nimiedad, comparado con la angustia que la atenazaba al verse incapaz de dejar el lugar para visitar a su madre enferma. "No era feliz", sintetiza de forma tan sucinta como contundente S.V., encerrada en Santiago desde los 16 años, a modo de resumen de esta atmósfera opresiva.

Además del desconcierto y el descontento producto de este encarcelamiento contra su voluntad, otro de los puntos en común de las declaraciones tiene como protagonista a la madre superiora, María Luisa Melero. De acuerdo con las tres monjas, dice la Ser, su modus operandi para retenerlas en su confinamiento se basaba en una combinación de fingimiento y coacción. Así, ante las peticiones para abandonar el convento, Melero contestaba primero con alusiones a trámites papales que nunca parecían concluir, más tarde secundados con exhortaciones a "cumplir el contrato" contraído con una congregación que las cuidaba y alimentaba y, finalmente, remachados con la retención de las tarjetas de identidad y los papeles de residencia, lo cual les impedía hasta visitar a familiares también establecidos en España.

"Me engañaron, nadie me explicó que no iba a poder salir del convento"
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