Los mayores de 65 superan el 26%, con Lugo y Ourense a la cabeza del país

La comunidad perdió desde 2010 el equivalente a la población de la ciudad de As Burgas
Tres mujeres ancianas en una foto de archivo. EP
photo_camera Tres mujeres ancianas en una foto de archivo. EP

A 1 de enero de 2022, un total de 702.630 empadronados en Galicia habían cumplido ya la edad de jubilación. Es el 26,11% del total de la población de la comunidad, la tercera mayor tasa de todas las autonomías españolas, solo superada por Asturias (27,16%) y Castilla y León (26,22%). Pero, siguiendo la corriente habitual, este envejecimiento demográfico se ceba con las provincias del interior, dado que Ourense y Lugo son la primera y la tercera con mayor porcentaje de vecinos mayores de 65 años del país, con Zamora entre medio de ellas.

Casi del 32% de los habitantes de Ourense ha cumplido ya los 65, es decir, prácticamente uno de cada tres. Y cerca anda Lugo, donde rozan el 30%, al ser 96.979 personas del total de 323.989 empadronados en la provincia, de acuerdo con los datos del padrón continuo publicados ayer por el Instituto Nacional de Estadística (Ine), ya definitivos.

En ambos casos, la ratio aumentó en torno a tres décimas a lo largo del año, en línea con la media del conjunto de Galicia. Y aunque las tasas son inferiores en A Coruña (25,55%) y Pontevedra (23,6%), tampoco se encuentran muchas provincias más envejecidas que ellas. Por encima de esa cuarta parte de la población figuran también, aparte de Asturias, las provincias castellanoleonesas de Zamora (31,68%), León (28,14%), Palencia (26,7%), Ávila (26,47%) y Soria (25,54%).

Y, en paralelo, cuanta más población mayor, menos población joven. En Ourense y Lugo, solo una de cada diez personas no alcanza todavía los 16 años. En A Coruña son el 12,19% y en Pontevedra, casi un punto más.

Lugo, la que más pierde. La elevada edad de los empadronados es uno de los factores que explican el prolongado descenso de población que arrastra Galicia, que desde el año 2010 ha perdido más de 107.000 residentes, una población similar a la de Ourense, la tercera ciudad gallega.

Según las estadísticas del Ine, entre el 1 de enero de 2021 y la misma fecha de 2022 se dejó un total de 5.181 vecinos, hasta quedarse en 2.690.464. Es una caída de alrededor de un 0,2%.

Por provincias, en todas ellas se redujo la población a lo largo del que fue el segundo curso bajo la pandemia, aunque Lugo es la que más pierde de las cuatro, tanto en términos totales como porcentuales. Es el resultado de pasar de 326.013 residentes a 323.989, es decir, 2.024 menos, un -0,62%. Así, supera ampliamente los 1.260 que baja Pontevedra (-0,13%), los 954 de A Coruña (-0,19%) y los 943 de Ourense (-0,3%).

Además, tras la contención que supusieron los datos de 2019 y 2020, este descenso se ha acelerado en Lugo por segundo año consecutivo. Y, si la comparativa se remonta a una década atrás, se contabilizan 22.016 personas menos, un recorte del 6,36%.

En cuanto a Ourense, esta despoblación a una década vista todavía se agrava medio punto más, mientras que en A Coruña y Pontevedra el descenso no llega al 2%.

En cambio, la tendencia de este último año es la contraria en cuanto a la población extranjera, que se incrementa en todas las provincias. A Coruña se mantiene al frente con 46.548, 300 más que al término de 2022. En Pontevedra residen 38.808 personas de origen foráneo –unas 800 más que hace un año–, en tanto que en Lugo son 16.859 –suma unas 450– y en Ourense, 16.525 –otras 450 más–. En total, representan apenas el 4,41% de los habitantes, la segunda menor proporción del país, solo tras el 3,33% de Extremadura y a mucha distancia de una media estatal del 11,68%.

Al revés de España

La tendencia demográfica de Galicia es, además, la contraria a la del conjunto de España, que finalizó 2021 con un incremento de más de 90.000 habitantes, precisamente gracias a la llegada de 102.784 ciudadanos extranjeros que compensaron una reducción de 12.471 españoles. En concreto, la población se elevó a 47.475.420 personas –casi 40.000 más de los que marcó el avance provisional del padrón dado a conocer el pasado abril–.

El saldo final fue positivo en once autonomías, con la Comunidad Valenciana (39.829 habitantes más), Cataluña (29.249) y Andalucía (27.780) a la cabeza. También ganaron población Aragón, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Murcia, Navarra y La Rioja.

En el lado contrario, Galicia es la séptima con un mayor retroceso porcentual, pero la comparativa es menos mala que en otras comunidades de similares características demográficas como Asturias -la segunda mayor caída del país, con un –0,70%– y Castilla y León de un –0,44%–. A la cola queda Melilla (-1,26%), a la que se unen otros desplomes destacados como el de Ceuta (-0,48%), Extremadura (-0,45%) o País Vasco (-0,26%).

Avance de un cambio

Con todo, esta contracción demográfica de Galicia –continuada desde 2010 con la única excepción de las cifras del arranque de 2020– pudo haberse revertido, aunque sea ligera-mente, durante el año pasado.

Falta por completar todo un semestre de datos y además consolidarlos, pero, por el momento, el Instituto Galego de Estatística (Ige), avanzó la semana pasada que, a 1 de julio de 2022, la comunidad tenía 1.995 habitantes más que al comenzar el curso. Aunque lo cierto es que de este cambio de tendencia tiran A Coruña –con 1.912 más, un 0,17%– y Pontevedra –que suma 580, un 0,06%–. Por su parte, la cosa no varía en Ourense, con 80 vecinos menos (-0,03%), y en Lugo, que de nuevo muestra el descenso más pronunciado: 416 habitantes menos, un -0,13%.

De todas maneras, esta caída no afecta a la capital lucense, donde los vecinos aumentan en 136. Las estadísticas urbanas reflejan que, en el fondo, la pérdida de población es un asunto especialmente rural: de las siete grandes ciudades de Galicia, solo se recorta el número de residentes en Ourense (-263) y Pontevedra (-451).

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