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Mafias, turistas y ‘necesitados’ arrasan 100.600 kilos de marisco

Almeja interceptada. TWITTER
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 Investigadores de la USC alertan sobre el coste económico y medioambiental del furtivismo

Más de 100.600 kilos de marisco en siete meses. Ese es el botín que, según la Consellería do Mar, han cosechado entre enero y julio los furtivos en Galicia, repartidos a través de tres perfiles principales: organizaciones de funcionamiento mafioso, turistas que dan nombre al ‘furtivismo de bañador’ y personas sin recursos.

En realidad, estos tres tipos de furtivos se suman a los otros 16 perfiles que el grupo de economía pesquera de la Universidade de Santiago (USC), en el que trabajan Hugo Ballesteros, Gonzalo Rodríguez y María do Carmo, ha advertido que operan en la comunidad, generando un "gran impacto económico" en la industria y un grave "menoscabo" a la profesión.

El  sector admite que se toleran casos "aislados" ante situaciones de "necesidad" vinculados a problemas de dinero, desempleo o drogas

El equipo, que ha estudiado casos similares en Suráfrica, Australia y Canadá, destaca que el furtivismo gallego es "único" en el mundo y que, a pesar de ser una práctica "indeseada" dentro del colectivo marisquero, se sustenta en la realidad socioeconómica de Galicia.

Esta es una de las razones que explica que, en los primeros siete meses del año, las incautaciones  realizadas superasen las 9.000. Al respecto, el subdirector del Servizo de Gardacostas, Lino Sexto, matiza que la cantidad de marisco decomisado suele ser la misma todos los años, pero que si se da algún repunte —como el de 79.000 kilos de este año en comparación con 2017— la diferencia se debe a que ciertas actividades ilícitas se computan como furtivismo, pese a no corresponder a las ejecutadas por los sospechosos habituales. Aquí entra la figura de la "ayuda al necesitado".

El presidente de las cofradías de pescadores gallegos, Tomás Fajardo, confirma la tolerancia del sector a algún caso "puntual y aislado" que, como señalan los expertos de la USC, implique un "autoconsumo" o una situación de "necesidad" por dificultades con el dinero, el desempleo o las drogas, como se da en el caso del pacto entre unos percebeiros de las Rías Baixas y un grupo de jóvenes con problemas de drogadicción, a los que se les cedió una zona de pesca para ejercer el furtivismo y así evitar actos delincuentes en el pueblo, ya que para los trabajadores tampoco suponía un alto impacto económico, cita Ballesteros. Sin embargo, a su juicio, esta permisividad con la «injusticia» en aras del "bienestar colectivo" no debería recaer sobre los trabajadores, sino sobre el Estado. 

RECHAZO AL BAÑADOR. Peor consideración entre los mariscadores tiene otro tipo de furtivismo: el ‘de bañador’, practicado por turistas y veraneantes que se aprovechan su paso por la playa para llevarse a casa un puñado de berberechos o de percebes. Ballesteros comenta que se trata de una actividad "casi lúdica" que no es tan evidente como el ‘profesional’ —el que ejercen sin licencia algunas personas para ganarse la vida—, el ‘interno’ —el que se da dentro del propio sector— o el ‘organizado’, que puede llegar a actuar como una "mafia" y recaudar hasta 3.000 euros en una noche, afirma.

Las consecuencias de estos últimos, advierte el investigador, no solo se refieren a los perjuicios económicos que provocan el hundimiento de los precios y la competencia desleal, sino también a las consecuencias medioambientales que supone la extracción incontrolada de marisco.

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