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La comarca de O Carballiño, en pie de guerra contra 'la Sogama del sur'

El ya gastado discurso que promete puestos de trabajo a costa del medio ambiente no ha calado en Cea, el municipio ourensano donde la empresa CompostGalicia planea la construcción de una planta de tratamiento de residuos a la que los vecinos temen, al vislumbrarla ya como la nueva Sogama. Y es que el presidente de esta sociedad, Luis Lamas, anunció en el mes de febrero que "la idea" es montar otra incineradora en el sur de Galicia "para reducir gastos de transporte". Acompañados de pancartas y lemas como 'Valladares: merda non' o 'Queres acabar coa vida nas nosas aldeas?', cientos de vecinos se concentrarán este sábado en la Praza Maior de la capital del pan para pedir la paralización de la planta.

La voz de alarma la dieron dos jóvenes motoristas, vecinos del lugar, en abril. Un tractor que parecía enterrado estaba en realidad depositando un remolque de escombro en una zanja que previamente había abierto una pala de grandes dimensiones, para cerrarla a continuación y dejar escondida la carga. Los hechos llamaron su atención y el boca a boca hizo el resto. Tirando del hilo salió a la superficie un proyecto que no gusta a nadie. O a casi nadie. El Concello de Cea, gobernado en solitario por el Partido Popular, dio el visto bueno a las obras en estos terrenos, ubicados en el lugar de As Fontaíñas, el pasado mayo, en el transcurso de una junta en la que tuvo voz y voto la propia autora del plan, la edil de Obras, Pilar García Tizón.

Tal decisión fue tomada sin que la oposición pudiese rechistar. Se aprobó así la solicitud de CompostGalicia para llevar a cabo un movimiento de tierras en el comunal de la mencionada aldea, abarcando una superficie de 54.600 metros cuadrados o, lo que es lo mismo, un terreno equivalente a ocho campos de fútbol de las dimensiones del Camp Nou. El borrador del proyecto fue presentado al Concello, y su técnico dio luz verde sin que el solicitante de la licencia se ajustase a los requisitos del decreto 133/2008, que regula la evaluación de incidencia ambiental.

''Almacenamiento, envasado y unos invernaderos''
A este respecto, el abogado José Arcos ha repasado las exigencias de la norma, para advertir de que las características que la licencia solicitada recoge para la nueva planta hacen necesario un informe favorable sobre su impacto ambiental, que desde la empresa dicen poseer ya, y recalcan que "no de una planta de compostaje, sino de almacenamiento de compostaje y envasado. La planta de compostaje está en --el municipio ourensano de-- Leiro". Así lo ha explicado el gerente de CompostGalicia, Camilo Vázquez, quien ha añadido que a mayores habrá "sólo unos invernaderos para resguardar de las lluvias".

Arcos desmiente sus palabras, y le recuerda que en la relación de actividades que requieren tal declaración, y que aparecen en el primer anexo del citado decreto, ya aparece el reciclaje. Además, en el tercer anexo se indican aquellos cometidos que no necesitan someterse a información pública ni un informe favorable de la Consellería de Medio Ambiente, "y lo que se pretende hacer en Cea no aparece excluído tampoco". Y, finalmente, en el segundo de los anexos del decreto se han anotado los criterios objetivos por los que una actividad precisaría de un documento que acredite su impacto ambiental favorable: la cercanía a núcleos de población; a manantiales o ríos; y el número de metros cuadrados afectados. La construcción ourensana los cumple todos, "porque unos ocho campos de fútbol parecen terreno más que suficiente para exigir ese informe", sentencia el letrado.

Repasando la letra pequeña
La cercanía a varios núcleos de población ha puesto a los vecinos en pie de guerra. Desde el anonimato --ninguno quiere poner su nombre porque se han movilizado todos, dicen-- piden al alcalde de Cea, José Luis Valladares, con quien este periódico no ha conseguido hablar pese a intentarlo en varias ocasiones, que dé marcha atrás en su empeño de apoyar la planta de compostaje hasta sus últimas consecuencias, y le piden también que dé la cara. "En una reunión le hemos pedido que nos garantice por escrito que la planta no traerá malos olores ni consecuencias nefastas para el entorno y la salud. Su respuesta fue dar media vuelta e irse", cuenta una indignada joven a quien en esta información identificaremos como Sara y cuya voz podría ser la de cualquiera de los más de 300 vecinos de Cea, O Carballiño y Maside que han decidido frenar la construcción "de lo que está claro que será un Sogama II" y que afectaría a los tres municipios ourensanos.

Sara se ha aprendido el proyecto de memoria, y en la letra pequeña se habla de la posibilidad de almacenar residuos orgánicos de origen agrícola, industrial, comercial o municipal "que producen fermentación y olores fuertes, al dar cabida a las aguas fecales, lodos de depuradoras o restos cárnicos". Pero la verdadera preocupación de los vecinos ya no es la licencia para construír esta planta en sí, sino los usos que podrán darle después, ya que el documento que han firmado los ocho vecinos de As Fontaíñas, en virtud del cual ceden sus terrenos a CompostGalicia, dice que la empresa se reserva la posibilidad de una nueva cesión "para cualquier otra actividad", insiste Sara.

"Los han engañado, les han explicado que van a limpiar los montes, pero lo que van a hacer es meternos la mierda y luego quemarla", critica la chica, quien apunta así mismo que en el lugar donde se han iniciado ya los trabajos nacen varios manantiales y el punto de abastecimiento de agua de una aldea, la de Mundín, en Maside. Allí arranca también el cauce del río Carrás, afluente del Arenteiro, y fue en su momento una zona de protección designada por la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, que posteriormente se acotó ante las protestas de los vecinos, que no podían utilizar determinados productos como los pesticidas para proteger sus cosechas.

La otra cara: ''Confío ciegamente en el alcalde''
Y si Sara representaba la voz de todos los vecinos, este periódico ha conseguido localizar a una mujer que está de acuerdo con la planta. Es la única. O una de las pocas. Ella sí da su nombre: "Visitación Generosa González, ponlo entero", insiste, orgullosa de lo que su alcalde hará con unos terrenos que ella misma ha 'alquilado', al ser una de las pocas lugareñas de As Fontaíñas. "Valladares nos ha dicho que no hay peligro, que no habrá olores porque es una planta para secado y envasado, y yo confío ciegamente en su palabra".

Según cuenta, han sido los propios responsables de CompostGalicia quienes han explicado el proyecto a los vecinos "y la oposición que hay a las obras es un asunto de política, nada más". Con su versión también concuerda Camilo Vázquez, el gerente de la empresa encargada de levantar la planta, quien repite una y otra vez que los trabajos "cuentan con todos los informes de Medio Ambiente, es compostaje, ¡lo que tú compras para las plantas! Olores cero", y asegura que las obras no han sido paralizadas, como han solicitado los concellos de Maside y O Carballiño, sino que los operarios "están de vacaciones".

El precio de las migajas
Mientras el resto de los vecinos de As Fontaíñas guardan silencio, en medio de las críticas por haber vendido el monte a cambio de un puñado de euros, Generosa eleva la voz por todos ellos. "Yo tengo una nariz muy especial... he ido hasta el destierre y allí no huele a nada", se convence a sí misma, ya que añade que "ninguno de nosotros permitiría que construyesen algo malo". Y tiene razón. No huele a nada. Hasta el momento, lo único que se ha almacenado son "camiones y camiones" de compost seco traídos de la vecina planta de Leiro, explica Bernardo García, edil de Medio Ambiente de O Carballiño, donde el miércoles se ha celebrado un pleno extraordinario en el que PSOE, BNG y PP votaron a favor de la paralización de las obras. El mismo día, media hora antes, Maside realizaba la misma votación con idéntico resultado, aunque este medio no ha conseguido hablar con ningún responsable municipal.

Por su parte, el político carballiñés deja claro que su partido, el BNG, está "totalmente a favor del compostaje, pero bien hecho". Al igual que Guillermo Dopazo, portavoz del PSOE en Cea, pide al alcalde Valladares "que frene las obras y que dé explicaciones. Dijo que no sabía nada de la licencia, y fuera aprobada en comisión de Gobierno", apunta Dopazo, quien comparte con los vecinos y con los responsables políticos de los concellos limítrofes el miedo a que una licencia para el secado de lodos se convierta en una incineradora. La promesa de crear empleo ayuda a convencer en los tiempos que corren, aunque aquí no ha convencido. Bernardo García lo explica bien: "Hay que ganar el pan, pero no a cualquier precio". Sobre todo cuando se teme que, del reparto de ese pan, para el pueblo sólo queden las migajas.

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