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AGENTES SOCIALES URGEN UN PACTO

La batalla más complicada de Caballero

El presidente del Celta de Vigo, Carlos Mouriño, saluda al alcalde de Vigo, Abel Caballero
El presidente del Celta de Vigo, Carlos Mouriño, saluda al alcalde de Vigo, Abel Caballero
Acostumbrado a moverse en varios frentes, el alcalde de Vigo quiere manejar con tacto su conflicto con el presidente del Celta sobre el futuro de Balaídos. Es consciente de que puede pasarle factura en el caso de que el Celta deje la ciudad

"Tienen ustedes que disculparme, pero me está llamando al móvil mi amigo el presidente del Celta". Lo dijo así, como quien no quiere la cosa, Abel Caballero (Ponteareas, 1946) durante un almuerzo con un grupo de periodistas celebrado no hace muchos días en Santiago de Compostela. Con ello, el regidor socialista de la ciudad olívica pretendía dejar entrever que sus relaciones con Carlos Mouriño (Vigo, 1943), pese a no pasar por su mejor momento, distaban mucho de estar rotas. Curtido en mil batallas y acostumbrado a abrir frentes un día sí y otro también, el veterano político no ignora que esta guerra es diferente a las anteriores. Y que incluso puede pasarle factura, por mucho que cuente con el apoyo de la mayoría de las formaciones políticas con representación en el Concello vigués, algo que casi nunca ocurre.

Esta vez no son "enemigos de Vigo" los que se enfrentan a él y a la ciudad, a la que siempre pone como escudo en sus calculadas estrategias de exacerbado localismo. Ahora no se trata del presidente Alberto Núñez Feijóo —a quien en más de una ocasión ha llamado "patético mentiroso"—, ni del vicepresidente Alfonso Rueda, ni de la concejala popular Elena Muñoz, ni de la responsable de la Zona Franca, Teresa Pedrosa, ni siquiera del político 'multiusos' Ignacio López Chaves, quienes han sido objetivos preferentes de sus envenenados dardos. Unos excesos verbales de los que tampoco se han librado el rector de la Universidade de Vigo Salustiano Mato —a quien en alguna ocasión reciente llegó a acusar de ser un quintacolumnista de la Xunta pese a su marcado pasado nacionalista durante el bipartito—, sus propios compañeros de partido (el exalcalde Carlos Príncipe, su sobrino Gonzalo Caballero y la todavía presidenta de la gestora del PSdeG, Pilar Cancela) e incluso periodistas como Josep Pedrerol y Siro López e instituciones deportivas como el Real Madrid, a quienes al parecer no les sentó nada bien que el alcalde decidiera aplazar un partido por los efectos del temporal anticipándose a la resolución de las autoridades federativas.

Esta vez el problema es más complicado, porque el rival no solo está en casa sino que es uno de los grandes símbolos de la ciudad. Caballero sabe que debe manejar la cuestión con sumo tacto, por mucho que al presidente del Celta le hayan perdido sus también relativamente frecuentes salidas de tono. Consciente de ello y de que la gente no entendería que el club se marchara de Vigo para construir otro estadio en Mos o Redondela, por ejemplo, el alcalde quiere rebajar la tensión y ganar tiempo. Ya lo dijo el sábado: "Cualquier argumento o clarificación, que los hay como todo el mundo sabe, los pospondré hasta el final de la temporada. Lo contrario sería irresponsable por mi parte, como alcalde y como celtista. Lo primero es lo primero, los resultados del equipo esta temporada. Algunas declaraciones pueden esperar", argumentó en un comunicado en el que resaltó su condición de socio del "Real Club Celta de Vigo".

Caballero quiere serenar los ánimos y buscar un acercamiento con Mouriño, cuyo carácter y determinación está complicando las cosas. "Eso de que haya dos gallos en el mismo corral nunca es bueno", opinan en la ciudad olívica, dividida entre quienes consideran que el Concello debería poner más facilidades y quienes entienden los argumentos del alcalde, dado que Balaídos es un estadio municipal y no se puede poner a la venta.

A Mouriño no le parece suficiente el ofrecimiento del Ayuntamiento —cesión del campo por 50 años— y mete presión con la idea de patrimonializar un club que tiene como únicos bienes a sus jugadores, pues la miniciudad deportiva de A Madroa también es de titularidad municipal. Asegura estar dipuesto a gastarse 70 millones en unas nuevas instalaciones, aunque hay quien piensa que va de farol y que su intención última es comprar Balaídos para vender mejor. Mientras, el ingenio popular se ha desatado y algunos ya rebautizaron al Celta como "Cerca de Vigo". Dicen que así al menos no perdería el apellido.

La batalla más complicada de Caballero
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