El fuego arrasa más de 4.000 hectáreas en Galicia y pone en vilo O Barbanza

La preocupación se centra en la comarca, donde las llamas provocaron daños en un cámping y forzaron el desalojo de 700 personas en Ribeira ►El otro gran foco de la jornada fue el de Ponte Caldelas, que se aproximó a las viviendas
Fuego en Boiro. LUIS POLO (AGN)
photo_camera Fuego en Boiro. LUIS POLO (AGN)

Más de 4.000 hectáreas calcinadas en siete focos repartidos por A Coruña, Pontevedra y Ourense dispararon este domingo el balance de la devastación iniciada a mediados de junio por encima de las 35.000 hectáreas. Es el balance que este sábado dejan los incendios en la comunidad en una jornada particularmente dura en la comarca de O Barbanza y en el concello pontevedrés de Ponte Caldelas, donde la Xunta decretó el nivel 2 de alerta por la proximidad de las llamas a las viviendas.

En Ribeira, el foco que arrancó el jueves en el concello vecino de Boiro causó estragos en el cámping Ría de Arosa, donde ardieron bicicletas, tiendas de campaña y se vieron afectadas ocho caravanas. En total, entre vecinos y campistas en la tarde del viernes fueron evacuadas unas 700 personas, a las que ayer se permitió regresar a sus casas y al campamento para recoger sus pertenencias tras pasar la noche en un polideportivo.

A medida que avanzaba la tarde, el viento concedió una tregua en la comarca coruñesa, lo que insufló algo de esperanza pese a que, según los cálculos de la Consellería do Medio Rural, al filo de las 8.00 horas del domingo el incendio había calcinado 2.200 hectáreas. En declaraciones a la Radio Galega, Xosé Luis Piñeiro, el alcalde de A Pobra do Caramiñal, municipio al que también se extendió el fuego de Boiro -que se declaró en Cures, una de las 35 parroquias gallegas catalogadas como de alta actividad incendiaria-, apuntaba que el foco avanzaba "cara ao monte e xa non cara ás casas" en la parroquia de San Isidro. Así, se mostraba confiado en que los efectivos de extinción lograsen controlar la situación más pronto que tarde. "Notouse o traballo dos helicópteros", constataba el regidor.

Protección Civil de Ribeira aludía, de su lado, a otro factor: la niebla. "A humidade está comezando a entrar e tamén axuda que non hai vento", indicaba un efectivo después de pasarse todo el día enfriando el terreno quemado.

Integrado por seis técnicos 55 agentes, 98 brigadas, 51 motobombas, siete excavadoras, 14 aviones, 12 helicópteros y la Unidad Militar de Emergencias (Ume), el dispositivo tuvo que emplearse a fondo en una orografía compleja, con chalés y aldeas dispersas. En declaraciones a Efe, el alcalde de Ribeira, Manuel Ruiz Rivas, señaló que el abundante humo impidió, por momentos, "respirar normalmente". También admitió que llegó a temerse por el Hospital do Barbanza a consecuencia de un incendio sobre el que se extienden las sospechas de que pudo haber sido intencionado.

PONTEVEDRA. El otro punto principal de preocupación se centraba en Ponte Caldelas, en la parroquia de Xustáns, por la proximidad al lugar de A Canicouva. Afortunadamente, a última hora de este sábado, lograron estabilizar el fuego tras quemar 350 hectáreas. "El monte es un auténtico polvorín", lamentaba a edil de Seguridad y Protección Ciudadana de Pontevedra, Eva Vilaverde, que culpaba al "monocultivo de eucalipto" y a la falta de ordenación.

En una jornada en la que el presidente de la Xunta y el conselleiro de Medio Rural, José González, acudieron al Centro de Coordinación Central de Incendios de Santiago para comprobar la situación de primera mano, en la provincia de Pontevedra esta lacra dejaba 450 hectáreas devastadas en Caldas de Reis en un foco que seguía activo al cierre de esta edición. Controlados estaban en Arbo los que calcinaron 400 y 82 hectáreas en Mourentán y Barcela.

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