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La euforia corre más que la vacunación y alimenta el temor a brotes y pasos atrás

Celebración del fin del estado de alarma en la madrileña Puerta del Sol. LUCA PIERGIOVANNI
Celebración del fin del estado de alarma en la madrileña Puerta del Sol. LUCA PIERGIOVANNI
Galicia abandonó el anterior estado de alarma con las Uci vacías y un contagio diario frente a los 44 críticos actuales y casi 200 nuevos casos

Las ansias de libertad y normalidad de la gente tras seis meses de estado de alarma avanzan a mucha más velocidad que el proceso de vacunación contra el covid, un factor que unido al escenario de dudas legales sobre las nuevas restricciones conforma un cóctel explosivo que preocupa, y mucho, a las autoridades. Sobre todo porque a diferencia de lo que ocurría once meses atrás, cuando decaía el anterior estado de alarma tras 90 días de encierro forzoso, Galicia y España entran ahora en la nueva etapa pospandemia con peores cifras, lo que indica una mayor circulación del virus.

Ese es el decorado con el que los gallegos entran en esta nueva fase, al menos en lo cuantitativo —de números—, porque también es cierto que a nivel cualitativo se produjo un avance importante entre entre el 13 de junio de 2020 y el 9 de mayo de 2021: las vacunas. Su llegada redujo la mortalidad del covid, en algunos territorios hasta cifras anecdóticas, algo fundamental teniendo en cuenta que el principal reto es salvar vidas.

Pero con un 70% de la población todavía sin vacunar, existe preocupación, temor e inquietud a lo que pueda pasar en las próximas semanas, ya que hay comunidades con las Ucis saturadas y los sistemas sanitarios sometidos a mucha presión por culpa del covid, lo que repercute en el resto de la atención, en las listas de espera, operaciones, consultas... Además, la total libertad de movimientos entre territorios puede poner fin a las actuales burbujas en la incidencia del coronavirus, como en la que está Galicia.

Por eso las primeras imágenes de la libertad tras el fin del estado de alarma y el toque de queda —pese a que tienen posiblemente más de impacto simbólico que práctico en la incidencia— encienden las alarmas sobre posibles brotes que obliguen a dar pasos atrás en un momento clave para el país: a las puertas del verano.

COMPARATIVA JUNIO-MAYO. A nivel numérico, Galicia estrenó la nueva libertad tras el anterior estado de alarma el 13 de junio con unas cifras envidiables, como el resto de España, fruto del confinamiento domiciliario puro y duro decretado en marzo. Las Uci estaban vacías de pacientes covid y los hospitalizados en las cuatro provincias eran 7, frente a los 202 actuales, 44 de ellos en críticos.

Otro ejemplo del diferente escenario de once meses atrás y el actual son los casos activos. Cuando actualmente rozan los 3.000, en la anterior desescalada quedaban apenas 359. Aplicado a la provincia de Lugo son 221 frente a los 22 del 13 de junio. Pero lo más significativo quizás sea la tendencia, que hace casi un año venía a la baja al notificarse un único contagio al día en Galicia —130 en toda España—, mientras que ayer el Sergas cifró los nuevos casos en 24 horas en 189. Es decir, que hoy se detectan más casos en un día en la comunidad que en el fin del anterior estado de alarma en el conjunto del país.

Por eso, la actual incidencia en Galicia a 14 días, que es privilegiada con un 92,8x100.000, parece sin embargo un auténtico drama sanitario si se compara con la del anterior estado de alarma: 0,8. Y en España era de 9, frente a los cerca de 200 actuales.

Eso sí, si la comparativa se hace con seis meses atrás, cuando el Gobierno central aprobó el estado de alarma durante seis meses, la cosa cambia. El toque de queda y el resto de restricciones amparadas por esta figura legal funcionaron, ya que Galicia marcó aquella jornada del 25 de octubre de 2020 —cuando todavía se detectaban graves brotes en residencias e incluso en esa misma jornada uno en la banda de música de Antas de Ulla— un récord de casos en la escalada de la llamada segunda ola. Fallecían ocho personas y solo la provincia de Lugo acumulaba ya 651 casos activos.

Aquella lección de como en unos meses de verano se echó por tierra el durísimo esfuerzo de la primavera, que después se reprodujo todavía de forma más virulenta en Navidad, es el que ahora las autoridades quieren recordarle a la sociedad. Porque aunque es cierto que la mortalidad se desplomó, el virus circula, la sanidad se resiente e incluso se colapsa y la circulación de nuevas cepas del coronavirus añade incertidumbre a una pandemia para la que todavía no hay fecha de caducidad.

"CONFÍO NOS GALEGOS". Los mensajes apelando a la prudencia se multiplican estos días por parte de las autoridades. Este domingo mismo lo lanzó Alberto Núñez Feijóo desde los micrófonos de la Radio Galega, donde aseguró "confiar" en la "responsabilidade dos galegos", por ser esta la verdadera clave para doblegar la pandemia. Porque el presidente no ocultó que la inquietud en esta nueva fase se agrava por la falta de una legislación estatal y por el «atraso de mes e medio» en el plan de vacunación respecto al calendario previsto.

De ahí el temor a que en medio de la incertidumbre jurídica por las leyes y la sanitaria por las vacunas la euforia campe a sus anchas. Y el virus también.

El TSXG se pronuncia
Alberto Núñez Feijóo solicitará este lunes al Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) ratificar las medidas implantadas por la Xunta y avaladas por el comité clínico, como la prohibición de reunión de no convivientes de 01.00 a 06.00 o el toque de queda y los cierres en concellos de máximo riesgo. Feijóo admitió estar "tranquilo", ya que el TSXG avaló antes medidas similares como las de 2020 en A Mariña. Pero lamentó "deixar aos xuíces o labor dos epidemiólogos".

La euforia corre más que la vacunación y alimenta el temor a brotes...
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