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El turismo gallego, obligado a reinventarse tras el fin del año Xacobeo

El sector turístico gallego afronta 2011 con el complicado reto de demostrar que hay vida más allá del Xacobeo y que puede competir con otros mercados sin el paraguas del Año Santo. La resaca del 2010 puede favorecer la llegada de visitantes a la comunidad, pero los caballos de batalla para el año recién iniciado se resumen en dos: el exceso de oferta de alojamiento y el fin del efecto Xacobeo, que no volverá a celebrarse hasta dentro de once años.

Es probable que ningún otro sector note tanto el cambio de año como el turismo, una actividad fundamental en la economía gallega que representa el 10,4% del PIB autonómico y mantiene unos 130.000 puestos de trabajo. El Gobierno gallego sostiene que la repercusión del Año Santo y de su promoción turística se seguirán notando en este 2011. La opinión del sector es de cautela. Unos y otros asumen que el grado de ocupación --auténtico termómetro de la salud del sector-- bajará respecto al ejercicio precedente.

"En principio el 2011 va a ser muy duro; el consumo de los turistas que vienen a Galicia se ha reducido entre un 20 y un 30%, y acabamos de salir de un año muy fuerte, como fue el Xacobeo", asegura José Magaz, presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería de la provincia de Pontevedra. El cambio de año se une --en el caso de la hostelería-- a la entrada en vigor de las restricciones de la ley antitabaco, que también se traducirán en un descenso de los ingresos y que han puesto en pie de guerra al sector.

Tampoco es optimista el presidente de la Asociación de Hostelería de Santiago, José Antonio Liñares, que pronostica un comienzo de 2011 complicado por los efectos de la situación económica. "Claro que hay cierto temor; se termina el Xacobeo y empieza un año que no va a tener esa dimensión, y la crisis es cada vez más potente", sostiene Liñares, que pone en duda la repercusión que puede tener el 'efecto post Xacobeo'. "No son crecimientos significativos, estadísticamente no se notó en las otras ocasiones", mantiene.

Los datos de la encuesta de ocupación hotelera que elabora el Instituto Nacional de Estadística (Ine) revelan que los años siguiente a la celebración del Xacobeo se han caracterizado por caídas en la ocupación, sobre todo en aquellos meses que no son ni julio ni agosto. En 2000, el grado de ocupación en la provincia de A Coruña se redujo en septiembre del 58% al 42%, mientras que en junio descendió del 45% al 34. Todo ello, pese a que Santiago fue ese año una de las ciudades europeas que ostentó la capitalidad cultural.

La caída en la llegada de visitantes también se notó entre 2004 y 2005, cuando todavía no había aparecido la crisis y la economía gallega --y la española-- crecían a ritmos desorbitados. El descenso de reservas en meses como junio fue de cinco puntos.

El problema de la oferta
El análisis del grado de ocupación permite comprobar la salud del sector, ya que pone en relación la oferta de plazas con la llegada de turistas a esos establecimientos. Y es que nadie duda de que Galicia recibe más visitantes que nunca. Pero ese incremento de turistas ha venido acompañado de un importante crecimiento de la capacidad de alojamiento en la comunidad, lo que en la práctica supone más comensales para repartir una tarta de mayor tamaño.

Según reflejan datos oficiales, la oferta de plazas hoteleras en Galicia aumentó más de un 28% entre 2004 y 2010. El crecimiento fue todavía mayor en el turismo rural, un segmento cuyo número de camas creció por encima del 41% en ese periodo. El único que se ha estabilizado es el de los cámpings, un tipo de establecimiento con un público muy definido que se caracteriza por su fidelidad. Por eso prácticamente mantiene el mismo número de plazas.

La propia Xunta considera que en Galicia existe "un exceso de oferta de alojamiento", una debilidad que entronca con la falta de oferta complementaria. Esto último ha derivado en que el turismo gallego mantenga una reducida estancia media --de las menores de España-- y un bajo gasto diario. La conclusión: no se ha apostado lo suficiente por nuevos segmentos o nichos de mercado.

"La apuesta de recursos diferenciales del territorio y la continuación de la filosofía de calidad versus cantidad plasmada en las ayudas al sector serán actuaciones para conseguir mejorar la estacionalidad, e incrementar la estancia y el gasto medio de los turistas que nos visiten", sostiene Carmen Pardo, secretaria xeral de Turismo de la Xunta. La nueva marca turística de Galicia impulsada por el Ejecutivo autonómico trata de ir más allá de un cliente potencial que busca sol y playa o las rutas del Camino de Santiago. Queda por ver ahora la capacidad de la comunidad para atraer visitantes de otros nichos, como el turismo gastronómico, el náutico, el termalismo o el agroturismo.

Establecimientos rurales
La 'reformulación' del sector durante los próximos años también afectará al turismo rural, una actividad en la que Galicia fue una autonomía pionera y que en los últimos años ha dado síntomas de haberse estancado. Y es que ha crecido de forma espectacular en el resto del Estado --también en Portugal--, lo que obliga a los establecimientos gallegos a competir.

"Otras zonas de España con menos recursos que nosotros venden este producto todo el año", reconoce Manuel Vicente, presidente de la Federación Gallega de Turismo Rural (Fegatur), que aboga por que no se fomente la creación de nuevas plazas de este tipo con fondos públicos. Su opinión es la mayoritaria en el sector: resulta imprescindible desestacionalizar y no centrar todos los esfuerzos en los meses de verano.

Por su parte, Luciano Sánchez, presidente de la Asociación Gallega de Turismo Rural (Agatur), también considera que el número de plazas en Galicia "es suficiente". En este sentido, pronostica que la oferta "se va regulando" y que algunos establecimientos aprovecharán 2011 para cerrar sus puertas. Otros esperarán a que transcurra el mínimo marcado por la Administración para hacer lo mismo, tras haber recibido ayudas para la apertura.

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