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Feijóo, el coleccionista de mayorías absolutas

Feijóo, en 2009, 2012, 2016 y 2020. PEPE FERRÍN / ARCHIVO
Feijóo, en 2009, 2012, 2016 y 2020. PEPE FERRÍN / ARCHIVO
El líder del PPdeG iguala el hito histórico de Fraga con su arma habitual: mostrarse como un político sensato y previsible en medio del caos

CUANDO SE despertó, Feijóo todavía estaba allí. Sin gomina y con un hijo, pero al fin y al cabo allí, en el mismo lugar en el que lleva desde 2009 y del que parece que solo se moverá por voluntad propia. Es decir, cuando él quiera, no cuando le echen.

La broma con el relato corto del dinosaurio de Augusto Monterroso ya se la habían hecho en 2001 a Manuel Fraga, cuando logró su cuarta mayoría absoluta consecutiva en las elecciones gallegas. Ahora, Alberto Núñez Feijóo iguala al león de Vilalba y evidencia que el político de Os Peares es en la política gallega como Alemania en el fútbol: juegue quien juegue siempre gana. Desde anoche es, sin duda alguna, el coleccionista de mayorías absolutas. Y a sus 58 años -cumplirá 59 en septiembre- todavía tiene recorrido.

LAS LECHUGAS. Feijóo empezó a poner los cimientos de su triunfo cuando esta primavera, en una comparecencia en el Parlamento en plena crisis del Covid-19, firmó una de sus mejores intervenciones en una década. "Os galegos teñen que pedirlle permiso á Garda Civil para regar as leitugas?. Un pescador non pode ir ao río só, ao aire libre, en plena natureza? Pero que disparate é este?".

El discurso no fue una simple anécdota. Fue la constatación de que, en ese momento y con medio mundo patas arriba por el virus, él supo interpretar a la perfección la situación. Ofrecer sensatez en medio del caos en el que navegaba el Gobierno central. Feijóo alimentaba su mito mientras en Moncloa, sobrepasados por la situación, nadie era capaz de echarle una mano a Caballero y Tone.

Feijóo es más camaleónico de lo que parece, lo que le permite tanto a él como a su partido abarcar un enorme espectro electoral

En ese escenario, el camino hacia Monte Pío se le allanó al líder del PPdeG, que aprovechó su posición ventajosa en la Xunta y los buenos datos sanitarios para transitar sin problemas por una campaña que todos sabían que estaría marcada por el coronavirus. Ni siquiera su regular actuación en el debate -formato donde nunca se siente cómodo- o el susto final del brote de A Mariña le hizo cambiar la hoja de ruta. Las encuestas y, sobre todo, las sensaciones eran buenas. Y Feijóo no es de los que cambian. Al revés. Es muy «previsible», un valor en alza entre el electorado en tiempos convulsos.

EL NIÑO DE ALDEA. Pocos imaginan a Feijóo regando lechugas. Es más, la única vez que lo fotografiaron con una manguera en la mano fue en la polémica ola de incendios de 2006. Sin embargo, supo sacar petróleo de algo tan gallego "como ir á horta". Porque eso lo hace como nadie: saltar con naturalidad de los platós madrileños a las corredoiras de Os Peares.

Ya lo hizo cuando aterrizó en la Consellería de Obras Públicas en 2003, con la fama de buen gestor labrada en Correos o en Insalud en Madrid. Era un ejecutivo engominado, pero descifró pronto las claves autóctonas para hacerse con el mando del PPdeG en la sucesión de Fraga y, una vez al mando, coser la histórica herida entre el PP de la boina y el del birrete.

Después, unificado el partido, se lanzó a recuperar la Xunta y lo consiguió a la primera, en 2009, lo que ya catapultó su imagen dentro y fuera del partido, hasta el punto de generar dentro del PPdeG una absoluta dependencia de él, como se pude comprobar en los actos del AC Palacio del Carmen donde realiza sus grandes anuncios.

Otro detalle que corrobora que Feijóo es un político que abarca un amplísimo espectro electoral es su papel de ourensano de nacimiento, histórico residente en Vigo, con sede laboral en Santiago y coruñés a nivel político –y ahora también vecinal desde su paternidad en 2017– como protegido de Romay Beccaría, de la mano del que dio sus primeros pasos en la Administración. Él es capaz de ejercer como gallego de todos los sitios.

Consello de la Xunta

Hasta en Madrid, donde la oposición lleva situándolo casi una década y desde donde ya mismo volverá a recibir llamadas para acudir al rescate de un partido que ahora parece incapaz de encontrar en centro.

Fiel a sus costumbres y a las fórmulas que funcionan hasta rozar la superstición, en los últimos quince días visitó a su aldea natal de Os Peares y dio un mitin en la plaza de toros de Pontevedra, como hace en cada cita electoral. Y también volvió a ocultar las siglas del partido para primar su nombre y el de Galicia en una campaña que volvió a confiar al mismo grupo reducido del que se rodea desde 2009.

Lo dicho, Feijóo es un tipo demasiado previsible. Como los resultados del 12-J.

Feijóo, el coleccionista de mayorías absolutas
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