La calidad de vida de Galicia retrocede cinco años por la insatisfacción existencial

Es la quinta autonomía con menor puntuación global en 2022, solo por encima de Melilla, Andalucía, Canarias y Ceuta, a pesar de que destacan sus resultados en seguridad y educación
Un grupo de gente disfruta de las terrazas de los bares en Viveiro. JOSÉ Mª ÁLVEZ
photo_camera Un grupo de gente disfruta de las terrazas de los bares en Viveiro. JOSÉ Mª ÁLVEZ

La calidad de vida de la que gozaba Galicia hasta el impacto de la crisis económica de 2008 tardó ocho años en recuperarse. Lo cierto es que los valores –objetivos y subjetivos– con los que el Instituto Nacional de Estadística (Ine) intenta calibrar esta cuestión fueron aumentando paulatinamente entre 2014 y 2020. Con la pandemia plenamente establecida, el balance gallego quedó estancado en 2021 y, el año pasado, terminó por desplomarse hasta quedar por debajo de los niveles que arrojaba en 2018. La razón no está en las condiciones materiales –que poco o nada han cambiado de un año a otro, según la estimación objetiva del informe–, sino en la denominada experiencia de vida, una sección que trata de evaluar el bienestar subjetivo de las personas a través de su satisfacción existencial, las emociones que experimentan y su percepción sobre el sentido de la vida. Y en ningún otro lugar de España la puntuación de este apartado es tan baja como en Galicia.

El Indicador Multidimensional de Calidad de Vida, publicado este martes, es un análisis experimental a través del cual el Ine pretende medir el progreso de la sociedad y el bienestar de los individuos más allá de los datos de desarrollo económico. Es decir, una visión panorámica semejante al que traza la Onu con el Índice de Desarrollo Humano. Para ello se puntúan sesenta indicadores repartidos en nueve dimensiones. Y solo en dos de estas últimas, las de seguridad y educación –donde ofrece la cuarta y la sexta mejor ratio del país, respectivamente–, Galicia queda por encima de la media española –que por su parte también se reduce hasta ser inferior al cómputo de 2018–. No por nada, es la quinta autonomía por la cola en resultados globales, solo por encima de Melilla, Andalucía, Canarias y Ceuta en una clasificación en la que, en cambio, Navarra, La Rioja y Aragón repiten en el podio.

La nota de la comunidad se recorta de los 100,34 puntos de 2021 a los 99,68 del curso pasado. Y eso a pesar de la mejora que muestran los capítulos sobre cuestiones laborales, salud –en el que no obstante aparece en el antepenúltimo puesto autonómico–, educación, seguridad y medioambiente. El total se contrae, pues, a causa de los descensos en las preguntas sobre gobernanza y derechos básicos y, sobre todo, por esa experiencia de vida –que cae más de dos puntos– y por el ocio y las relaciones sociales –donde el retroceso es de más de cuatro puntos–.

Menos felices

La dimensión sobre gobernanza y derechos básicos evalúa en primer lugar la confianza del ciudadano en el sistema político, en el sistema judicial y en la policía, y las respuestas de los gallegos destacan por su descrédito: el 87,5% tiene una confianza baja o muy baja en los políticos, el 74,6% en los jueces y el 36% en los agentes del orden; siempre entre los dos mayores porcentajes de España.

Pero son tasas que no se actualizan desde 2013, por lo que no es aquí donde pincha la puntuación en Galicia: es en la subdivisión relativa a la participación ciudadana, que incluye información sobre las personas que han asistido a actividades de partidos políticos, manifestaciones, etcétera. Y la tasa de gallegos que ha tomado parte en actos de este tipo ha disminuido desde el 8,2% de 2015 al 5,8% del año pasado. ¿La razón principal? Seis de cada diez encuestados alegaron falta de interés.

Pasando al ocio, destaca que los gallegos dejan la segunda media más baja en cuanto a la satisfacción con el tiempo disponible para hacer lo que a uno le gusta: un 6,4 sobre 10. El 17,4% pone un suspenso. Y con un 7,6 –tres décimas menos que antes de la pandemia–, son los menos contentos con el estado de sus relaciones personales con familiares, amigos, vecinos y conocidos. Con todo, la mitad afirma confiar bastante en los demás, más o menos en línea con la postura general del país.

Los gallegos son los menos contentos con sus relaciones personales y, en satisfacción con el tiempo libre, ponen la segunda nota más baja

Son respuestas que bien puede conectarse con esa dimensión existencial del estudio. Aquí se recoge la pregunta sobre en qué medida piensa el encuestado que lo que hace en su vida merece la pena. La valoración media de los gallegos es del 6,9, la más negativa de todas las comunidades. Aunque, de nuevo, este dato concreto es de 2013. Lo que sí varía, y para peor, es el sentimiento de felicidad, algo que el 72,5% decía experimentar muy a menudo en 2018, por el 66% de 2022. Un 2% admitió no haberlo tenido ni una sola vez en el último mes. Igualmente, mientras que en 2021 el 69% de los gallegos aseguraba sentir una satisfacción alta o muy alta con su vida, el año pasado eran el 64,8%.

Es un toque de atención, habida cuenta de que la comunidad es la segunda de España con más suicidios en términos relativos, según las estadísticas del Ine y del Imelga, que cifra en 340 las muertes por esta causa en Galicia 2022.

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