Acusado de agredir sexualmente a la hija de su ex en Baiona lo atribuye a denuncia falsa

El hombre se enfrenta a una pena de 15 años de prisión y sostiene que de la querella fue motivada por una discusión con la menor
El acusado de violar a la hija de su pareja en Baiona niega los hechos. EUROPA PRESS
photo_camera El acusado de violar a la hija de su pareja en Baiona niega los hechos. EUROPA PRESS

El acusado de una agresión sexual a una menor, que tenía entre 11 y 14 años en el momento de los hechos que se juzgan, rechazó este jueves que hubiera mantenido cualquier tipo de contacto sexual con la niña, hija de su expareja, con la que convivía en Baiona, y también que le hubiera sacado fotos de contenido pedófilo, mientras que el fiscal consideró probados ambos delitos.

"En todo momento fue como una hija para mí y jamás se me pasaría por la cabeza hacerle ningún tipo de daño y mucho menos esas aberraciones". Así cerró la vista el encausado, que se enfrenta a una pena de 25 años de cárcel por los delitos de agresión sexual a menor de 16 años y por elaborar material pornográfico.

Él ha atribuido el caso a una denuncia falsa de la niña, con la que convivía, y de la que posteriormente ella se retractó, hasta el punto de que volvieron a vivir juntos un par de meses en 2021, momento en que concluyó la relación con la madre de la pequeña.

Relató que la pequeña dormía en una habitación con su tía, en la parte inferior de una cama nido, y que la única noche que él pasó con ella fue dos días antes de que presentara la denuncia, tras volver de una cena con compañeras de trabajo, y en una cama contigua a la que ocupaba el otro hijo de su expareja.

Dijo que él no toma alcohol y que esa noche se metió en la cama de la niña porque el niño, aunque era más pequeño, tenía más cuerpo. Admitió que él tenía más afinidad hacia la menor y aseguró que se acostó a su lado porque en la cama donde estaba su pareja estaban los tres perros, uno de ellos enorme, y no pensó en quitarlos de allí.

El acusado sospecha que la menor denunció por la "bronca" y los "bofetones" que se había llevado de su madre a raíz de una discusión anterior con su tía y una prima por acceder a redes sociales, porque ellos tenían el control parental del teléfono de la niña pero este se desactivaba cuando le compartían los datos, momento que la hija aprovechaba para subir "fotos suyas delante del espejo de casa insinuándose". 

Respecto a los restos de ADN que aparecieron en un hisopo vaginal de la menor, lo atribuyó a una "contaminación" de la prueba por parte de la niña.

En cuanto a los vestigios que aparecieron en un colchón, lo justificó porque él lo trasladaba cada semana a la habitación en la que dormía la pareja para ver películas y se mostró convencido de que los restos de esperma hallados procedían de las relaciones de los dos adultos, que después de mantenerlas tiraban la ropa manchada a ese colchón, extremo, este último, al que dio validez la madre de la niña.

La menor se retractó de la denuncia posteriormente y volvieron a convivir un par de meses, pero cesó esa convivencia porque, según él, chocaban y "la relación era fría con la menor", a la que notaba incómoda. 

El acusado rechazó haber elaborado pornografía infantil y negó que las fotos que se presentaron como pruebas fueran de la menor y mucho menos que él las sacara porque las manos que aparecen en ellas no son las suyas, puesto que tiene un defecto de nacimiento: los pulgares grandes. 

La niña y otra menor declararon a puerta cerrada, sin contacto visual con el acusado, a petición de la fiscalía, que ejerce la acusación, y con la conformidad de la defensa. 

La madre de la menor dijo que inicialmente creyó a la niña porque "relataba cosas sexuales" que ella y el hombre hacían o que él le solicitaba y a las que ellas no accedía, y porque la niña "fue muy clara expresándose".

Ella tuvo noticia de la denuncia por la Guardia Civil, ya que fueron la tía y la prima de la niña quienes acompañaron a esta a denunciar porque "tenía miedo de que no la creyera", justificó.

La madre afirmó que "mes y pico" después de la denuncia, Alejandro se puso en contacto con ella y le "comió la cabeza", al igual que su abogada, la "manipularon" y le hicieron "cambiar de idea". También contó que, por ella, la niña "cambió la versión" y retiró la acusación.

La madre aseguró que el reloj que aparece en una de las fotos presentadas como prueba se lo regaló ella, y también que las sábanas eran las suyas.

La tía dijo que la niña le contó que por las noches él se levantaba de cama y se metía en su cuarto, que la agredía sexualmente, y por eso la llevó a denunciar.

Los forenses del Imelga sostuvieron como "prácticamente imposible" que lleguen restos biológicos a una vagina sin contacto directo.

Aunque no apreciaron lesiones agudas en la zona genital de la menor, señalaron que no tiene por qué haberlas si la agresión es repetida en el tiempo e indicaron que el hecho de que no detectaran restos de himen puede sugerir repetición o deberse a la propia constitución de la persona.

Los psicólogos del Imelga no advirtieron secuelas en la menor, tampoco, a la vista de los informes, la percibió la perito psicóloga propuesta por la defensa, que observó "inconsistencias e incongruencias en el relato", como haber cambiado la ubicación en la que se produjo la agresión denunciada o haber dicho que llevaba pantalón corto y ahora diga que creía que era largo.

Respecto a las fotos del móvil, un perito informático de la Guardia Civil atribuyó, con rotundidad, al titular del dispositivo las imágenes que aparecieron en la memoria caché.

El fiscal consideró "absolutamente verosímil, creíble y sólido" el testimonio de la menor con la salvedad de cuando se retractó y la discordancia respecto a la ropa que llevaba.

También entendió probada la elaboración de las fotos de contenido pornográfico en las que aparece, supuestamente, la menor e interpretó como "incuestionable el daño moral" y la solicitud de una indemnización de 15.000 euros.

En cambio, la defensa percibió el relato de la menor "lleno de incongruencias, de contradicciones", lo atribuyó a una "denuncia intencionada", y pidió la libre absolución porque no hay secuelas físicas ni psicológicas de ningún tipo que pueda dar una pista sobre que sufriera el tipo de agresión que denuncia.

Sobre las imágenes, precisó que al acusado le quitaron el móvil en el momento de la denuncia y "no pudo borrar nada", pero "misteriosamente" desaparecieron "todas las fotos" salvo tres. Además, aseguró que la niña no se reconoció en una de esas fotografías. 

La Fiscalía solicita para el acusado 15 años de prisión por un delito de agresión sexual continuada a menor de 16 años, prevaliéndose de una situación de convivencia y de una relación de superioridad o parentesco, y otros 10 años de cárcel por un delito de elaboración de material pornográfico con menores de 16.