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Armada: ''Yo ya no digo nada sobre mi inocencia en el 23-F''

El ex general Armada, figura clave de la historia clave de la historia de España por su participación en el golpe de Estado, nos recibe en su pazo a las orillas del río Ulla, donde revela que sigue siendo monárquico.

En las distancias cortas, el marqués de Santa Cruz de Rivadulla (Madrid, 12 de febrero de 1920) es hoy un bisabuelo muy familiar, afable, cercano y de fuertes convicciones religiosas. Charlando con él en su pazo medieval de Vedra, a unos 20 kilómetros de Santiago, no da la impresión de estar ante un golpista. ''A ver si a usted le pasa como a Jesús Gil -me advierte al confesarme mi sorpresa-, que en su día me dijo "Encantando de conocerlo, me lo imaginaba como una fiera y es usted muy accesible''. Así de cercano soy yo, fíjese usted lo mal que lo han hecho los que me han reflejado''. Lo dice quien fue condenado a 30 años de cárcel por ser considerado el ''elefante blanco'' del fallido golpe de Estado que pudo cambiar el rumbo de este país.

Pregunta
: Bienvenido a Galicia. ¿Qué tal se encuentra aquí?
Respuesta
: Yo aquí estoy en la gloria. Doy muchas gracias a Dios por todo lo que me ha dado. Me ha dado muchísimo, mucho más de lo que me merezco. Porque yo heredé esta finca de mis padres, tengo una familia extraordinaria que me cuida y me hace el tiempo agradable y aquí estoy completamente feliz. Hombre, creo que en el cielo estaré mejor porque soy creyente, pero estoy encantado. No puedo estar todo el tiempo aquí porque tengo 10 hijos, 25 nietos y 14 bisnietos y tengo que atenderlos, y ellos están en Madrid. Pero aquí, adonde además vienen todos felices, me siento encantado. Pregúntaselo a cualquiera.

[Entonces, el marqués cambia por un momento el papel de entrevistado por el de entrevistador con un empleado que pasa junto a él].
-Manolo, ¿estoy aquí contento o no?
-Está contentísimo, y quiere estar aquí siempre, el problema es que no puede, responde el trabajador con una sonrisa.
-¿Y me hacéis la vida cómoda o incómoda?, insiste el marqués.
-Intentamos hacérsela cómoda. Él nunca nos ha berrado, ni un grito, siempre nos da las gracias.
-Ellos me miman y yo trato de devolvérselo, porque de lo contrario sería un desagradecido, apostilla Don Alfonso, como le llaman en el pueblo.

P: En todo caso, este año es la primera vez que viene...
R: Este año sí, porque tengo 91 años. Ahora me iré a Madrid a votar, porque estoy empadronado allí, pero ya vuelvo a pasar el verano.

P: Tiene usted 91 años muy bien llevados. ¿Cómo se encuentra de salud?
R: Muy bien, sin entrar en detalles. ¿Por qué? Porque tengo 91 años y tengo limitaciones. MIre, yo saltaba siempre un arroyo, y una vez al saltarlo casi no pude y me di cuenta de que iban pasando los años. Yo ahora no puedo correr, hacer... pero gracias a Dios estoy bastante bien.

[Correr no, pero andar lo hace sin dificultad con la única ayuda de su grueso bastón de madera].

P: Vive usted a caballo entre Galicia y Madrid. ¿Prefiere esto o la vida de la capital?
R: Hombre, yo prefiero esto, pero en Madrid también tengo el aliciente de tener a todos mis hijos.

P: ¿Cuánto personal tiene aquí?
R: Cuidando la finca, entre los caseros y el personal del vivero, unas diez personas.

P: ¿Y qué relación tiene con los vecinos?
R: ¡Estupenda! Yo procuro portarme bien con ellos, pero eso pregúnteselo usted a mis vecinos (risas).

P: Les tiene cedida la capilla para la misa de los domingos y abre los jardines el día de las fiestas patronales. Ahora tengo entendido que les ha cedido terrenos para construir una iglesia...
R: No, para construir una iglesia no porque me parece un disparate, teniendo una aquí y 36 en todo el concello de Vedra. Se los he donado para ampliar un poco el campo de la fiesta.

[La capilla, situada en el interior del pazo, está adosada a la vivienda del ex general y alberga uno de los retablos más antiguos de Galicia].

P: ¿Cómo se define, señor Armada?
R: ¿Que cómo me defino? Como una persona que quiere servir a todos sus convencinos y amigos. Mi afición es servir, lo mismo que hacía Jovellanos, que quería la felicidad de la gente.

P: ¿Y qué fue lo que le reportó a usted más felicidad en su vida?
R: Pues quizá la familia, mi mujer y mis hijos, que son los que más felicidad me han dado.

[Mientras el ex general concede la entrevista en una salita improvisada en el patio del impresionante pazo, su esposa enseña a su cuñada, que acaba de llegar de Madrid de visita con el hermano del marqués, lo bonitas que están las flores en un jardín anexo].

P: Me sorprende su cercanía. Pensaba que los periodistas no le gustábamos al tener una larga lista de peticiones sin atender...
R: No tengo recelo ninguno, lo malo es que les contesto a todo lo que me preguntan. El problema de los medios de comunicación es que si ahora usted va y me pinta como le da la gana... Pero yo no soy nada difícil, al contrario.

P: Debe estar cansando de llevar toda la vida diciendo que es inocente.
R: Yo ya no digo nada. Yo no me juzgo a mí mismo, dejo que otros me juzguen.

P: ¿Cómo ex militar, ¿cómo se ve el actual Ejército con una mujer al frente?
R: Yo no le puedo contestar a esto porque estoy muy ajeno. Ahora bien, yo soy de las personas que creen que las mujeres, si son inteligentes y saben realizar su profesión, lo pueden hacer divinamente; no tengo ningún prejuicio.

P: Haciendo balance de su vida, ¿qué le queda por hacer?
R: Pues prepararme para una buena muerte, porque mi deseo es ir al cielo. Yo me defino como católico, monárquico y español.

P: ¿Alguna vez estuvo Don Juan Carlos de visita aquí en el pazo?
R: Vino, sí, cuando estudiaba en Marín, antes de ser rey.

[Pese a sus raíces, ni el ex general ni ninguno de sus diez hijos han nacido en Galicia, algo que sí hicieron sus nietos, ''uno de ellos a los tres minutos de morir Franco'', revela Armada].

''MÁS QUE VIVIR COMO UN MARQUÉS TRABAJÉ COMO UN MARQUÉS; INCLUSO VENDÍ MIS CAMELIAS EN MADRID''


El que según la historia del 23-F estaba llamando a ser presidente de España tras el golpe de Estado nos enseña su impresionante finca, de 38 hectáreas, hoy un importante centro de producción de plantas, especialmente camelias, de las que el ex general es un entendido. ''Tenemos 500 varieades y mi preferida es la ortigueira, que lleva el nombre de esta granja'', confiesa durante el paseo, haciendo gala de su envidiable salud cogido del brazo de su hija Rosario, que destaca que su padre ''es muy disciplinado''.

P: ¿Cómo nace su afición por las camelias?
R: De vivir en esta finca, donde hay una colección fabulosa.

P: ¿Y cómo decidió explotarla comercialmente?
R: Porque empezamos a reproducirlas con mi hijo y hoy es la camelia pionera en Galicia. Luego nos han copiado mucho pero...

[Su hijo Juan también se encuentra en ese momento en la finca. Su hermana, avogada, nos explica al cruzarnos con él que es ingeniero agrónomo y que ha sido jefe en el botánico de Madrid].

P: ¿Diría que hizo justicia al dicho de que vivió como un marqués?
R: ¡Yo diría más bien al de trabajar como un marqués! (risas). Para mí ser marqués es un orgullo. Mis antepasados ganaron el título y yo deseo conservarlo lo mejor posible. Pero he trabajado, ¿eh?

P: En el pueblo me han contado que usted en persona ha llevado camelias para vender a la plaza.
R: Eso es una leyenda urbana (risas). Pero lo que sí hice, cuando empezamos a comercializar la rama de la camelia, fue llevarle, allá por el año 40, un fajo a una floristería a Madrid. No me lo quisieron comprar y se lo regalé. Cuando volví a casa dije: que me manden otros dos fardos, y se los volví a regalar.

P: Hizo usted de comercial.
R: Sí. Y entonces vino el que les suministraba y me dijo: usted me arruina. Yo le respondí: tengo muchas y quiero podarlas. Y desde entonces empezaron a comprármelas (risas).

''Jovellanos pasó aquí los mejores días de su vida''

''En la cárcel conocí a fondo a Don Melchor Gaspar Jovellanos. Me impresionan sobre todo, su sólida formación cristiana, su amor a la patria y su resignación''. Durante los años que el ex general Armada pasó en Alcalá Meco por los sucesos del 23-F leyó mucho sobre la figura de aquel ilustre gijonés que había pasado una larga temporada en la que hoy es su residencia habitual en Santa Cruz de Rivadulla, allá por 1811. Los aspectos más destacados de aquella visita y unas cartas de Jovellanos a la entonces marquesa le permitieron a Armada escribir ahora Recuerdos de Santa Cruz. Veladas con Jovellanos. Don Alfonso me regala un ejemplar del libro y da un largo paseo para posar en el banco de piedra en el que, según la tradición, el entonces ministro de Gracia y Justicia de Carlos IV firmó la Memoria en Defensa de la Junta Central. Lo conmemora una placa ''que pusimos ayer mismo'', con motivo del doscientos aniversario, explica el marqués, que añade. Le firmo el libro pero no se lo puedo dedicar porque ya no veo bien. Mis hijos me leen todos los días las noticias. Armada habla con pasión sobre Jovellanos, aunque matiza que ''a él no le gustaban los toros, pero a mi sí me gustan''. ''La carta en la que cuenta cómo lo pasó en Santa Cruz es mi preferida. Leála. Dice que aquí pasó los dias más felices de su vida''.

 

 

Armada: ''Yo ya no digo nada sobre mi inocencia en el 23-F''
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