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Un agente, sobre Ana Julia Quezada: "Parecía buscar también el dinero de la recompensa"

Ana Julia Quezada. CARLOS BARBA
Ana Julia Quezada. CARLOS BARBA
La asesina confesa se decía: "Ana, no vas a ir a la cárcel"

Ana Julia Quezada, la única acusada por la muerte de Gabriel Cruz, "parece una persona a la que le gustaba el dinero" y, además del asesinato del niño, "no sabemos si buscaba cobrar un dinero. Es macabro pero parece que por ahí iba la cosa", ha declarado este jueves el comandante Montero de la Unidad Central Operativa (Uco) de la Guardia Civil.

"Fue una investigación muy dura porque buscábamos a un niño vivo, no se planteó como un homicidio. Si hubiese sido así, no se habrían empleado tantísimos recursos como en esta investigación", ha añadido el comandante, que en aquel momento estaba a cargo de la Sección de Homicidios, Secuestros y Extorsiones de la Uco.

Tras afirmar que "pocas investigaciones" como la búsqueda de Gabriel Cruz han tenido tantos recursos, el comandante ha señalado durante la cuarta sesión del juicio que fueron días "muy intensos" y con turnos de "casi 24 horas".

Sobre el móvil económico, ha apuntado que era una posibilidad porque "no había nada que nos dijera que Gabriel estaba muerto" pero que "cada día que pasaba, nos caía una losa de realidad" encima y "nunca llegó una solicitud de dinero".

Ana Julia: "Ahora a llevárselo de aquí"
Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, decía mientras introducía al pequeño en el maletero de su vehículo: "Ahora a llevárselo de aquí", según ha manifestado el teniente de la Guardia Civil que instruyó las diligencias del caso en referencia a las grabaciones realizadas en el interior del coche.

El teniente, que ya intervino en la sesión del miércoles, ha ratificado el contenido de las transcripciones de dichas grabaciones y ha reiterado que la acusada se arengaba diciendo en voz alta: "Ana, no vas a ir a la cárcel".

Junto a un agente que pertenece al grupo de Homicidios de la Policía Judicial de la Comandancia de Almería, que también fue comisionado para poder tomar declaración a diferentes testigos en Burgos, han explicado que los micrófonos no grababan de forma permanente.

Al contrario, uno de los micrófonos se activó cuando se introdujo el cuerpo en el maletero y grabó la primera secuencia de palabras, y posteriormente cuando cerró el portón la acusada, se registró un sonido "compatible" con la limpieza de las zapatillas de la acusada y el resto de frases manifestadas.

El agente que fue a Burgos ha dicho que el padre de Judith, hija de la acusada, le indicó que mientras estaba casado con Quezada tuvo dos episodios de fiebres "muy altas" y que los médicos no pudieron determinar el motivo, estando ingresado dos o tres días en cada ocasión.

Señaló este testigo que en un viaje corto a Madrid, se empezó a sentir "muy mal", que no sabía cómo había llegado a su casa y que tras conocer lo que había ocurrido con otras parejas de la acusada, pensó que ésta podría tener algo que ver, porque tras terminar su relación con ella no ha vuelto a tener otro episodio de este tipo.

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