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El exedil acusado de homicidio : "Bebí un vermouth, vino en la comida y una copa, lo normal"

Un conductor al volante. EP
Un conductor al volante. EP

Los agentes sostiene que el día del siniestro olía a alcohol, aunque otros testigos lo niegan

El exconcejal del Ayuntamiento de Pravia, Diego Cuervo, ha admitido este lunes en el juicio por el que se le acusa de homicidio por imprudencia grave por un accidente de tráfico, donde invadió el carril contrario el pasado 23 de julio del 2017 chocando frontalmente contra otro vehículo, donde su conductor fallecía en el acto, que bebió "lo normal en una boda, un vermouth, vino en la comida y sólo una copa, y después de aguas y refrescos", y la causa del accidente es que se durmió debido al cansancio de todo el día. 

Éste ha sido el testimonio del acusado que ha tratado de justificar las causas del accidente ante las preguntas de la acusación particular, el ministerio fiscal y su abogado defensor, en el juicio oral que ha tenido lugar este lunes en el Juzgado de lo Penal Número 2 de Avilés, donde el exedil praviano afronta una petición de pena de cuatro años de prisión por un delito de homicidio con imprudencia grave y un delito de conducción bajo la influencia del alcohol. 

El acusado ha relatado que el 22 de julio del 2017 asistió a una boda en Salinas a partir de la 13.30 horas. Alrededor de las 02.30 horas se dirigió a Pravia en un autobús con el resto de invitados. Después de hablar con algunos amigos fue al Ayuntamiento de Pravia donde tenía aparcado su vehículo, y emprendió rumbo a su casa de la que el separan tres kilómetros. 

La Fiscalía y la acusación particular han sostenido que en ese trayecto, a los 800 metros de salir el acusado se sale de la vía y estampa su coche contra el quita miedos de su arcén derecho, no produciéndose avería y prosiguiendo la marcha, hasta que 1,2 kilómetros después, a sólo un kilómetro de su casa, invade el carril contrario 1,10 metros y estrella su vehículo frontalmente contra el de la víctima, que fallece en el acto. 

"Estaba en perfectas condiciones para conducir, y conozco la carretera porque voy todos los días por ella, puede ser que rozase la valla como dicen, pero no lo recuerdo, y el siguiente recuerdo que tengo es intentar salir del vehículo porque estaba atascado, y reconozco a Severiano que me abre la puerta", ha explicado Cuervo. 

Sin embargo, la Guardia Civil de Tráfico le practicó dos prueba de alcoholemia, la primera a las 4.14 horas, donde arrojó una tasa de 0,86 miligramos por aire expirado, y otra a las 4.54 horas, donde dió 0,87 miligramos. "Me sorprende la tasa porque no bebí para dar esa tasa, además no me dieron a firmar nada, y creía que en el hospital me iban a hacer el contraste de sangre, y no me lo hicieron y la Guardia Civil no me informó de que tenía que solicitarlo yo", ha comentado el acusado. 

TESTIGOS. El juicio oral ha contado con siete testigos a los que se les ha tomado declaración. Tres guardias civiles de tráfico, los dos conductores que llegaron antes de la guardia civil al accidente, y dos compañeros del acusado que estuvieron en la boda con Diego Cuervo. 

En primer lugar comparecieron los tres agentes de la Benémerita que coincidieron en señalar el estado ebrio que presentaba el acusado el día de autos. "Cuando llegué vi al acusado acostado en el lateral del coche, y cuando me acerqué me llegó un tremendo olor a alcohol que desprendía el acusado, y no tenía ninguna duda antes de la prueba, que estaba totalmente bebido", ha sostenido uno de los guardias civiles. 

La defensa ha incidido en un error en el atestado y ha pedido al juez que estimase, que la prueba de alcoholemia fuese denegada como prueba, por vulnerar los derechos de su cliente, al no haber firmado esa prueba y al a ver un salto entre ambos controles del 401 al 403. "El salto se produce porque cuando le vamos a practicar la segunda prueba dentro de la ambulancia el alcoholímetro salta porque el ambiente está muy cargado de alcohol y sale un ticket que es el 402. Tuvimos que abrir las puertas de la ambulancia para airear y practicarle la segunda prueba", ha incidido otro agente. 

Sin embargo los dos testigos que llegaron primero al accidente, no han constatado que el acusado estuviese ebrio a simple vista. "Él me dijo, la que armé, la que armé, pero yo no puedo decir que estaba bebido" ha aclarado José Manuel Busto. "Yo le abrí la puerta del coche, me llamó por mi nombre porque nos conocemos, pero yo estuve hablando con él y no noté que oliera a alcohol", ha señalado Severiano Monteserín. 

Por último los dos compañeros-amigos de Diego Cuervo, han corroborado la versión del acusado que no había bebido en exceso el día de la boda. "Después de bajarnos del autobús en Pravia, estuvimos hablando diez minutos y lo vi bien", ha explicado Miguel Parda. "Durante la boda estuvimos incluso hablando dos horas de piragüismo sin consumir nada", ha apostillado Jorge Rodríguez. 

CONCLUSIONES FINALES. Después de escuchar todas las declaraciones llegó el turno de las conclusiones finales de acusación y defensa. La fiscal del caso ha mantenido la pena de 4 años de prisión por homicidio con imprudencia grave. "Ha reconocido el acusado que ha bebido lo normal en una boda, hay un atestado objetivo, que dice todo lo contrario al acusado, y dice que estaba aturdido cuando le practicaron las pruebas de alcoholemia, pero para llamar a su padre no estaba aturdido", ha manifestado la fiscal. 

Por su parte la acusación particular mantiene la petición de fiscalía de 4 años de cárcel, y no contempla ningún atenuante para rebajarle la pena de prisión. "El acusado cuando iba en el autobús camino a Pravia vio un control de la Guardia civil de alcoholemia, y entonces cuando llegó a Pravia creyó que libraba dicho control y cogió su vehículo. Y en apenas un minuto y medio comete dos conducciones temerarias, la primera contra el guardarrail, y la segunda contra el vehículo que circulaba correctamente por su carril", ha manifestado Javier Moure.
 
Por último, el abogado defensor, Miguel Ángel Fernández, ha pedido retirar los cargos de homicidio por imprudencia y dejarlo en un delito de imprudencia, que tiene una pena de entre 1 y 4 años de cárcel. "La prueba de alcoholemia no se ajusta a la legalidad vigente, los testigos dicen que no percibieron alitosis alcohólica en el acusado, y el accidente se produce por cansancio, que nos puede pasar a cualquiera". Tras dos horas de vista oral, el juicio ha quedado listo para sentencia. 

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