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"La gente ofrece sus casas para acoger a personas y animales"

Carla Fernandez Campoy. DP
La lucense Carla Fernández Campoy, con el volcán al fondo. EP
Un economista de La Palma que vive en Lugo y una lucense que reside en la isla explican cómo están viviendo la erupción del volcán

Manuel Morera es un economista de La Palma que vive en Lugo y Carla Fernández Campoy es una lucense que reside en La Palma. Ambos nos cuentan cómo están viviendo ellos y sus familiares la erupción del volcán de la Cumbre Vieja. 

"La lengua de lava está avanzando demasiado lenta, a menos velocidad de lo que una persona a pie"

Manuel Morera

"El domingo por la noche evacuaron a mi madre, pero por el riesgo que pueden entrañar los gases". El economista Manuel Morera, natural de La Palma y que lleva más de media vida residiendo en la capital lucense, está siguiendo con "relativa tranquilidad" la erupción del volcán.

Esa relativa tranquilidad se debe, según explica, a que sus familiares están fuera de peligro y a que la lengua de lava está avanzando a "un kilómetro y medio" de distancia de la vivienda de su progenitora, sita en La Laguna, una aldea que pertenece al municipio de Los Llanos.

Su madre, de 85 años de edad, fue evacuada con solo lo puesto, por lo que este lunes su primogénito, que también vive en la isla, solicitó autorización para acudir a casa a recoger enseres, lo que pudo hacer acompañado de un agente de la Guardia Civil.

Esa preocupación fue anoche a más cuando sus familiares y sus amigos que residen en La Palma, con los que está en permanente contacto, le informaron que la lengua de lava parecía que se bifurcaba y que se podía aproximar a la aldea de Todoque, por lo que se podría llevar por delante a "muchas más casas".

Este economista explica que por las noticias que recibe desde su isla natal la lava está avanzando "demasiado lenta", dice que "a menos velocidad que una persona a pie", y que la lengua se va ensanchando.

TESTIGO EN 1971. Esta vez Manuel Morera está siguiendo desde la distancia esta erupción volcánica. Pero sí fue testigo de la anterior, que se registró hace medio siglo, en 1971, en el Teneguía. Recuerda que entonces, cuando él tenía 11 años, lo llevó su abuelo para que pudiese verla.

En la zona por la que circula la lava, según detalla Manuel Morera, abundan los cultivos de plátanos y, en menor medida, de aguacates y los ganaderos suelen dedicarse a la cría de cabras, porque se elabora un conocido queso con su leche.

Precisa que La Palma no es una isla turística al uso como sus vecinas de Canarias. Sí hay colonias de alemanes que la eligen para pasar su retiro dorado, una vez jubilados o cuando están a punto de pasar a la reserva laboral, y recibe a visitantes aficionados al senderismo atraídos por su ruta de los volcanes. Destaca también que es el escenario de una prueba deportiva extrema, la Transvulcania, de más de 73 kilómetros de distancia, con participantes de todo el mundo.

La última vez que visitó su tierra natal fue el pasado mes de diciembre. Recuerda que salió de Lugo con nieve, se subió al avión y cuando llegó a La Palma pudo ir a la playa.

El avance de la lava hacia las casas
La lava se dirige a Todoque. CEDIDA
La lengua de lava se dirige hacia Todoque, una localidad de La Palma de más de 1.300 habitantes. Va a pasar por mitad del pueblo. Se llevará por delante, si sigue la misma dirección, casas, el centro de salud, la iglesia, bares... En esa zona hay colonias de viviendas unifamiliares de alemanes y fincas de plátanos. La instantánea, tomada desde un dron, es cedida por un amigo de Manuel Morera.

"La gente ofrece sus casas para acoger a personas y animales"

Carla Fernandez Campoy. DP

Tras más de doce años residiendo en La Palma, la lucense Clara Fernández Campoy está viviendo estos días una situación que nunca antes había experimentado. Pero lo hace desde una distancia prudencial.

"Mi casa está al noroeste de la isla, en Punta Gorda, y justo está el barranco de Las Angustias que me tapa toda la vista del volcán. Lo que veo es el cielo más gris", dice este instructora de actividades deportivas que, en su camino a la zona urbana de La Palma, sí tiene la oportunidad de observar "este fenómeno" en directo.

"Justo acabo de pasar el barranco y ya veo la columna de humo y la lava, pero al ser de día no es tan llamativo como de noche", relata desde el otro lado del teléfono, "hay muchos coches en el arcén; todo el mundo está parando a sacar fotos".

Los vídeos de la erupción: entre la belleza y el desastre

La lucense explica que está "tranquila", aunque las noticias de la última semana que auguraban una erupción hizo que ella y su familia se pusieran en alerta: "Preparamos algunas cosas irrecuperables: los papeles de la casa, los álbumes... y fijamos las estanterías a las paredes", recuerda, ante el incremento de movimientos sísmicos que ella, en un primer momento, asoció al "paso de un camión". "Aquel día no tenía ni idea de lo que pasaba, luego ya me fueron contando pero le resté importancia", dice.

Ahora, la sensación que percibe es la de "sentimientos opuestos, apenados por la gente que lo está perdiendo todo, pero por otro lado es una experiencia única", asegura una mujer que entre sus allegados solo palpa la solidaridad: "La gente de mi zona se está movilizando para acoger a personas y a animales en sus casas".

"El palmero está en una zona de riesgo, de desprendimientos, el volcán activo... Ya viven con eso en los genes", explica una vecina más de la isla cuyas tres hijas ya son palmeritas. "La grande está en Sarria con su abuela y vendrá, si les dejan aterrizar, el sábado, y a las pequeñas les enseñamos imágenes y aunque les suena de dar el tema en el cole, aún no son conscientes del todo", afirma.

"La gente ofrece sus casas para acoger a personas y animales"
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