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El fracaso de los militares nostálgicos

A las 18:23 horas del 23 de febrero de 1981, justo cuando el secretario del Congreso llamaba al diputado Juan Manuel Núñez Encabo a votar la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, el teniente coronel Tejero entraba, pistola en mano en el hemiciclo.

Comenzaban, al grito de 'Quieto todo el mundo, 18 horas que pusieron en vilo a la entonces joven democracia española. Su destino parecía ser entonces el de un Gobierno militar, el de una nueva dictadura como la que se había abandonado apenas un lustro antes. Pero las disensiones entre los propios cabecillas del levantamiento golpista dieron al traste con un movimiento no inesperado del todo.

Y es que la democracia se había abierto paso sorteando obstáculos cada vez más grandes, empezando por la nostalgia que algunos militares tenían del régimen. El caldo de cultivo también fue alimentado por la crisis económica, las dificultades para organizar territorialmente el Estado -acciones de Eta incluidas- y, en último lugar y a consecuencia de ellas, los problemas internos de UCD, que provocaron la dimisión 25 días antes del 23-F del presidente Adolfo Suárez.

Lo sucedido dentro del hemiciclo a partir de la llegada de Tejero y un grupo de guardias civiles es una historia ya contada pero que todavía presenta interrogantes. Con Santiago Carrillo y Adolfo Suárez sentados en sus asientos haciendo caso omiso a las órdenes del teniente coronel, el vicepresidente primero del Gobierno, Manuel Gutiérrez Mellado, es zarandeado por Tejero mientras varias ráfagas de subfusiles acribillan la cúpula. El todavía presidente intenta socorrerle.

Milans se despliega en Valencia
Es a las siete de la tarde cuando en Valencia el capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, asume todos los poderes civiles y militares mediante un bando. Para muchos, él era el 'Elefante Blanco' del golpe, la persona que Tejero esperaba en el Congreso para lanzar el mensaje de que el levantamiento había culminado con éxito.

Milans del Bosch despliega la División Maestrazgo, en la llamado 'Operación Turia', con medio centenar de carros de combate y unos 1.800 hombres. A la misma hora, tres escuadrones con blindados, procedentes del acuartelamiento de Retamares, en Madrid, ocupan las instalaciones de RTVE en Prado del Rey. Televisión Española alteró su programación y Radio Nacional empezó a emitir marchas militares.

Mientras tanto en Madrid, Tejero ordena la salida y reclusión en diversas dependencias del Congreso de Adolfo Suárez y Manuel Gutiérrez Mellado, así como del presidente de la UCD, Agustín Rodríguez Sahagún, los secretarios generales del PSOE, Felipe González, y del PCE, Santiago Carrillo, y del vicesecretario general de los socialistas, Alfonso Guerra.

Los diputados recibieron el anuncio de que una 'autoridad militar competente' -el Elefante Blanco- llegaría al hemiciclo para disponer lo que fuese procedente. Por ello, y ante el vacío de poder generado por el secuestro de todos los congresistas, el director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, lee un comunicado del Ministerio del Interior en TVE -aprovechando la retirada de los militares de sus instalaciones- en el que anuncia que se ha constituido un gobierno provisional con los subsecretarios de todos los ministerios y presidido por él mismo. Éstos son los hombres que este martes fueron homeajeados por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Tejero, Armada y el mensaje del Rey

A las 22.30 horas, Tejero anuncia en el hemicilo que la II, III, IV y V Región Militar han dicho sí al teniente general Milans del Bosch como Presidente del Gobierno. Una hora y media después, entran en el Congreso el segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Alfonso Armada, y el director general de la Guardia Civil, general José Luis Aramburu Topete, para entrevistarse con Tejero. Aramburu abandona las Cortes mientras Armada, hombre de confianza del Rey, permanece en su interior intentando convencer al teniente general de la necesidad de formar un gobierno de concentración, del que formarían parte Felipe González y Santiago Carrillo. Tejero se negó por este motivo y porque su idea era la de formar una junta militar.

Se produce entonces uno de los momentos clave de la noche, cuando a la una y cuarto el Rey, vestido con uniforme de capitán general, dirige un mensaje a los ciudadanos a través de radio y televisión en el que defiende el orden constitucional. Poco después, Milans del Bosch ordena la retirada de las tropas en Valencia y el general Armada abandona el Congreso.

Aquí se puede decir que se esvanecieron las esperanzas de los militares de que el golpe terminara con éxito. Al mediodía siguiente todos los diputados estaban ya liberados, Topete se había entregado y los demás cabecillas habían pasado a disposición de la justicia militar. La gente se echó a la calle en España ese 24-F, después de la noche de los transistores, para defender la democracia y la Constitución.

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