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Asdrúbal resistió la presión

Asdrúbal, al fondo, junto al féretro de Franco. JAVIER LIZÓN
Asdrúbal, al fondo, junto al féretro de Franco. JAVIER LIZÓN
El dueño de la funeraria Alba sale airoso de un dispositivo histórico que tuvo momentos de tensión debido al mal estado del féretro

Asdrúbal Humberto Sepúlveda de Giudice, dueño de la funeraria Alba de Becerreá, tenía una gran responsabilidad sobre sus hombros y salió airoso del histórico dispositivo que puso fin a los 44 años de Francisco Franco en el Valle de los Caídos.

El pasado miércoles reconocía que sentía presión ante el encargo que le habían hecho, sobre todo por las llamadas de los periodistas, si bien también aseguraba que el operativo no era difícil.

Y no lo fue, pero sí que hubo momentos de tensión, sobre todo, cuando Sepúlveda, tras levantar la pesada lápida de 1.500 kilos que tapaba el ataúd de Franco y bajar hasta él, vio que no se encontraba en buen estado.

El féretro estaba abombado debido a la humedad acumulada durante todos estos años. Sus laterales se encontraba desvencijados y el funerario aconsejó, según relata el diario El País, que no se moviese por el riesgo de que se despedazase. El Gobierno ofreció trasladar el cuerpo de Franco, que descansaba en una caja de zinc dentro del ataúd, a otro nuevo, pero la familia se negó.

El periódico madrileño relata que, en este momento, María del Mar Martínez-Bordiu (Merry), que estaba sentada sobre el suelo tomando notas y a la que se ofreció una silla para acomodarse, se acercó nerviosa y leyó a la ministra un artículo del Reglamento Mortuorio. Le llegó a decir: "¡Que la maldición de desenterrar a un muerto caiga sobre vosotros!".

Asdrúbal Sepúlveda alertó del mal estado del féretro de madera pero la familia prefirió no cambiarlo a otro nuevo

Fueron momentos complicados, porque si el féretro no hubiese aguantado, la imagen que se hubiese dado habría sido penosa. A Sepúlveda se le ocurrió entonces fijar el féretro sobre una tabla y atarlo con unas cinchas rojas. Fue envuelta en una funda para darle otra apariencia, como se pudo ver en las imágenes de televisión,

Una vez cargado el ataúd, Asdrúbal dio las indicaciones sobre cómo se debía salir de la basílica, como sucede en cualquier entierro de cualquier familia, y se mantuvo cerca de los Franco por si fuera necesaria su intervención, lo que finalmente no ocurrió.

Al dueño de la funeraria Alba se le pudo ver bajar la escalinata y caminar hacia el coche fúnebre. Cuando los Franco llegaron hasta el vehículo, ya fue Sepúlveda y sus operarios los que introdujeron el féretro en el coche que lo llevó hasta el helicóptero. En esa nave llegaron los restos de Francisco Franco al cementerio de Mingorrubio. Y así se puso punto final a una jornada histórica con protagonismo lucense.

Asdrúbal resistió la presión