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Xoán Martínez: "Puede faltar algún producto, pero no hay riesgo de desabastecimiento"

Xoán Martínez Reboredo. EP
Xoán Martínez Reboredo. EP
El sector presentó este miércoles en Santiago la marca 'Galicia Logistics' para proyectar las empresas de la comunidad en el mundo

Al frente de una organización sectorial que aglutina a 35 compañías cuya facturación conjunta supera los 6.000 millones de euros, el presidente del Clúster da Función Loxística de Galicia encabezó este miércoles en Santiago un foro sobre logística internacional en el que expertos y empresas de toda la cadena debatieron sobre el complejo escenario global tras el covid. Xoán Martínez Reboredo —que junto a su hermano pilota Kaleido, el operador cuyos cimientos plantó su padre en 1976 y que hoy factura 120 millones y tiene más de 250 trabajadores— señala que los precios de los fletes del transporte marítimo seguirán altos en 2022.

¿Qué conclusiones extraen del foro con exportadores e importadores?

Las conclusiones son muchas por la complejidad de la situación. La primera es que estamos ante un problema global. La segunda consideración es que las causas no son imputables solo a los efectos de la pandemia, sino que ya antes se daban unas circunstancias que tensionaron la capacidad de la oferta ante la demanda mundial. Desde el punto de vista industrial, de las materias primas y de la logística —donde se ha producido el efecto látigo—, la retracción del consumo seguida de una demanda asombrosa de capacidad de transporte han generado una tormenta perfecta. Actualmente, coinciden tantos factores a la vez que hacen que las cadenas de suministro globales estén muy afectadas. Se da una situación de adaptación y transformación que llevará un tiempo. 

¿En qué horizonte perciben que esas tensiones se disiparán?

En el transporte marítimo, que supone el 80-90% del movimiento de mercancías en el mundo, se habla de un horizonte de fletes altos en lo que resta de año y en todo 2022. No quiere decir que no haya ciertas fluctuaciones de precios y problemas de contenedores disponibles.

¿Galicia tiene peores cartas en la crisis de materias primas y del transporte por su condición de territorio periférico?

No, desde luego que no. En primer lugar, porque nos cuesta aceptar el concepto de periferia en la logística. Si el mapa no lo vemos desde tierra sino desde el mar, Galicia tiene una posición envidiable. Tiene una capacidad de conectividad con América, Asia, Europa y África e incluso con Oceanía potencialmente muy elevada. Tenemos que saber identificar las oportunidades para aprovechar nuestro potencial. Por nuestra ubicación e infraestructuras —que no son pocas ni deficientes en cuanto a transporte marítimo— debemos replantearnos qué rol queremos jugar como Galicia en estas nuevas cadenas de suministro mundiales tanto de importación como de exportación. Vemos un momento de oportunidades y, con la colaboración público-privada, e incluso entre diferentes empresas y sectores, tenemos que encontrar la manera de aprovechar estas circunstancias.

Hace algún tiempo que China abandonó la estrategia de ser la fábrica del mundo. Se están desplazando capacidades productivas a Tailandia, Indonesia, Vietnam e incluso a África y Suramérica

¿Esta crisis es la consecuencia de la desindustrialización de Europa en favor de China, que se ha convertido en la fábrica del mundo?

No tanto. Ante un problema complejo como este, las soluciones son complejas. Ahora mismo, China no está apostando por ser la fábrica del mundo y mucho menos por ser la fábrica barata. Hace algún tiempo que esa estrategia ya la abandonó o giró y vemos como se están desplazando capacidades productivas de ese país a Tailandia, Indonesia, Vietnam e incluso a África y Suramérica, sobre todo en cuanto a primera transformación de materia prima. Es un mundo de cambio y es cierto que EE.UU. y Europa han dejado ir una situación, en términos globales, de alta dependencia geográfica para muchos suministros, y volvemos otra vez a Asia, pero no es nada que no se pueda reconducir, aunque no sea de forma suave, ni fácil ni rápida. Debemos aprovechar la tendencia de aproximar producciones no solo a Galicia, sino también a España, Portugal, Marruecos, Túnez, Turquía o Europa del este. Para esa dinámica, incidimos en la colaboración público-privada y privada-privada, con asociaciones como el clúster, que quiere fomentar y acelerar ese tipo de iniciativas.

Galicia tiene una posición envidiable por su conectividad por mar. Debemos aprovechar nuestro potencial

Como consumidores, la automoción es uno de los ejemplos más evidentes del impacto de la escasez de materias primas y la tensión en las cadenas de suministro. ¿En qué otros sectores podríamos comenzar a percibir falta de productos?

Hay una palabra demasiado en boga estos días: ‘desabastecimiento’. Desde el clúster no vemos una situación alarmante en absoluto ni riesgo de desabastecimiento. Sí puede haber, en sectores particulares y momentos puntuales, una falta de una referencia, producto o material, pero eso se corrige por el efecto de sustitución. Antes de pensar en una situación catastrófica, tanto los consumidores como las empresas tienen una amplia gama de posibilidades considerando productos alternativos. Eso va a hacer que no echemos en falta, como ciudadanos, artículos de consumo doméstico y de alimentación. Desde el clúster enviamos un mensaje de tranquilidad, en cuanto a que pueden suceder faltas como la de los microchips y podemos notar un encarecimiento de artículos tecnológicos pero no una ausencia súbita de todo tipo de material. Viene un pico de demanda con la Navidad y sabemos el juego mediático que pueden dar noticias sobre la falta de un juguete o un artículo, pero no creemos que vaya más allá de la necesidad de sustituirlo o esperar para poder disfrutar de lo que deseamos.

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