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Un gallego conquista Tanzania

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Hay personas para las que las fronteras y los riesgos no suponen un problema a la hora de aventurarse en aquello que siempre han soñado. El caso de Carlos da Silva da buena fe de ello. El espíritu aventurero de este joven vigués le ha llevado a poner en marcha en pleno corazón de África un proyecto de ecoturismo que el próximo mes de febrero presentará en Madrid en el marco de la feria internacional Fitur 2008.

Tras dedicarse durante años a la práctica profesional de la equitación, trabajando como entrenador físico de caballos en Andalucía, Da Silva empezó a estudiar ciencias medioambientales y se trasladó a Amsterdam, donde trabajó para la oficina internacional de Greenpeace en Holanda, a la vez que disfrutaba de la monta deportiva de nuevas razas de caballos europeos. Una vez finalizados sus estudios viajó por todo el mundo como investigador medioambiental, “aprendiendo idiomas y adquiriendo experiencia y perspectiva multicultural”, relata.

Por el camino, su quehacer profesional llegó a oídos de inversores extranjeros en África, que le ofrecieron ocuparse de la gerencia de sus empresas turísticas en ese continente. El vigués cambió el frío de Amsterdam por el calor de Tanzania, dejando atrás el continente europeo para sumergirse en su auténtica aventura africana.

Por cuenta propia
A principios de 2005 apostó por montar su propio negocio, al margen del trabajo que realizaba como gerente de compañías turísticas, importando caballos para ofrecer actividades deportivas y culturales a los visitantes. En julio funda en la localidad de Arusha la escuela de equitación Chuo Cha Farasi, brindando a los viajeros la posibilidad de disfrutar de sus vacaciones “de una forma ambientalmente responsable”, organizando safaris a caballo a regiones poco perturbadas para disfrutar del medio natural y de la cultura de sus habitantes, la tribu masai.

El objetivo era, según explica Da Silva, promover la apreciación de las riquezas naturales y culturales de los lugares a visitar y dar a la conservación un valor monetario tangible, “sirviendo de argumento para convencer tanto a los visitantes como a los lugareños de la importancia de la conservación de sus recursos”.

Chuo Cha Farasi, primera empresa de ecoturismo fundada en Tanzania y que significa escuela de caballos, no tarda en alzanzar el éxito, ya que en enero de 2006 una organización holandesa-tanzana para los niños de la calle, la fundación Watoto, la escoge como centro de educación práctica para sus estudiantes ya graduados, lo que permite al proyecto alcanzar el pleno funcionamiento.

Creciendo...
Carlos da Silva dispuso por primera vez del capital necesario para comprar los terrenos donde se asienta la escuela y construir el proyecto de Ecotourism in África. Se trataba de un plan más ambicioso que Chuo Cha Farasi, formado por un campamento ecológico, un centro deportivo ambientalmente responsable y una productora de safaris. Su negocio fomenta el turismo ecológico y forma a jóvenes locales para trabajar como “guías turísticos cualificados”, explica Carlos.

A este conglomerado de proyectos se sumó a principios de este año la productora de safaris African Rhino Safaris, cuya filosofía va en la misma línea: educar a sus empleados en el mundo de los negocios “de una forma sostenible, cuidando la naturaleza y la cultura, fuentes de su trabajo y consecuentes ingresos económicos”.

De safari en bicicleta
La productora ofrece safaris a caballo, lo que permite acercarse más de lo habitual a los animales salvajes, que temen menos a los caballos que a los coches o a los peatones; a pie, de la mano de los indígenas que habitan la selva, los masai, o en bicicleta de montaña, con las que se puede recorrer el desierto, la sabana y el bosque. “Nos adentramos en la selva y pasamos junto a manadas de antílopes, jirafas y cebras”, afirma el coordinador de los safaris.

Otra de las opciones de ARS es el campamento ecológico, en el que vivir una experiencia cercana a la realidad masai y a sus costumbres, residiendo durante unos días en las cabañas de los indígenas, que acogen al extranjero como uno más de los suyos. “Las comidas se sirven al fresco y las hogueras acompañan las veladas de los visitantes”, destaca Carlos, que se declara un enamorado de Tanzania, tierra que ha conquistado con sus negocios turísticos basados en el ecologismo, si bien no deja de visitar “con frecuencia” su Galicia natal, que no ha perdido para él su “mística” tras haber recorrido medio mundo.

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