Cómo se fabrica el euro

¿Llevas aluminio de Alcoa en el bolsillo?

El dólar es una mezcla de algodón y lino pero en cada billete de euro hay aluminio que llega desde Islandia. Y para los movimientos digitales del pecunio se necesitan móviles donde el metal plateado es mayoritario e imprescindible
La franja lateral de los billetes de euro y su sofisticado holograma están impresos en aluminio. XESÚS PONTE
photo_camera La franja lateral de los billetes de euro y su sofisticado holograma están impresos en aluminio. XESÚS PONTE

El pasado año Alcoa repartió 72 millones de euros en dividendos entre sus accionistas y anunció unas pérdidas netas de 374 millones que tratará de reducir este 2024 en al menos cien millones de dólares. El dinero es imprescindible para un reinicio económicamente viable de la producción de aluminio en San Cibrao, pendiente de una inversión de cien millones en el nuevo horno de ánodos de la Electrolisis. Antes de decidir si hace esa obra, ha optado por comprar la parte de su socio australiano en Alúmina e insiste en que sus líneas de crédito están al límite. Alcoa toma posiciones mientras todos llevamos algo de aluminio en el bolsillo. Con smartphones de alta gama, seguramente un poco más, por la resistencia y elegancia frente a los de policarbonato.

La propia multinacional recordaba hace unos días que el metal que produce se puede encontrar en el holograma de los billetes emitidos por el Banco Central Europeo y es una característica de seguridad importante para protegerlos de las falsificaciones.

Los móviles de alta gama utilizan aluminio en muchos componentes. XESÚS PONTE
Los móviles de alta gama utilizan aluminio en muchos componentes. XESÚS PONTE

La franja lateral del billete de euro donde en un complejo holograma se retrata a la princesa mitológica Europa, además de la imagen principal y el valor del mismo, está impreso en aluminio de una fundición cuyo nombre y ubicación en Islandia es asimismo imposible de reproducir: Alcoa Fjarðaál en Reyðarfjörður.

El dinero tiene un origen complejo y un rastro todavía más difícil de seguir. La alúmina con la que se obtiene ese alambrón de aluminio proviene de refinerías en Australia y Brasil, de donde se extrae la bauxita y la energía eléctrica para fundirlo es hidroeléctrica gracias a presas y túneles subterráneos que llevan el agua derretida del glaciar Vatnajokull hasta la central de central de Kárahnjukar, de 630 MW.

El aluminio en los 29.000 millones de billetes de euros en circulación contiene mucha información oculta en su autenticación y para disuadir de la manipulación, localizarlos y seguir su ruta cambiando de manos. Hablamos de un valor que alcanza nada menos que 1,5 billones de euros pero a esas pequeñas cantidades de metal les queda ruta desde Islandia antes de entrar en el mercado.

Resulta curioso que el país que domina la zona euro, Alemania, haya renunciado a imprimir en su territorio dicha moneda. Al fin y al cabo, es más importante marcar las reglas del juego de la política monetaria que la propia aleación. Esta es de gran pureza y Alcoa la denomina 1090, según Jan Werner Hanson, director de Excelencia en Fabricación de Fundición de Alcoa, residente en Noruega.

Desde Islandia, el metal llega a una empresa española muy especializada, Manufacturas Irular S.A (Manfisa), situada en Irurzun, en la Comunidad Foral de Navarra. Ahí lo transforman en alambre y se procesa para imprimir en los billetes. Por Manfisa sabemos de la pureza del mismo, que llega al 99,90% de aluminio. No es la aleación más pura, la 1199 alcanza el 99,99%. La composición química de la que está en los billetes tiene además un poquito de otros metales y elementos químicos: 0,07% de silicio, otro tanto de hierro, 0,05% de vanadio, 0,03% de zinc, 0,03% de galio, 0,02% de cobre, 0,01% de manganeso, 0,01% de magnesio y 0,01 de titanio. No, no hay oro, que sepamos.

Con independencia del metal, el euro tiene un valor intrínseco y ahí entra la autoridad y el respaldo económico de quien acuña la moneda. Sucedió con Roma mientras basó su comercio en los denarios de plata o los sestercios de cobre, y cuando Julio César y Augusto pusieron en circulación los áureos, sobre todo con la máquina militar del imperio para hacer dinero. Y a la que Galicia (la Gallaecia más bien) habría aportado unas 190 toneladas de oro, según algunas estimaciones. Más de diez mil millones de euros, según la cotización actual.

La acuñación del euro en España, una vez que el aluminio deja Navarra, se realiza en una nueva planta industrial de impresión en el distrito de Vicálvaro, en Madrid, adonde el Banco de España como miembro emisor del Eurosistema, y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre trasladaron el pasado año sus líneas de producción. Imprenta de Billetes, S.A. (Imbisa) ha costado al erario público 185 millones, según el propio Banco de España, y hay otras 14 plantas acreditadas en la UE.

De ahí sale el euro en papel, que en realidad no es el papel de la pasta de celulosa sino que está fabricado en algodón puro, por su firmeza y resistencia al desgaste y que incluye la marca de agua en relieve y visible a contraluz, las fibras incoloras y fluorescentes, numeraciones visibles e invisibles o el hilo de seguridad, que está embebido en el billete y tiene una microimpresión. Todo un puzzle de tecnologías, incluida la 3-D.

El dólar, en cambio, se compone en un 75% de algodón y un 25% de lino, mientras la libra esterlina y los billetes de otros países incluyen también algunos polímeros.

El valor y el coste. Las monedas de 1 y 2 céntimos seguirán

Fabricar 1 euro cuesta 4,5 céntimos y las de 1 y 2 céntimos de euro hechas de acero y recubiertas de cobre salen por 1,6 y 1,9 céntimos respectivamente. Están algo obsoletas pero el Banco de España las renovó y puso miles de millones en circulación. En enero anunció la retirada de las acuñadas antes de 1999.

Las de 10, 20 y 50 céntimos son de oro nórdico, una aleación difícil de copiar con un 89% de cobre, 5% de aluminio, 5% de zinc y un 1% de estaño. Las de uno y dos euros llevan en el interior tres capas de cobre-níquel, níquel y cobre-níquel. El exterior es de cobre-níquel y latón-níquel.

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