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Propietarios, la 'otra' parte del concurso eólico

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El concurso eólico que ultima la Xunta, y que llevará consigo la adjudicación de un máximo de 2.325 megavatios hasta 2012, supondrá un importante impulso a la producción eléctrica de Galicia.

Sin embargo, la instalación de un conjunto de aerogeneradores también requiere de otra parte fundamental: los terrenos. Y los propietarios de los mismos no quieren quedar al margen de esta cuestión. Entre otros motivos, porque saben que el viento no sopla con la misma intensidad en todas partes.

La asociación Ventonoso agrupa a un buen número de propietarios de tierras afectadas por la instalación de parques eólicos en Galicia. Vinculada al sindicato Unións Agrarias, es pionera en toda España a la hora de defender los intereses de los propietarios.

Una vez adjudicados, Ventonoso calcula que las empresas eólicas tendrán que negociar con cerca de 21.000 propietarios de tierras; o lo que es lo mismo, la instalación de un parque–tipo de 45 megavatios requerirá ponerse de acuerdo con cerca de 400 propietarios.

El escollo más duro en esta negociación radica, evidentemente, en el precio que cobran los propietarios de las tierras por alquilar los terrenos para la instalación de los aerogeneradores. Las posturas entre ambas partes se encuentran todavía muy distanciadas, y en la actualidad ya está actuando el Xurado de Expropiación de Galicia para fijar un precio que evite alargar en exceso este proceso.

Más recursos

Una de las principales reivindicaciones de los propietarios de tierras pasa por la creación de la figura legal del ‘solar eólico’, lo que permitiría incrementar de forma significativa las valoraciones . En la actualidad, las tierras en las que se instalan parques eólicos reciben la consideración de suelo rústico, rebajándose su valor de manera considerable.

Los propietarios de tierras —ya sean a título individual o bien como comunidades de montes— defienden que el auténtico valor de esos terrenos ya viene dado de antemano por su localización, o dicho de otra manera, que los parques eólicos se instalan en unos territorios concretos porque sólo en esas zonas sopla el viento a una determinada velocidad y con una intensidad idónea.

La postura que defienden las empresas eólicas es la opuesta. Éstas sostienen que esas tierras ‘ganan’ en rentabilidad desde el momento en que se instalan los parques allí, y que, en consecuencia, sin esos aerogeneradores apenas tendrían valor.

El ejemplo danés
Si existe un territorio que se puede considerar pionero en la explotación energética del viento, ese es Dinamarca. Con un modelo diferente al de otras partes de Europa, el país de la sirenita camina en algunos aspectos un paso por delante de Galicia.

El último problema al que se enfrenta Dinamarca sería una gran noticia en otras partes del planeta: se produce demasiada energía limpia.

Los ciudadanos están encantados con los molinos de viento porque, en cierta medida, son suyos. Más de 100.000 daneses poseen participaciones en alguno de los 6.500 aerogeneradores repartidos por todo el país.

Frente al clásico modelo empresarial, alrededor del 85 por ciento de la capacidad de energía eólica en Dinamarca pertenece a particulares o bien está en manos de cooperativas eólicas. Así, la transferencia de beneficios puede variar del 4 al 10 por ciento de su producción. Esta situación resulta inasumible en Galicia, toda vez que las inversiones requeridas para la instalación de parques en la comunidad gallega son bastante más elevadas..

Excedentes
Otra cuestión es la de buscar salidas alternativas e innovadoras a los excedentes de producción. En el caso del país nórdico, la compañía Better Place trata de aprovechar esos excedentes para cargar automóviles eléctricos, que después pondrá en el mercado.

En Galicia, la línea de investigación impulsada por la Xunta y Gas Natural centra sus esperanzas en el hidrógeno y su capacidad de almacenamiento marino.

Los parques eólicos en el mar son comunes en Dinamarca, mientras que Galicia ha cerrado las puertas por su impacto en la actividad pesquera y marisquera.

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