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Yael Castiglione: "La decisión de dejar el voleibol era definitiva, pero consideré que me quedaba leña por cortar"

La nueva colocadora del Arenal Emevé Yael Castiglione regresó al deporte profesional después de ser madre en 2018. La experiencia, dice, le ha convertido en mejor jugadora y confía en trasladar lo aprendido a un club "en crecimiento".

Once de sus quince años como profesional los vivió en Europa. Yael Castiglione es una nómada del voleibol con una trayectoria al alcance de muy pocas jugadoras. 

Yael Castiglione. EP¿Se imaginaba volver a Europa cinco años después? 
No me lo imaginaba, ni después de cinco años ni después de diez. Para empezar no me imaginaba volver a jugar al voleibol después de parar en 2017 y ser madre en 2018. Pero las cosas se dieron naturalmente, obviamente con muchísimo esfuerzo y sacrificio por parte de mi marido, que es quien se pone la familia al hombro para que esta oportunidad de jugar en el Emevé se pueda dar. No me lo imaginaba, pero estamos muy felices de que ocurra. 

El Emevé es su tercera experiencia en España después del Camp Escolar Lleida en 2005 y el Millenium A Coruña en 2007. ¿Por qué ha tomado esta decisión? 
El hecho de tener dos niños de dos años y medio, que estén en una fase importante de su desarrollo. Ya habíamos tomado la decisión de cambiar de continente y de encarar un nuevo desafío, y sentimos que España era el mejor país para ello. En cuestión de club, Rubén López demostró mucho interés en que formase parte del equipo y ver que un club como el Emevé nos deja las puertas abiertas para recibirnos como una familia me dio muy buenas sensaciones. La escuela de los niños, un apartamento donde vivir... parecen detalles menores que no lo son. Además de un proyecto serio con margen de crecimiento en el que creo que puedo aportar mi experiencia. 

¿Ha podido seguir algo de la temporada desde Brasil? 
Poco porque además de jugar en la Superliga brasileña, soy estudiante de Recursos Humanos en la universidad, madre de mellizos y mujer. No tengo mucho tiempo de ocio para hacer cosas extra pero algo sí que vi. Es una conversación que tengo cada día con mi representante y con el club. 

En la Liga polaca no hay jugadoras bajas, dificulta mucho la estrategia. Fue un desafío pero me sentí cómoda

Después de competir en los Juegos Olímpicos de Río en 2016 decidió dejar el voleibol para ser madre. ¿A qué nivel le ha cambiado esta experiencia? 
En todos los sentidos. La decisión de dejarlo era definitiva, pero mi marido, que también es mi representante, me plantó la semilla de la duda considerando que todavía tenía leña por cortar como decimos en Argentina. Y así fue como encaramos el regreso a las canchas. Personalmente me ha intensificado el lado de la paciencia. Ser madre es una relación de amor y de odio constante, por supuesto más de amor que de odio (risas), pero hay situaciones muy estresantes que hay que saber llevar. Eso trasladado a la cancha puede ser muy positivo. 

¿Qué recuerdos tiene de su participación en Río 2016? 
Las olimpiadas son el único torneo imposible de expresar con palabras. Es una sensación única, irrepetible, que te hace crecer como persona y como deportista. Recorrer un camino para llegar a una clasificación es la enseñanza más grande en un deporte de equipo. Da igual si peleas por la medalla o no. El resultado final lo vale, lo disfruté al máximo aunque no teníamos opciones. 

¿Cuál es su mejor recuerdo de Europa? 
Tengo los mejores recuerdos de España, donde estuve tres años, uno en A Coruña y dos en Lleida. Mantengo contacto con las chicas de categorías inferiores y excompañeras de equipo. Europa es un continente que me encanta, que nos ofrece tranquilidad. Queriéndolo o no, once de mis 15 años en el exterior los pasé en Europa. Estoy muy feliz de volver. 

Jugó en Francia, Austria, Azerbaiyán, Brasil, Rumanía, Polonia y Argentina. ¿Cuál fue la Liga más dura? 
Son todas diferentes. Las de Italia y Rusia son ligas de niveles muy altos pero con estilos de juego muy diferentes. Diría la polaca, por una cuestión de físico. No hay un equipo con jugadoras bajas, eso dificulta mucho la estrategia para una colocadora. Fue un gran desafío pero me sentí cómoda.

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