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Y las vallas tomaron Monforte

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La explanada de A Compañía, tras el final de etapa. RODRI GALLARDO
Las restricciones impuestas para luchar contra el covid se hicieron notar en el final de etapa, pero pese a ello la ciudad del Cabe vibró con La Vuelta a España

En ocasiones son invisibles, pero desde la llegada del covid están ahí, separándonos de lo que nos gusta, de lo que anhelamos, de lo que antes teníamos al alcance de la mano. Vivimos en un mundo de vallas y este viernes en Monforte, con motivo de la llegada de La Vuelta a España, se hizo más patente que nunca.

Las vallas tomaron la ciudad desde la mañana para separar a los deportistas de los aficionados, de los vecinos, que desde primera hora se vieron invadidos por un ejército que en lugar de armas lucía credenciales. El personal que mueve La Vuelta se hizo con el centro de Monforte antes de que llegaran los ciclistas, que volaron de norte a sur de la provincia en una jornada más calurosa a medida que avanzaba el día.

Las terrazas de los locales del centro se vieron desbordadas a la hora de la comida. Al estar la ciudad en el nivel alto de restricciones (desde hoy en el máximo), los locales no pudieron servir en el interior, lo que provocó que la hora de sentarse a reponer fuerzas se retrasase más de lo normal en algunos casos.

Los escapados se acercaban al Val de Lemos y los aficionados se vieron obligados a apurar el café para pillar un buen sitio, siempre detrás de una valla, desde el que ver pasar a los protagonistas de las sobremesas en las últimas semanas. Pero esta vez no a través de la televisión, sino cara a cara, aunque pasasen a toda leche.

Fue después de que Magnus Cort Nielsen entrase triunfador en la explanada de A Compañía cuando las vallas se hicieron más grandes, más crueles. El ciclismo es el deporte más cercano que existe. Basta con hacerse un bocadillo y echarse al monte para ver pasar a unos centímetros al Eddie Merckx de turno. Y bastaba con esperar a que la etapa acabase para acercarse en busca del autógrafo o de la foto con el ídolo. Bastaba, sí, en pasado, porque el covid ha traído consigo unas vallas que en ocasiones, como esta, se hacen visibles.

2021090412542726148La zona donde los autobuses de los equipos esperaban a la sombra de los Escolapios a los corredores fue asaltada por los aficionados, que tuvieron que conformarse con ver a los héroes en la distancia. Y a muy pocos. Fue allí donde un hombre corpulento gritaba al vehículo del Qhubeka NextHash.

-Fabio, Fabio, vieni qui, per favore.

Pero Fabio Aru no se acercó. El italiano, ganador de La Vuelta 2015, apura sus últimas pedaladas como profesional antes de colgar la bicicleta mañana en Santiago. Su compatriota quería despedirse de él, aunque fuese detrás de una valla, pero no tuvo suerte.

Una mujer, al ver la escena, se acercó al aficionado, ya frustrado por entonces.

-¿Es usted italiano?, le preguntó.

-Sí.

-Pues yo soy de Pantón, de aquí al lado.

La conversación se cortó porque a unos metros una joven gritaba por su ídolo. Lo hacía junto al autobús del Movistar y a quien llamaba era a Miguel Ángel López. El corredor colombiano tiene el mote perfecto para que alguien requiera de sus servicios.

-Supermán, Supermán...

Y Supermán acudió, pero para saludar a unos familiares. Tuvo tiempo también para sacarse alguna foto con aficionados, pero guardando mucho las distancias. Y siempre con una valla de por medio.

Los colombianos fueron los seguidores que más se hicieron notar ayer en Monforte. Aman el ciclismo y aman más a sus compatriotas. Uno de ellos pasó por allí a toda prisa camino del autobús de su equipo.

-Bernal, Bernal, por favor, Bernal, una foto...

Y Bernal contestó con una sonrisa al tiempo que con sus dedos hacía unos cuernos.

-¿Nos ha hecho unos cuernos?

Sí, pero sin mala intención, era una broma. Al momento, un miembro del equipo Ineos se acercó y lanzó el bidón del ganador del Tour 2019.

Entonces una mujer con acento inglés se coló en la fiesta colombiana.

-¿Ese corredor es famosa?

-Famoso, señora, famoso, es Egan Bernal y es el ganador del próximo Tour, le contestaron.

Poco después los autobuses arrancaron camino de la próxima etapa llevándose con ellos La Vuelta a otro lugar. En Monforte solo quedaban por recoger unos cuantos kilómetros de vallas. Y para cuando el sol empezaba a dejar de calentar ya no había ninguna; solo quedaban las invisibles, las que el covid ha colocado para que no podamos disfrutar al cien por cien de las cosas que nos gustan... como el ciclismo.

Y las vallas tomaron Monforte
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