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Rubén Castro oscurece al Lugo

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Vieites y Alende, abatidos tras encajar el 2-1. ADG MEDIA
Errores puntuales. El conjunto rojiblanco pagó sus fallos en la parte de atrás y permitió que el Cartagena remontara el 0-1 inicial ► Primera derrota. El equipo de Rubén Albés encajó su primer partido perdido lejos del Ángel Carro con un doblete del punta canario

En aislamiento, como un preso desobediente, al que los errores prolongan la condena en un espacio más cerrado y más oscuro que el habitual. Los fallos del Lugo permitieron que Rubén Castro fuera el verdugo de un equipo demasiado castigado por sí mismo. El conjunto rojiblanco salió de vacío de Cartagena, a pesar de optar al tercer grado del empate durante buena parte de los noventa minutos.

Pagó caro el cuadro dirigido por Rubén Albés una pena máxima de Vieites y una mala entrega de Campabadal. Fue un retorno a las viejas pesadillas, aquellas que parecían olvidadas con el triunfo ante el Huesca, aquellas que irrumpieron poderosas en los primeros partidos.

La defensa, a la que se había agarrado el grupo para sacar un botín al lado del Mediterráneo, acabó, con un par de malas decisiones, siendo un peso muerto con el 2-1 para que el Lugo se mantenga cerca de la zona peligrosa y pierda su condición de invicto lejos del Ángel Carro.

El Lugo se inició entre tinieblas, en ese espacio a medio camino entre el brillo de los aciertos y la negrura de los errores. Como si viviera en la madrugada profunda, cuando la luz matutina comienza a ganar terreno a la noche, el conjunto rojiblanco completó un primer tiempo donde un fogonazo de oscuridad estropeó el buen trabajo colectivo.

Entre las tinieblas de un penalti grosero y las pulgadas que le faltaron a Chris Ramos para el 1-2 llegó el cuadro de Albés al descanso, con la gracia de haber conseguido tener el foco sobre su contragolpe, con Gerard reinando en Cartagonova, con Manu Barreiro como finalizador y el propio Ramos como personificación de la fe.

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No partió el Lugo con el neón a todo meter como ante el Huesca. No salió con la presión adelantada, con la necesidad furibunda del robo en campo rival para llegar en tres toques, con el caudal de ocasiones desbordado. El de este viernes fue un Lugo más contenido en lo ofensivo, más proclive a la espera, a la confianza en que sus costados encontraran salida para hacer daño al Cartagena.

El relámpago del 0-1 se gestó desde el balón a Gerard, el desborde del catalán, la falta provocada en la frontal y el balón parado. En la estrategia, Hugo Rama la puso al segundo palo. Ahí la testa de Manu Barreiro hizo el 0-1.

El repliegue fue la respuesta a la reacción cartagenera. Buscaron los lucenses mantener el orden, agarrarse al trabajo colectivo, a las ayudas y a que los cinco atrás más Hugo Rama y Señé evitaran que el juego por dentro local tiñera de negro el marcador positivo.

Quería el empate el Cartagena. Se lo negaba contumaz el Lugo, al que Gallar trataba de dañar por la derecha con un juego tenebrista en el balcón del área, donde su trazo fue grueso.

El Lugo intentó minimizar sus errores en las entregas y las pérdidas ante Boateng. También en conceder espacios. Ahí, en el error duro del balón a Okazaki entre Campabadal y Ros, llegó el derribo de Vieites al nipón.

Fue tan evidente que nadie protestó. Rubén Castro apagó la luz desde los once metros y el Lugo se movió a tientas hasta el tramo final del primer tiempo. Ahí, con el conjunto rojiblanco aguantando el punto, pudo multiplicarlo por tres de no ser por Marc Martínez.

El meta salvó dos ocasiones a Chris Ramos después de que Manu Barreiro rozara la madera. Fueron dos manos impecables ante el gaditano para dar una ventaja a un equipo que moverse con soltura.

La pierna izquierda de Vieites permitió que el Lugo mantuviera la suma. El meta salvó ante Rubén Castro en una reanudación que se convirtió en un ida y vuelta, en un correr de un lado al otro de todos donde el talento y la velocidad de los extremos eran el peligro.

No pareció gustarle el partido a Albés, que metió a Pita y Seoane para ordenar a su equipo. Mayoral entró poco después por Gerard. Dosificar a su estrella y confiar en el rendimiento del abulense fuero los objetivos de Albés, cuya memoria recordaba el papel decisivo del de Ávila ante el Huesca.

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El Lugo dejó de confiar en su plan inicial, en encontrar la claridad sobre los contragolpes, sobre las transiciones de sus hombres rápidos para lograr el enlace de dos triunfos seguidos. Quiso aguantar ante el empuje cartagenero, quiso neutralizar la ofensiva continua de su contrario.

Los últimos cambios contribuyeron a la imagen del Lugo dual. El Lugo que quería defenderse por encima de todo al introducir a Canella por Lebedenko y al que buscaba el pequeño milagro del 1-2 en el tramo final con Cuéllar por Hugo Rama.

Pero de nuevo surgió la oscuridad. Como el carbón, sucio y desagradable, el error de Campabadal, quien entregó un balón en salida a Ortuño, permitió a Rubén Castro aniquilar la opción de añadir un punto al Lugo en la clasificación.

Rubén Castro oscurece al Lugo
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